Estalla crisis migratoria en América (Venezuela no es la única): ¿A qué se debe?

Haga usted la prueba: escriba en Google “crisis migratoria” y le saldrán centenares de noticias, artículos y análisis sobre Venezuela. Quien se conforme con esta selección hecha por el corporativo motor de búsqueda, seguirá creyendo que el único problema de migración que existe en el continente americano es de los “millones de venezolanos” que huyen de la hambruna y otras vilezas del socialismo bolivariano, causándoles graves dificultades a las naciones vecinas.

Pero bajo esa tonelada de información (en parte vieja, exagerada o falsa) se oculta una crisis migratoria real, actual y de grandes dimensiones, que tiene como epicentro a Estados Unidos e irradia a Centroamérica y el Caribe.

Tuvo que ocurrir un hecho particularmente dramático (y mediático), la difusión de una foto de los cadáveres de un ciudadano salvadoreño y de su pequeña hija de menos de dos años, ahogados tratando de cruzar el río Bravo, para que la maquinaria mediática global cayera en cuenta de que existen problemas migratorios mucho más graves que el de Venezuela.

La fotografía de Oscar Martínez y su hija, Angie Valeria, tomada por la reportera gráfica Julia Le Duc, tuvo ese efecto de patada en el estómago a una sociedad que cultiva la hipocresía y el ocultamiento sistemático de la bárbara realidad de las legiones de pobres que quieren entrar a Estados Unidos a vivir su sueño americano. Son miles de personas que no huyen del socialismo, sino de países donde el modelo capitalista impera, y con él la pobreza más extrema y las organizaciones criminales.

Los cadáveres de padre e hija, encallados en la orilla mexicana del río fronterizo sacudieron una polémica que el Gobierno de Donald Trump (y toda la élite gobernante estadounidense) han tratado de mantener con sordina. Al estallar el escándalo salieron a relucir muchos otros casos dramáticos, como el de los migrantes procedentes de naciones de Centroamérica que abordan el ferrocarril mexicano conocido como “la Bestia” y, de manera casi literal, terminan muriendo de sueño porque los vence el cansancio y caen de los techos de los vagones donde viajan hacinados.

El caso de los salvadoreños no es ni lejanamente el único. En tiempos recientes han ocurrido varios parecidos, sin la “suerte” de la foto. El 23 de junio, dos bebés, un niño y una mujer murieron de calor en el valle del Río Grande. Tres niños y un adulto hondureños murieron en mayo cuando trataban de cruzar el río Bravo en una balsa.

Problema hemisférico

Inflar el problema venezolano e ignorar otro, de mayor magnitud, no es algo que haga solamente la maquinaria mediática. Lo hace toda la estructura de poder basada en EE.UU., con la Organización de Estados Americanos en lugar preferencial.

En su reciente reunión de Medellín, el secretario Luis Almagro solo utilizó la palabra frontera para reincidir en el que prácticamente es su único tema de declaración: la urgencia de derrocar el Gobierno de Venezuela. Esto fue así a pesar de que la crisis migratoria de Norte y Centroamérica estaba alcanzando un momento de máxima ebullición. Para Almagro esa crisis no existe.

Es parte de las terribles ironías de la política de EE.UU. En su empeño por arrinconar a Venezuela y forzar un cambio de Gobierno, una de sus estrategias ha sido calificar el flujo de migrantes venezolanos como “una crisis regional”. Para demostrarlo han manipulado todos los mecanismos internacionales disponibles. Pero los hechos están demostrando que la verdadera crisis regional la están protagonizando EE.UU. y varios de sus Gobiernos aliados en Centroamérica, especialmente Guatemala y Honduras.

La política migratoria de Trump siempre ha sido inhumana y cruel. Esto se hizo patente en otro de esos episodios en los que algún video se hace viral, cuando se denunció la existencia de cárceles infantiles donde se mantenía a los niños enjaulados, separados de sus padres, para luego ser sometidos a juicios de inmigración en los puntos fronterizos más calientes.

A pesar del revuelo que causaron las imágenes, la situación no ha sido modificada. Los niños migrantes siguen siendo cazados, separados de los adultos y enjaulados. Por el contrario, las más recientes vueltas a la tuerca de una política segregacionista ante los extranjeros han terminado por diseminar el problema e intoxicar a México, país que, amenazado con represalias económicas, se ha visto envuelto en operaciones de persecución a los migrantes que vienen del istmo. Ahora México ha pasado a ser, al mismo tiempo, un país reprimido y represor de las migraciones.

El Gobierno mexicano ha pretendido establecer controles en su frontera sur, con Guatemala, pero no ha tenido mucho éxito. La corrupción de las fuerzas de seguridad y el poder del crimen organizado han disminuido la efectividad del procedimiento, aunque las críticas se mantienen en alto, pues se dice que México se está haciendo cargo del célebre muro anunciado por Trump.

Así, el Gobierno de Andrés Manuel López Obrador ha tenido que añadir a sus muchos problemas la virtual militarización de sus dos fronteras, y se ha puesto en el trance de ejecutar medidas de corte impopular y regularmente asociadas con Gobiernos de derecha.

