7 errores típicos de figuras públicas en redes sociales

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Con sus grandezas y miserias las redes sociales se han convertido en la nueva plaza pública, el nuevo ágora.

En ellas se encuentra la mente de todo el mundo, se comparte lo banal, lo importante, lo vulgar o lo sublime.

Como en las antiguas plazas la gente puede encontrarse allí solo que a distancia. Como la televisión y los periódicos son medios masivos que dependen de la tecnología pero también son horizontales.

Nunca se ha visto nada como esto y los expertos no se ponen de acuerdo si traerán una era de curiosidad, de idiotez, posibilidades de libertad o un nuevo totalitarismo gracias a la Big Data.

Lo cierto es que a través de ellas pasa ahora la publicidad o la vida pública y la comunicación de gobiernos, empresas, partidos, movimientos y de millones de personas comunes y corrientes.

Y como en un espacio público se trata siempre de influir sobre los demás y de ser influido por ellos hay unas “reglas” generales para todo el que se mueve en las redes y unos errores imperdonables.

Lo que vamos a poner acá aplica sobre todo para actores políticos pero también para cualquiera que maneje una imagen pública en las redes sociales y aspire a cierto grado de influencia.

 Y no son consejos, más bien son unos ejemplos, 7 ejemplos de lo que no se debe hacer en las redes, en la publicidad y las comunicaciones.

1- Refugiarse en las identidades

La idea de que las posiciones políticas son también identidades es bastante reciente. Y la tentación de hacerlo muy fuerte.

Pero incluso si fuera así y existiera, por ejemplo, una “identidad” chavista si se asume que, por serlo, si los otros chavistas son nuestros únicos interlocutores se corre el riesgo de predicarle solo a los monaguillos, es decir, a los convencidos.

Un partido, una marca, un equipo deportivo, un grupo musical tiene que estar abierto para la gente que no le conoce porque si no ¿cómo puede crecer?

Pero lo que recientemente ha pasado, en el marco de la política de la identidad, es que ya nadie se toma la molestia de hablarle a los no convencidos o de conseguir un terreno común con los que no puede convencer.

Son dos prácticas que resumen lo que Gramsci llamaba hegemonía y que son parte de lo más normalito de la actividad política.

Porque la cuestión es que una vez que uno ha decido solo hablarle a los que comparten sus creencias o sus gustos se abren un camino hacia el sectarismo del que es difícil salirse.

Y además, el sectarismo es infinito.

2- No ser sectario

Hace pocos días Vente Venezuela, el partido de María Corina Machado, sorprendió a muchos al atribuirse el monopolio del antichavismo. En efecto, la dirigencia de ese partido afirmó que todos los demás partidos de oposición “tienen raíces últimas comunistas” o “confesionales”.

La cosa había comenzado hace años cuando Capriles se convirtió en el gran traidor a La Causa del antichavismo y los seguidores de Leopoldo López y María Corina empezaron a decirles “chaprilistas” es decir, chavistas disfrazados.

Twitter se volvió una especie de coto de caza donde todos eran sospechosos de ser chavistas: Vicente León de Datanálisis y Asdrúbal Oliveros son chavistas según ellos. La novedad es que ahora ni siquiera el partido de Leopoldo López es suficientemente “puro” y la discusión sobre la pureza, obviamente, ha ido opacando a cuál será la estrategia de la oposición para el año que viene.

Las redes sociales están llenas de integristas musicales, cinematográficos, políticos, sexuales, que usualmente le hacen de policía a los impuros. No hay que decir que ninguno de estos ayatolas hacen mucho por la música, el cine o la política, solo ruido.

3- No saber discriminar

Contrariamente a lo que se piensa normalmente, discriminar no es malo. De hecho discriminar es el arte de no meter a todos en el mismo saco.

No todos los que disfrutan las películas de DC odian a las de Marvel ni los que escuchan reggaetón son motorizados o los que lo odian rockeros o sifrinos.

Sean partido políticos, marcas, equipos deportivos, figuras públicas o particulares es muy importante saber diferenciar. No todos los que critican tus post están en desacuerdo contigo.

En redes sociales dirigentes políticos y figuras públicas cometen todo el tiempo el error de pensar que los que les cuestionan o interpelan son “del otro bando”.

No extrañe que, según las encuestas, casi ningún político venezolano sea popular o querido por la gente sobre todo si, de paso, se acostumbran a atacarla.

4- Ofender sin necesidad

La respuesta que le dio la alcaldesa Erika Farias a un usuario que le hizo un reclamo vivirá para siempre en el hall de la infamia de las redes sociales “ @ErikaPSUV ese “Suena Caracas” trajo más ARRECHERA; que cuando mi querido ministro @jorgerpsuv quiso traer a Chino y Nacho, pero este último REFLEXIONO A TIEMPO. Ojala y usted lo haga” .

