“SI NO CONOCES TU HISTORIA, TERMINAS RENEGANDO DE TI MISMO”

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erick rodriguez

Erick Rodríguez, especialista en comportamiento humano, le da nombre al autoataque de algunos venezolanos: “xenocentrismo”.


Cuando en 2007 Erick Rodríguez Miérez asumió la titularidad del Ministerio de Salud con Hugo Chávez en la Presidencia, dos años antes ya había puesto a circular en el país el término “disociados”. Aunque no exactamente. Rodríguez lo que aseguró en aquella oportunidad fue que fracciones de la población venezolana habían sufrido una “disociación psicótica” producto del “psicoterrorismo mediático” que se había aplicado en el país entre 2001 y 2004.

Este especialista en el comportamiento humano fue consultado por Supuesto Negado sobre la autoestima de los venezolanos y este fue el diagnóstico: los venezolanos mientras estuvimos divorciados de nuestra historia fuimos presa de un estilo de vida foráneo con el que terminamos reconociéndonos; esto nos convirtió en xenocéntricos y aduladores.

La reconexión entre el pueblo venezolano y su historia, que propició Chávez, elevó momentáneamente su autoestima, que hoy es nuevamente embestida por los efectos de una guerra que parece invisible.

 

“Si no te reconoces históricamente, no vas a tener identidad…”

Hablar de autoestima tiene que ver, según explica Rodríguez Miérez, con un reconocimiento de la propia identidad.  “Pero el reconocimiento de una identidad nacional o de una identidad individual implica un reconocimiento de carácter histórico”.

Nosotros hemos sido producto de una disonancia cognitiva en lo histórico, que viene de dos pensamientos siempre en conflicto. Uno es la realidad real, fáctica y otra es la realidad que te han querido pintar bajo una memoria de carácter episódica. La memoria episódica se trata de hechos, acontecimientos de la historia y está la otra que es la memoria semántica, que es cuando tu conoces la información en detalle.

En el caso de nosotros se nos impuso una distorsión fundamentalmente de carácter cognitiva-histórica.

Te contaron la historia bajo puros episodios de heroísmo sin ninguna reflexión ni contenido. Si nunca te reconoces históricamente, no vas a tener identidad. Tu estima siempre va a ser la que ellos te quisieron imponer y aquí es donde aparece el xenocentrismo. Terminas reconociendo al otro y tu estima no sirve para nada, lo que sirve es lo del otro. Porque es una imposición de dominación. Terminas convirtiéndote en un iconodúlico, es decir, en un adulador.

Es un elemento fundamental para comprender de donde vienes. No puedes comprender tu estima si no tiene un elemento que te dé una valoración de tu estructura axiológica, tus principios, tu ética, moral y valores, entonces, terminas renegando de ti mismo, porque no tienes orgullo, no hay de qué sentir orgullo más allá de un acto heroico. “Simón Bolívar liberó 5 naciones” y listo. Es más, terminabas rindiéndole culto a quienes te masacraron.

 

La autoestima atada al xenocentrismo

– ¿Se puede hablar de que realmente existen identidades nacionales fuertes en el mundo?

–La cohesión de un país y su identificación es su identidad histórica. ¿Por qué alguien se llama japonés? Porque nació en Japón y él se reconoce en todos los acontecimientos de su historia. Ese elemento le da su propia estima, porque no es una fuerza imaginaria. Tiene un componente de base que viene de ¿quién eres?, ¿de dónde vienes?, ¿a dónde vas? Eso ocurre también en Venezuela, solo que, como te dije, esos elementos han sido distorsionados.

Cuando llegaron los españoles impusieron otro modelo por razones económicas y crearon una mentalidad y luego fue reafirmada por intelectuales como Arturo Uslar Pietri que, sin tener ninguna base científica, decía que los venezolanos somos flojos. Él dijo que veníamos de la mezcla del indígena que era ignorante, del negro que le gustaba echar carro y del español que era un corrupto, y eso explica que el venezolano “es flojo”.

Pero resulta que la estima del venezolano hacia el trabajo es muy alta. Además nos dijeron que éramos desordenados también y que la mejor referencia era la que venía de afuera, la que traían los gringos a los campos petroleros, su modelo de negocios. ¿Cuál fue ese modelo? El de la meritocracia, que era llenarte de títulos y de conocimientos que reproducen la dominación pero que tienen muy poco de creatividad. Ser meritócrata es ser reproductor del pensamiento dominante, pero no de ninguna innovación. Esa gente, por ejemplo, nunca fue capaz de crear ni un taladro y se lo dejaban al otro, porque ellos eran “los que sabían”. Hubo transferencia de tecnología pero no de conocimiento, y ahí sigue la dominación. Así, tu estima sigue atada al xenocentrismo.

 

La pérdida de la estima del venezolano

Para Rodríguez, esa alienación se reafirmó con la llegada del sueño americano a tierras venezolanas, que impuso una serie de modelos, formas de pensar y de consumo que marcaron el estilo de vida en el siglo XX. El petróleo, como nos explica el analista, jugó un papel fundamental en esta nueva forma de vida cargada a nuestro pueblo.

“Ellos construyeron un modelo de dominación porque terminaron cosificando la estima del venezolano bajo el sueño americano. Y así hubo una estrategia detrás de la explotación del petróleo”.

