En Los Andes lluvias no se llevarán problemas del agua potable

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En los andes venezolanos la escasez de agua potable responde básicamente a los mismos problemas estructurales que el resto del país: desinversión y uso indiscriminado de viejos acueductos a pesar del crecimiento demográfico (aumenta 1,58% anualmente).

Miguel Ángel Núñez, bolivariano ecosocialista y amplio conocedor del tema hídrico, explicó a Supuesto Negado que los problemas en el servicio de agua potable (acceso, distribución y disponibilidad) se pueden dividir en estructurales y coyunturales. Veamos.

El mayor problema en la zona andina, al igual que en el resto de la geografía nacional, es estructural –a pesar de sus características particulares por la incidencia del turismo y la agricultura– y viene dado por la falta de inversión en la infraestructura hídrica.

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“La poca inversión que ha existido en la reparación de acueductos ha sido fundamental. Tenemos ciudades con acueductos desde el año 1900, construidos durante la presidencia de Crespo. Un ejemplo es el estado Vargas que presenta uno de los mayores problemas de disponibilidad de agua potable. También muchos pueblos rurales a lo largo del país”, dijo.

Días antes de las elecciones presidenciales, el presidente Maduro ordenó intervenir la Compañía Hidrológica de Mérida ante los cortes permanentes de agua y el aumento del servicio “de manera absurda”.

Esta compañía anónima, fundada en 1998, administra, opera y mantiene los sistemas de distribución de agua potable y los sistemas de recolección y disposición de las aguas servidas en el estado Mérida.

Posee 20 sistemas de acueductos (16 urbanos y 4 rurales), ubicados en 12 municipios del estado. Los diez (10) municipios accionistas restantes, reciben asistencia técnica.

Desde su intervención, el servicio ha mejorado tímidamente.

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Núñez recordó que desde la década del 70 la zona del páramo y el piedemonte andino se convirtieron en el principal proveedor de vegetales del país. Sin embargo, ahora hay un problema severo de erosión por sedimentación de los suelos, es decir se van acumulando progresivamente partículas de tierra en el fondo de los cuerpos de agua haciendo que disminuya el espacio disponible para el almacenaje del líquido en ríos, lagos y quebradas.

“Los recursos hídricos no se han sabido distribuir y los alcaldes no han tenido esa visión prospectiva para el suministro correcto. Cada área geográfica tiene unas particularidades que tienen que ver con la lucha por la distribución de agua –muchas veces ilógica en relación al tipo de siembra y la forma como se hace. Esa es una tragedia que tenemos en el páramos”, detalló.

Por otro lado, los problemas coyunturales están anclados a los cambios climáticos, los distintos tipos de sequía y el déficit de precipitaciones.

El fenómeno del niño, por ejemplo, terminó a comienzos de 2017 y afectó tanto al servicio eléctrico, como al de agua potable hasta julio de ese año, cuando la Central Hidroeléctrica Simón Bolívar –mejor conocida como la Represa del Guri–, logró abrir sus nueve compuertas de desahogo luego de 8 años de tener sus niveles por debajo de 75%.

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El problema es de estrés

Núñez y otros técnicos conocedores del tema han denunciado desde hace una década, más o menos, el “estrés de agua” en Venezuela que consiste en la relación porcentual entre distribución, acceso, disponibilidad y población.

Explicó que una cosa es tener 95% de distribución pero otra es la disponibilidad del líquido. Comentó que a veces se toma solo el primer indicador como referencia y eso resulta engañoso. “86% de la población venezolana sufre de estrés de agua. Estados como Falcón, Zulia, Nueva Esparta, Sucre y Vargas son zonas críticas”.

Aunque algunos lo consideren un consuelo de tontos, no es un dato menor que el estrés hídrico es un problema mundial. El medio Oriente, la zona mediterránea, Japón, Indonesia, Filipinas, Australia, México, Perú, Chile y la mayoría de las islas del Caribe lo sufren.

Estudios revelan que bajo el contexto actual de cambio climático, en el 2030, casi la mitad de la población mundial vivirá en áreas de estrés hídrico.

Y es que según la Organización de Naciones Unidas para Agricultura y Alimentación 700 millones de personas de 43 países sufren actualmente escasez de agua y para el año 2025, vivirán 1.800 millones de personas en países o regiones con escasez absoluta del vital líquido.

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Las lluvias pasan pero la escasez queda

Con la llegada de la época de lluvias se mitigarán las fallas en el servicio de agua potable en la mayoría de zonas del país. También incidirá positivamente en el flujo de energía eléctrica porque, recordemos, la mayoría de la producción en el país proviene de las hidroeléctricas.

Sin embargo, mientras permanezca la desidia en las instalaciones –que se acentúa producto de los cambios climáticos no cíclicos–, el problema continuará y se pondrá cuesta arriba el cumplimiento de las metas del milenio (cuya fecha límite es en 2030).

Seamos sinceros, siendo Venezuela el décimo primer país en el mundo con mayor producción de agua dulce (según la FAO) no debería ser taaaan complicado incrementar los esfuerzos y superar los obstáculos de desinversión en el servicio de agua potable.

Lo otro –menos urgente pero trascendental– es poner en marcha un modelo integral que atienda las principales contradicciones del modelo de desarrollo capitalista y se afinque en la concepción ecosocialista, planteada en el proyecto político bolivariano, que, como muchos otros temas, sigue pendiente.

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Edgard Ramírez Ramírez / Supuesto Negado