El tweet, para nada agresivo, fue respondido con un innecesario “te recomiendo que te tomes una manzanilla para la arrechera” que hizo evidente que, en los años de polarización, los políticos perdieron (o nunca aprendieron) el concepto de relaciones públicas.

Como los votos se recibían por ser chavista o lo contrario, por montarse en el portaaviones o por no viajar en él, muy pocos políticos se entrenaron en el arte de administrar su imagen pública.

Es cierto que, en redes sociales, las agresiones y polémicas son inevitables, pero las innecesarias son producto de los tres errores que hemos citado antes.

El resultado es que se hace feliz a los amigos que ya uno tiene pero se hace enemigo de todos los demás.

5- Hacer de policía

Esta es la síntesis de los errores anteriores. Hay muchas páginas, medios, personas y colectivos cuya actividad en las redes –y toda su vida pública– se reduce a vigilar quién es patriarcal, feminista, comunista, neoliberal, agente de la CIA, del G2, etcétera.

Si se trata de un particular que lo hace por gusto puede pasar y solo contribuye al ruido y la confusión. Pero si es una persona o grupo que actué en favor de una causa, un partido, una tendencia, una marca, o algo por el estilo solo la está perjudicando.

Como hemos dicho el Twitter se convirtió en el “territorio” de un antichavismo que hace años enfiló sus baterías contra sus propias filas, pero no ventilando diferencias o polemizando sino simplemente atacando a todo el que le parece chavista o culpable de algo.

Esto tiene también su equivalente en el chavismo y en todas las fuerzas políticas pero una imagen pública (y una actividad de redes) basada en eso, servirá para ventilar los rollos de la gente o para entretenerla pero es completamente inútil desde el punto de vista de la publicidad y la comunicación.

6- No ser idiota

Idiota, en griego, no es el poco inteligente es el que vive solo en su vida privada, su mundo privado.

Las redes están llenas de idiotas que creen que la tierra es plana, que las vacunas son dañinas, que el socialismo no es europeo, que la oferta y la demanda son inventos de la burguesía… y no aceptan que les digan lo contrario.

Son solo casos extremos de las extrañas tribus e identidades que se forman en las redes como los derechistas alt rigth o las feministas que insisten en decir “todes”.

En las redes mientras más específico el público mejor para nosotros pero rara vez se le habla a un solo público, todo político, gobierno, marca o artista le habla a cierta combinación de públicos que le sigue.

Pero lo específico o particular de la comunicación y la publicidad no tiene que ver con idiosincrasias o tribalismos, lo que es específico son los gustos y las creencias y no necesariamente las formas de hablar y de expresarse: todos los fans de Led Zeppelin no van a tener el pelo largo, fumar marihuana y hablar como hippies.

En la comunicación y la publicidad política muchas veces se confunden esas especificidades con un formateo de las formas de hablar que corresponde a otra realidad, el siglo XX con sus públicos masivos.

En la publicidad actual cada persona pública tiene que conseguir su manera de expresarse pero saber variarla según a quién se dirige en cada momento. Así que, aunque siempre se usarán consignas, slogans y términos específicos, no hay que reducirse a ellos.

7- Reconocer la realidad

Lo que las redes sociales son, ante todo, son un vínculo de la gente con la actualidad.

Espacios donde se discute horizontalmente qué ha pasado o qué está pasando. Cuando alguien se separa de esa actualidad básicamente se está aislando a sí mismo.

Fue lo que le pasó al chavismo durante el periodo crucial en que surgieron las redes sociales: convencidos, tras el golpe de abril, que detrás de toda crítica o denuncia había una “matriz de los medios internacionales” los chavistas se acostumbraron a pensar que detrás de todo había una conspiración o matriz mediática.

La inflación era un invento de El Nacional, la violencia del Observatorio Venezolano de Violencia, y la corrupción y la fuga de capitales una vaina de Teodoro Petkoff.

Pero no, no lo eran. Los chavistas empezaron a aislarse de los venezolanos viviendo en su propio mundo donde lo único actual eran las conspiraciones no los problemas.

Y si no reconoces la realidad en que vives no tienes nada que hablar con nadie.

Probablemente hasta 2015, con las elecciones parlamentarias no se dieron cuenta del enorme descontento que existía pues ese dato evidente de la actualidad era, cómo no, una mentira de la derecha.

Desde ese entonces las divisiones y diferencias en el chavismo tienen mucho que ver con qué tan dispuesto está cada grupo de reconocer la realidad en la que están sumidos los venezolanos y de qué manera: Lacava tiene una, los disidentes otras, los originarios tienen otra…

Y la manera cómo todos los chavismos que han surgido en este año aprendan a comunicarse con los venezolanos será una de las cuestiones más importantes en el venidero 2019.

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Por Fabio Zuluaga / Supuesto Negado