EN ESPAÑA AL ASALTO SEXUAL ENTRE VARIOS SE LE TRATA SOLO COMO “ABUSO”

No fue abuso sexual, fue violación”, coreaba indignado un numeroso grupo de mujeres tras conocerse el fallo de la Audiencia de Navarra en el caso de la joven de 18 años ultrajada por un grupo de jóvenes, durante la celebración de los Sanfermines de 2016.

El grupo de agresores, compuesto por cinco nacionales del país ibérico, y que se hace llamar “La Manada”, fue condenado apenas a 9 años por su brutal crimen a pesar de la abrumadora evidencia forense, y de todo tipo, en contra de los acusados (videos, fotos y conversaciones por redes sociales, todo obra de la Manada)

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La polémica se centra no solo en lo reducido de la sentencia, sino en la calificación del crimen como “abuso sexual” y no como “agresión sexual”. Esto implica, más allá de lo semántico, que si la víctima no apela el caso y se modifica la sentencia, los miembros de La Manada podrían estar en la calle en el plazo de un año.

Resalta que los jóvenes tienen pendiente otra causa por el mismo delito, lo cual, aunado a la presión de los grupos feministas y contra la violencia de género, ha disuadido, por ahora, a los jueces de conceder beneficios legales a los victimarios.

Es relevante que en el otro caso referido los victimarios han logrado escapar de la justicia alegando que las grabaciones del grupo de WhatsApp donde confiesan sus fechorías, habrían sido presentadas como evidencia sin los trámites legales pertinentes. Es decir, se salvan por un tecnicismo legal.

Volviendo a la sentencia polémica, es más preocupante que uno de los magistrados que lleva el caso, Ricardo González, ha defendido a los acusados y ha votado por su inocencia. El jurista alega, en un extenso texto de 136 folios, que:

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“No aprecio en los videos cosa distinta a una cruda y desinhibida relación sexual, mantenida entre cinco varones y una mujer, en un entorno sórdido, cutre e inhóspito y en la que ninguno demuestra el más mínimo signo de pudor, ni ante la exhibición de su cuerpo o sus genitales, ni ante los movimientos, posturas y actitudes que van adoptando”.

El doctor en leyes tampoco observa “signo alguno de violencia, fuerza, o brusquedad ejercida por parte de los varones sobre la mujer y sí de desinhibición total y explícitos actos sexuales en un ambiente de jolgorio y regocijo en todos ellos, y, ciertamente, menor actividad y expresividad en la denunciante”. Y sin embargo remata: “Tampoco percibo signo alguno de pudor en ella”.

España al asalto sexual

Además, llama “beso negro” a la situación retratada en una de las fotos que presentó la parte acusadora como evidencia, en la cual se ve a uno de los acusados sentado sobre la cara de la denunciante. Allí no ve “ningún signo en la denunciante que nos permita valorar, bienestar, sosiego, comodidad, goce o disfrute en la situación”. Pero igualmente sostiene en varias partes de su escrito que: “Una relación sexual no puede calificarse como agresión o abuso en función de si la mujer (o el hombre) la disfruta o no físicamente”.

La posición de González preocupa precisamente porque abre la puerta a una sentencia absolutoria, en el caso de que cualquiera de las partes, decida llevar el proceso a instancias mayores (La Corte Suprema de Justicia).

Más allá, la sentencia y este magistrado transmiten un mensaje directo a las víctimas de agresión sexual: si no asumen una actitud de defensa activa, cosa que en la mayoría de los casos termina en el asesinato de la víctima y siempre en mayor sufrimiento para ella, entonces podrán ser encontradas como culpables.

Está por verse qué sucederá en adelante y si se hace justicia con una sentencia firme e inapelable que llame a las cosas por su nombre.

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Por Julia Cardozo / Supuesto Negado