Lo que Sheryl y el chavismo no quieren saber del entretenimiento

farándula

Llanto en Instagram, recriminaciones a través de canciones, cacería de “chavistas de closet” y la lenta extinción del Miss Venezuela…

Esa parece ser la nueva cotidianidad de la farándula venezolana, nunca muy glamorosa, pero que definitivamente ha visto tiempos mejores.

En un periodo de crisis muy aguda el estancamiento y descomposición de la farándula, de alguna manera, parece el revés de la clase política.

Igual que los políticos no parecen poder adaptarse bien a este periodo pospolarización la farándula venezolana, o al menos buena parte de ella, no parece haberse adaptado bien a los cambios que iniciaron con la llegada de internet y la televisión por cable, el cierre de RCTV y la internacionalización de Venevisión.

Y, por supuesto, a la crisis.

Descomposición

Puede ser un viejo actor de telenovelas languideciendo en un ancianato develando las fallas de nuestra Seguridad Social y el olvido de las empresas para las que trabajó durante décadas.

Alguno  que más bien trata de hacer un show de su propia miseria.

O los escándalos y el derrumbe en vivo y directo del Miss Venezuela y de todo lo que representó.

Pero todos son síntomas de la descomposición de nuestra farándula, que en algún momento llegó a ser tan importante en la cultura nacional, cuyos miembros a veces se consideraban no solo celebridades sino instituciones.

Lo que llama la atención es que celebridades más jóvenes, que están fuera de Venezuela, terminan siendo las que dan los espectáculos más lastimosos, como si no pudieran escaparse al derrumbe.

Sheryl Rubio, producto de las telenovelas de adolescentes y parte del elenco de una serie en Netflix, ventiló de forma un poco destemplada detalles de su ruptura con el cantante “Lasso” (hijo de Enrique Lazo) en las redes sociales.

Corina Smith, actriz y cantante, otro producto de las novelas adolescentes, también hizo un drama con una ruptura amorosa.

en los bordes de lo que queda de la farándula Venezolana, la periodista Angie Pérez hace carrera acusando a artistas y celebridades de ser chavistas, y el camino cosecha ataques de gente como Nacho y Jaime Bayly lo que, por supuesto, es la idea. Es el negocio.

Da la impresión de que así como los políticos, en medio de la crisis, han ido dejando de ser los organizadores de la vida pública, la farándula venezolana se ha descompuesto hasta no tener ningún tipo de impacto en nuestra cultura.

¿Eran felices y no lo sabían?

Antes del fatídico 27 de febrero, los hits de la radio eran todos de músicos venezolanos, y en general la música más popular era toda en castellano.

Las telenovelas eran las referencias culturales indiscutidas en el pop venezolano, y los noticieros y espacios de opinión gozaban de un enorme poder.

Las miss Venezuela eran una suerte de aristócratas, o al menos así trataban de mostrarlas.

Se puede decir que la “memoria colectiva” del antichavismo quedó estacionada a mediados de los años ochenta: salía una telenovela y el tema musical de la misma se volvía un éxito editado por disqueras como Sonográfica y Sonorodven.

En ese periodo la farándula era, ciertamente, un elemento muy importante en la cultura venezolana e influía realmente en la manera como los venezolanos pensaban y actuaban: Por estas calles (la telenovela y la canción de Yordano) moldearon la forma como muchos percibían la crisis de los años noventa.

Pero mucho antes de Chávez y de la polarización se inició el declive, en primer momento imperceptible, solo se hizo evidente cuando Venevisión fue transnacionalizada y RCTV desapareció.

La decadencia del antes fastuoso Miss Venezuela es el síntoma más claro de la caída de las grandes cadenas televisivas venezolanas.

Adaptarse o desaparecer

En los años siguientes la gente del pequeño showbiz venezolano tuvo que aprenderse a adaptar.

Los que tenían talento o eran verdaderos artistas o profesionales de su medio buscaron nuevos nichos dentro y fuera de Venezuela.

En la producción teatral muchos profesionales del medio, como Daniela Alvarado, se hicieron un nicho en el que trabajar o al menos trataron de hacerlo.

Aparecieron nuevos comediantes que se dedicaron al stand up comedy ahora que no existían programas de comedia nacionales.

Otros lograron atrincherarse en la radio.

Muchos emigraron o consiguieron trabajo en otras ramas del mismo negocio, como Jalimar Salomón, exestrella del Club de los Tigritos que terminó de maquilladora en Florida.

Pero, sea como sea, las cosas no son lo que eran.

El país ya no se paraliza por el final de la novela, no espera la parodia en Radio Rochela, no llena estadios para oír al comediante de moda…

El rechazo  a los dirigentes políticos es enorme, pero a diferencia de ellos, que forzosamente se postularán para cargos en el Gobierno y los ocuparán, la gente simplemente puede olvidarse de la farándula venezolana y ponerse a ver Game of Thrones o una narconovela o escuchar a alguno de los millares de artistas latinos que aparecen en YouTube.

A diferencia de la farándula de otros países que, para bien o para mal, se transformó en el siglo XXI, la venezolana parece que simplemente se desintegró.

Tal vez en este caso no sea tan pavoso citar la Biblia y decir cual Isaías: ¿Cómo caíste, estrella brillante?

Y a las estrellas caídas solo les queda la infinita nostalgia de YouTube.

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Por Fabio Zuluaga / Supuesto Negado