 

– ¿Pero cómo la identidad del venezolano se vio afectada con la explotación extranjera del petróleo?

–Eso ocurrió en los campos petroleros porque todos querían llegar a la urbanización de los dueños, de los gringos. Entonces, si “te preparabas” podía ser que tuvieras acceso y entonces te invitaban al baile, a jugar golf y, en definitiva, te parecías a ellos. Ahí fue donde empezó la pérdida de la estima del venezolano y de ahí en adelante se fue reafirmando. Eso desarrolló en nosotros una conducta esquizo-típica, es decir como esquizoide, de mezcla entre realidad y fantasías.

 

“Con Chávez la gente empezó a reconocerse y dejaron de hablar como vasallos…”

Rodríguez afirma que con el discurso de Chávez empezó una apuesta por el rescate de la identidad del venezolano, que estuvo largos años acomplejada por un relato descontextualizado de la historia.

 

¿Cómo Chávez luchó contra eso?

–El presidente Chávez va a irrumpir tomando como herramienta la memoria histórica, pero no solo sobre los hechos episódicos sino también apelando a la memoria semántica. Eso despertó en la gente una memoria eidética, es decir, una memoria fotográfica del acontecimiento. La gente empezó a reconocerse en sí misma, porque Chávez empezó a romper los esquemas, romper la rendición de culto y la iconodulia imperante.

La gente empezó a reconocerse y dejaron de hablar como vasallos. Por eso cuando Chávez llegó a Inglaterra y saludó a la reina, no le hizo una reverencia sino que la miró a los ojos mientras le daba la mano. Chávez se convirtió así en referente porque se hizo y nos hizo iconoclastas. La estima del venezolano se empezó a recuperar y es por eso que no quiere violencia, porque descubrimos que nos quieren llevar, bajo un supuesto sueño, a una solución que no es sino el vacío. Así es como quieren el país, arruinado, para poder tenernos dominados. Los factores dominantes no solo quieren nuestro petróleo sino que el proceso revolucionario no avance, porque es liberador.

Tú visión acerca de cómo era el país solo reconocía acciones de gesta, pero al llegar Chávez, empieza a apelar a la memoria histórica. Nos hizo reconocernos a nosotros. A reconocer, por ejemplo, que nuestro ejército en esa época solo salió de su territorio para liberar a otros países.

 

– ¿Cómo evalúa la gestión de la Revolución para cambiar ese paradigma?

–El momento que estamos viviendo es un momento de ruptura de un modelo. Eso genera ansiedad en la gente porque sienten que le están arrebatando el bienestar, pero no es tal porque siempre dependes del otro para que eso exista. En un país donde el petróleo definió las relaciones de producción y económicas, la estima quedó siempre comprometida de lo que era externo.

La estima del venezolano hoy está enfrentándose a la realidad real, no la ficticia.

 

El complejo de la quimera: “este país de mierda” 

–Las estrategias de guerra tienen momentos diferentes. Nosotros hablamos de que estamos en una guerra de cuarta generación y el elemento dominante es un elemento invisible pero que todos los días te desestructura, te atosiga, te hastía de tal manera que te abruma de tanta información que solo desinforma. Eso termina convirtiéndose en una forma de percibir la realidad porque te termina desestructurando la parte más importante de un ser humano que es la cotidiana. Esa parte es el afecto y al desestructurarte eso, te afecta en el ánimo.

Si tu estás desagradado o molesto, siempre vas a buscar quién es el culpable de ese desagrado. “Somos ese país de mierda”, pero ¿por qué lo somos? Lo somos porque alguien nos crea una situación donde terminamos viendo algo que no queremos ver, pero es lo más inmediato. Es un conflicto de carácter afectivo, de relación parental y en ese escenario le atribuyes “la culpa” no a tu comportamiento sino a las circunstancias.

 

– ¿Quién tiene la culpa entonces?

– ¿Quién es el más inmediato que tú puedes echarle la culpa en un contexto así? Al gobierno. La culpa tu se la echas al Gobierno porque sientes que estás desasistido, por eso es un conflicto parental, porque sientes que tu padre no te protege, no hay autoridad y por eso la gente hace lo que le da la gana. La gente no ve dentro de ese sistema que se le garanticen los derechos o las necesidades básicas como comer o dormir. Y ahí es donde te golpean.

¿De dónde nace todo esto? Tiene que ver con el modelo que se nos impuso a nosotros. Es un modelo fundamentado en “el complejo de la quimera”, se te crea una ilusión o fantasía, como el sueño americano, de algo que tú crees que puede ser posible pero no va a ser posible. Por ejemplo, la gente sale de la universidad y cree que ya tiene un carro parado ahí, un apartamento, un boleto para ir a recorrer Europa y que ya está listo todo. Eso no ocurre pero ese complejo te lo crearon.


-Erick Rodríguez Miérez es especialista en comportamiento humano, docente e investigador. Fue ministro de Salud en 2007 y se ha desempeñado como presidente del Consejo Superior de la Universidad Simón Bolívar-Caracas. Es autor del libro “Psicoterrorismo Mediático y la Disociación Psicótica” (2005).

Por Simón Herrera/ Supuesto Negado