SERRANO: “HAY UNA METAMORFOSIS EN LAS DERECHAS REGIONALES”

El economista español Alfredo Serrano Mancilla estudia a fondo las tendencias y los personajes que nos trae la derecha emergente.


Los últimos procesos electorales en la región han revelado la existencia de un nuevo sector dentro de la derecha que se está reinventando. Como explica Alfredo Serrano Mancilla, economista y analista político regional, las “nuevas derechas” surgen al calor de las luchas y derrotas de las derechas tradicionales contra los gobiernos progresistas del continente en la última década.

Y aunque han aprendido nuevos lenguajes, en su reacomodo estratégico están chocando con muchas contradicciones: la soberanía y los derechos sociales –siempre presentes en sus discursos- son todavía cabos sueltos en sus proyectos.

La derecha no tiene necesidad de ganar en las plazas, solo las necesita para tener un cierto valor simbólico”.

¿Cómo ve el auge de la derecha en América Latina y en Venezuela?

-Creo que hay una arremetida de la derecha que hay que caracterizarla de manera diferente a las viejas arremetidas. A veces nos encorsetamos y queremos, ante cualquier evento político que surge en Venezuela, meterlo por un filtro del pasado y decir: vienen las viejas derechas, viene el paquete neoliberal. Yo creo que no, creo que hay una metamorfosis de la derecha regional. No solo en su performance electoral, yo creo que ellos están planteando una arremetida destituyente, de restauración neoconservadora, que en cada país está siendo diferente, pero que tiene algunos componentes comunes en la región.

Son arremetidas muy “por arriba”, entendiendo que tenían dificultades para construir un sujeto social “por abajo”. No intentan ganar en las calles, intentan ganar en otros espacios, a lo mejor en las redes y en el Facebook, pero no en las plazas. Estamos en el siglo XXI y la derecha no tiene necesidad de ganar en las plazas, solo las necesita para tener un cierto valor simbólico.

Intentan, además, entender que hay una subjetividad también distinta en la región latinoamericana, luego de los procesos progresistas, por lo tanto, apelan al ciudadano individual, al derecho de las libertades, a las mejorías “hacia adelante”, hacia el futuro. Han sabido que tienen que dejar, de alguna manera, de discutir lo que sucedió “hacia atrás”, porque es incuestionable que hay mejorías en la última década en la región.

-Yo creo que esa arremetida destituyente tiene signos distintos. Hay una derecha que es un híbrido de la vieja derecha y de la nueva derecha. Si uno observa, la derecha mediática sigue teniendo un viejo lenguaje. Yo escucho al señor Miguel Henrique Otero en Venezuela y sigo pensando que habla como en los 80′, los 90′. Y a veces, como que hay un desfase entre la performance electoral, por ejemplo, de Capriles en 2012 o abril 2013, y lo que decía El Nacional en sus editoriales. No hay una sintonía entre la vieja derecha mediática, que sigue apelando a los mitos de lo neoliberal clásico, y las nuevas performance electorales. Eso es interesante porque a veces nosotros pensamos que hay una derecha monolítica, homogénea. Pero tienen estrategias realmente diferentes en lo político. Cuando uno ve la “nueva derecha”, creo que entienden que están disputando un cambio de época, por lo tanto, tienen que disparar de manera muy heterogénea, tienen sus contradicciones, lo cual es muy interesante. Yo creo que hay que ser muy serio cuando uno analiza al enemigo histórico, hay que caracterizarlo bien.

-En este momento esa derecha es una “derecha transformista”, está viviendo un proceso en sí misma: ¿qué haces con la homosexualidad?, ¿qué haces con ciertos derechos civiles? Ellos se están intentando reinventar, y eso es legítimo, lo que no es legítimo es que haya un golpe de estado.  Pero lo otro es parte de lo divertido de la política: que la propia derecha, como sujeto, se intente reinventar y entre ellos mismos tengan dificultades para saber qué hacen con eso: derechos civiles ¿qué le dices al FMI?

 

-Pensando en Dilma fuera del poder, ¿cómo crees que esa oleada que se viene va a transformar a la nueva derecha?