Además del flujo de migrantes centroamericanos en ruta hacia EE.UU., México enfrenta el problema del ingreso creciente de cubanos y haitianos que arriban ilegalmente a territorio azteca y solicitan asilo o estatus de refugiados. El caso de los cubanos es otro de los daños colaterales del “huracán Trump”, que en lo que va de su mandato ha destruido los avances alcanzados por su predecesor en el campo de las relaciones bilaterales con el país antillano. Mientras tanto, los haitianos siguen huyendo de un país que se encuentra prácticamente en guerra civil, con un Gobierno impopular, sostenido por EE.UU.

El malestar en toda la región ha ido in crescendo. Apenas en los primeros cuatro meses del año, más de treinta mil guatemaltecos fueron deportados por México. Parte de ese grupo fue detenido en territorio mexicano, mientras otros vienen deportados originalmente de EE.UU. A pesar del “filtro” mexicano, la Oficina de Aduanas y Protección Fronteriza de EE.UU. (la temida “Migra”) asegura haber detenido, solo en el mes de mayo, a ciento treinta y tres mil personas que pretendían ingresar ilegalmente a su territorio.

Un elemento agravante del problema es la gran cantidad de niños, niñas y adolescentes que forman parte de estos contingentes de migrantes ilegales. Una muestra de ello es que México reporta cuarenta y cinco mil personas devueltas a sus países de origen, de las cuales dieciocho mil son menores de edad.

Gobiernos sumisos

Otros dos componentes (aparte de México) del llamado Triángulo Norte de Centroamérica, son Honduras y Guatemala. Estas naciones tienen Gobiernos que siguen al pie de la letra la política criminalizadora de Trump sobre la migración. Lo hacen porque son políticos de derecha y, más que nada, porque tienen graves debilidades que Washington explota como pieza de chantaje.

Si el guatemalteco Jimmy Morales se negara a colaborar, caería en desgracia por los expedientes que guarda EE.UU. sobre sus vínculos con la endémica corrupción de su país. Por su parte, el hondureño Juan Orlando Hernández sabe perfectamente que solo el apoyo estadounidense lo mantiene en el cargo.

El otro país del Triángulo, El Salvador, está todavía de luna de miel con su nuevo presidente Nayib Bukele. Su política frente a este tema aún no está claramente delineada, pero es obvio que tendrá que implicarse, pues su país es uno de los que más aporta al flujo de migrantes. De hecho, en este momento es el protagonista del recrudecimiento del tema, por la muerte del hombre salvadoreño y su niña.

Un tema de campaña

La difusión viral de la fotografía de los ahogados en el río Bravo reactivó un tema que suele ser recurrente en la campaña electoral estadounidense, especialmente en los estados fronterizos. El tema explotó en el Congreso el 25 de junio. En la Cámara de Representantes, la mayoría demócrata tramitó un proyecto de ley de emergencia de ayuda humanitaria por cuatro mil quinientos millones de dólares.

Acto seguido, el Senado, controlado por los republicanos, rechazó el proyecto y propuso otro por el mismo monto, pero con enfoques obviamente distintos. Ahora, la partida de ayuda humanitaria tendrá que volver a la Cámara de Representantes.

Los dos polos de la corporatocracia estadounidense se atacan mutuamente con el tema migratorio. Aparte del impacto de la foto de Oscar y Angie Valeria, otros acontecimientos han traído de vuelta al primer plano la vergüenza de los niños enjaulados. Un video sobre las condiciones de hacinamiento e insalubridad en las que se encuentran unos trescientos niños presos sin sus padres en el centro de detención de Clint, estado de Texas, precipitó la renuncia de John Sanders, comisionado de la Agencia de Aduanas y Fronteras, que aún no cumplía tres meses en el cargo.

¿Despertar multilateral?

La escalada pública de la verdadera crisis migratoria del continente americano parece haber despertado también a algunas entidades multilaterales que hasta ahora parecían siempre enfocadas –siguiendo el patrón de Almagro– en el caso de Venezuela.

La Oficina del alto comisionado de las Naciones Unidas para los Refugiados (ACNUR) emitió un comunicado en el que expresó que “las circunstancias que llevaron a esta tragedia son inaceptables. Menos de cuatro años después de que el mundo fuera testigo del cuerpo sin vida de un niño refugiado sirio, Alan Kurdi, ahogado en las orillas del Mediterráneo, nos enfrentamos una vez más a la poderosa evidencia visual de personas que murieron durante sus peligrosos viajes a través de las fronteras”.

El alto comisionado, Filippo Grandi, quien a menudo declara sobre el caso venezolano, dijo esta vez que “la muerte de los inmigrantes está relacionada con el hecho de que nadie aborde en serio la violencia y desesperación que empuja a las personas a emprender viajes peligrosos en busca de una segura y digna”.

El comunicado de ACNUR y las declaraciones de Grandi no recibieron la misma difusión masiva que suelen alcanzar cuando se refieren a los flujos migratorios venezolanos. La maquinaria mediática tiene muy claro lo que debe ser y lo que no debe ser noticia. Si tiene alguna duda, haga la prueba de Google.

Por Clodovaldo Hernández / Supuesto Negado