-Lo de Brasil es muy interesante porque justamente se ven esas contradicciones que vive la derecha. De hecho, Capriles, que defendía el modelo brasileño de Dilma y de Lula en las elecciones de 2012, no sabía que decir. Por eso en un momento defiende a Dilma, no logra tumbarla, no legitima de todo el golpe, pero a la vez dice: bueno, hubo muchos errores y en cierta medida se mereció lo que le pasó. Porque no logra descifrar si tiene que estar a favor de un golpe o no.

– El caso de Brasil es interesante porque va a generar un antes y un después.  Lugo, Paraguay y Honduras eran más chiquitos, y entonces las dimensiones fueron más subordinadas, subalternizadas. Pero es Brasil y allí incomoda. Entonces, una “nueva derecha” no sé qué diría. No sé qué diría Leopoldo [López] desde la cárcel sobre esto. Creo que tendría dificultades para responder si condena o no el golpe en Brasil. Tendría dificultades, claro, porque intentan jugar en una suerte de parademocracia (esta democracia en la que ellos creen que solo es válida si ganan).

-Hay otro efecto Brasil en la región: estamos en una etapa nueva de especie de fragmentación nacionalista. Yo creo que desde Venezuela, la lectura de lo que pasa en Brasil es que cada vez estamos más atomizados -otra vez- en la región. Hay un momento muy difícil y hay que ver cómo al final el post Brasil va más allá de lo que suceda en Brasil. La región va otra vez a pensar que se puede solucionar las cosas casa adentro. Chávez quizá fue quien cambio, junto con Néstor y Lula, pero fundamentalmente Chávez, ese paradigma, con la cosmovisión bolivariana que dice: ‘para cambiar las cosas adentro, también tienes que cambiar las cosas afuera’.

Esa lógica, esa maravillosa relación dentro-afuera que manejó Chávez por la influencia bolivariana, yo creo que ahora está en riesgo. Siento que en Ecuador [están ocupados] resolviendo el terremoto, tienen elecciones este año, está la sucesión de Correa; vas a Bolivia y están digiriendo la derrota de la repostulación de Evo; acá [en Venezuela] ni se hable con todo lo que ha estado ocurriendo en los últimos tiempos; vas a Argentina discuten exclusivamente sobre lo que está pasando con Macri, los despidos; vas a Brasil, pues fíjate lo que está pasando.
Entonces parece que hay un ensimismamiento nacionalista fuerte, que de alguna manera le roba protagonismo a la dimensión regional, y allí la derecha también tiene dificultad. La derecha se concentra en lo suyo o sigue haciendo alianzas afuera. Me parece que son procesos que van cambiando y el contexto cambia, y toca cambiar el análisis de la derecha y lo que pasa en el continente.

 

-Esa contradicción que ves en la derecha -en la vieja derecha y en la nueva derecha- ¿cómo se presenta en la economía?, ¿se da esa misma contradicción o hay cambios?

-Sí, el modelo económico, incluso de la propia derecha, una de las dificultades que tiene es reincorporar al Estado como garante de derechos. O sea, los países progresistas han logrado legitimar el Estado, en gran medida, a través de los derechos sociales. Hoy en día  puedes criticar que el Estado es ineficiente en tal cosa, y que hay un grado de corrupción, o que es demasiado burocrático, eso se lo puede criticar la mayoría al Estado, pero lo que nadie cuestiona es el rol del Estado para garantizar los derechos sociales. Yo quiero que haya un Estado que me garantice la educación, la sanidad, que me aporte ayudas en pensiones, en vivienda. Eso no solo en Venezuela, en Bolivia, en Ecuador, en Argentina, en Brasil, en esta última etapa, es incuestionable y ahora la derecha dice: ¿qué carajo hago yo con el sujeto Estado, con el actor Estado en el marco de mi modelo económico? Esa es una variante nueva para esta nueva derecha: ¿cómo injerto el Estado en mi modelo económico? Y esa ya es una contradicción que tienen que abordar.

-Y el otro aspecto es el tema del sentido común de la soberanía. El decir: ‘ahora somos soberanos, los recursos son nuestros’. Si preguntas en Venezuela -desde aquí hasta la Plaza Altamira- te van a decir: ‘no queremos que todo el petróleo venezolano se nos vaya’, porque hay una recuperación del sentido común de la soberanía. Eso ha pasado en Venezuela, en Bolivia, Ecuador, en las mayorías. Siempre va a haber un porcentaje que es “vendepatria”, pero un porcentaje muy amplio, mayoritario, me atrevo a decir 70 u 80%, cree que la soberanía es un  valor fundamental, fundacional de las nuevas patrias.

¿Qué hace la derecha con la soberanía?, ¿Qué hace la derecha con el Fondo Monetario Internacional?, ¿Crees que va a resolver el FMI esa relación con los extranjeros? El componente Estado, el termino soberanía y recursos estratégicos, tienen un poco entrampada a la derecha a la hora de definir cuál es su modelo económico en la actualidad.

 

-¿Cuáles serían los dos o tres primeros anuncios en materia económica de un gobierno de derecha que, guste o no, pueda llegar al poder?

-Primero, me cuesta imaginar que la derecha va a llegar a ganar en este país. Creo que la derecha tiene su recetario actual, el modelo Macri te deja muy bien las pistas en el siglo XXI. Creo que lo primero que haría sería firmar contratos en el Arco Minero absolutamente diferentes a los que se podrían firmar en el actual Gobierno bolivariano. Empresas mixtas no tendría que existir con capital mayoritario estatal. Le harían rebajas tributarias al 0% durante 30 años para que no paguen impuestos y atraer capital que, en el fondo, generaría fuga de capitales. Eso es algo viejísimo.

-Otra de las cosas que haría la derecha, rápidamente, es un endeudamiento eterno. Venezuela tiene una deuda externa bastante baja en términos globales. Una de las cosas que suele hacer la derecha  es endeudarse rapidísimamente para que baje el riesgo país.

-Otro de los aspectos fundamentales, es una privatización veloz de las empresas estratégicas actuales. Seguramente no harían una privatización en el formato siglo XX, harían una seudoprivatización en la actividad, tercerizarían actividades, en eso serían un poco más inteligentes.

-Yo me leí muy detalladamente la llamada “restauración privatizadora”, la ley que sacó la Asamblea. Hay sectores muy estratégicos en este país; ahora podríamos estar hablando del oro, del coltán, diamante, fosfato, petróleo, pero no solo eso, de petroquímica y otros que ellos dicen que no son rentables (pero que saben que sí lo son). Entonces, yo creo que la derecha económica en Venezuela lo primero que haría sería empezar a seudoprivatizar en la medida de lo posible, endeudarse muy rápidamente.

 

-¿Crees que privaticen Pdvsa, por ejemplo?

-Sí, rápidamente. Eso sería de las primeras cosas que harían. De hecho, hoy se está discutiendo en Argentina qué hacer con YPF. ¿Cómo lo justifican? Muy interesante: empiezan a reducir las inversiones, a generar pérdidas, y lo siguiente es, entonces, la justificación perfecta para tercerizar la gestión y dársela a mano de los privados. No lo van a hacer torpemente, como en los 80′ -que lo ponían en subasta pública-, van a generar caída de inversiones, pérdidas, y seguramente harían renegociación de ciertas ventas y contratos petroleros. Seguramente le permitirían a algunas empresas privadas que vinieran a explorar, explotar y vender con condiciones infinitamente más beneficiosas para el privado y en detrimento de las mayorías.

-La derecha económica es muy hábil, sabe reubicarse en el siglo XXI. Por eso creo que las medidas serían más camufladas que las torpezas de los años 80′ y 90′. No serían los viejos planes –el ‘gran viraje’ le llamaban-. No sería así. Yo creo que sería con un nuevo lenguaje, incluso. ¡Hasta los eufemismos han aprendido!

“No sé por qué no se le pregunta esto a la derecha en este país: ¿qué haría con el Dolar Today?, ¿cuál es su respuesta a Dólar Today?”

-¿Una derecha izquierdizada, digamos, eufemísticamente?

-No izquierdizada, pero saben utilizar las palabras, saben manejarlas. Creo que no cuestionarían tanto el Estado, lo hemos visto en campañas electorales; Capriles casi en un momento abrazaba a los cubanos de las Misiones en 2012 porque, claro, poner en cuestionamiento la salud o temas de la alfabetización no está bien. En eso, manejan bien las palabras y eso es legítimo también.

La confrontación política es hermosa cuando cada uno hace lo que quiera, el problema es cuando utilizan un Dolar Today para tumbar una economía. Eso ya es otra cosa. Que ellos quieran llamar a su política económica de derecha con las palabras más hermosas y fluorescentes que quieran, me parece correcto, es parte del juego político. Lo que no es parte del juego político es un Dolar Today con capacidad de indexar precios,  haciéndole daño a las mayorías venezolanas, simplemente con un botón político. Eso no es tolerable y ahí habría que preguntar -no sé por qué no se le pregunta eso a la derecha en este país-  ¿qué haría con el Dolar Today?, ¿cuál es su respuesta a Dólar Today?

 

-Ya hablamos bastante de Capriles. De los otros personajes que han surgido en los últimos tiempos, como Ramos Allup, Lorenzo Mendoza, ¿qué otro personaje ves…?

-Henri Falcón creo que es un reinvento de la derecha del siglo XXI para Venezuela, es un modelo Rodas en Ecuador; La Calle, en Uruguay; Macri, en Argentina; o la ecologista que le compitió a Dilma en las primarias. En Bolivia, lo han intentado con Chapetón, una mujer indigenista que aparece de la derecha boliviana. Yo creo que Henri Falcón es un actor muy interesante, porque todavía no rompe con el chavismo del todo, aunque no es chavista, pero él sigue jugando con eso.

De hecho, fui a Barquisimeto y me llamó mucho la atención lo visual, cómo juega con los colores, con el término progresista, con Alí Primera, juega mucho a aparecer en escena a las 7:00 de la mañana en cerros populares, él juega bien con esto.

“Yo me quedo con esos dos personajes que son Henri Falcón y Mendoza, como justamente los nuevos rostros de la derecha, uno con tez más negra, más apelando a lo popular, y el otro como un empresario “exitoso”.

Mendoza yo creo que juega al empresario “exitoso”, un modelo más parecido a Piñera en Chile, es el modelo del Presidente actual paraguayo.

Pero yo creo que Leopoldo López está fuera de todo. Se le quiere afuera porque ahora es, casi, el nuevo Ghandi a nivel internacional, a pesar de ser responsable de golpes -no de uno, sino ya de varios-. Leopoldo está fuera, incluso, de la apuesta gringa. Yo creo que no es Leopoldo. Yo creo que siempre fue Capriles y siguen apostando por Capriles. Ahí está Henri Falcón, está Mendoza; Ramos Allup no puede disfrazarse de lo nuevo porque es demasiado viejo, es demasiado IV República. Yo creo que él está fuera del juego.

Lo han intentado con otros, pero no creo. Con María Corina también se pasaron de frenada. No hay que descartar a la mujer de Leopoldo [Lilian Tintori], depende de cómo se vaya procesando ese tema, ella ha hecho una campaña internacional fuerte, porque es otra imagen, hay que ver, hay que estar atentos, pero yo me quedo con esos dos personajes que son Henri Falcón y Mendoza, como justamente los nuevos rostros de la derecha, uno con tez más negra, más apelando a lo popular, y el otro como un empresario “exitoso”.

Fíjate que buscan como intentar diferentes vías, es una performance más poliédrica de la derecha. A lo mejor no va a ser el candidato, pero sí que van a jugar todos disfrazándose, y yo me atrevo a decir que todavía para las próximas elecciones van a tener que identificar a un chavista duro, de hecho, creo que lo intentaron un poco con Rodríguez Torres. En un momento recuerdo que hizo varias declaraciones de ser garante de la estabilidad, de la paz, después se ha retirado un poco más. Pero creo que también van a buscar cuál es el chavista, el que viene del 4-F. Les falta en el complemento un chavista para rellenar como la coralidad de una derecha nueva, es lo que creo que podría suceder, poniéndome un poco pitoniso.


Alfredo Serrano Mancilla es Doctor en Economía, investigador y profesor de posgrado y doctorado en universidades internacionales. Actualmente es director ejecutivo del Centro Estratégico Latinoamericano Geopolítico (CELAG). Es autor de varios libros, entre ellos El pensamiento económico de Hugo Chávez, y escribe artículos de opinión para varios medios.

Supuesto Negado