Fuenmayor Toro: “Oposición liderada por Guaidó se desgasta en forma indetenible”

En Venezuela no se conocen muchos intelectuales que mantengan la capacidad de repartir sus críticas equitativamente entre el Gobierno y la oposición. Uno de esos pocos casos es el del exrector de la Universidad Central de Venezuela, Luis Fuenmayor Toro.

Como ejemplo, queda esta entrevista exclusiva para Supuesto Negado, en la que le dice al Gobierno (o al chavecismo, como él prefiere llamarle) que ha perdido casi todo su apoyo popular debido más que nada a la ineptitud y la corrupción; y le dice a la oposición (concretamente al sector más visibilizado por los medios de comunicación, el que ahora encabeza Juan Guaidó) que está incurriendo en el delito de traición a la patria al convocar a fuerzas militares extranjeras a que actúen en el país.

El médico Fuenmayor Toro (Caracas, 1945) aplica el protocolo de su profesión: evalúa, diagnostica, ordena tratamiento y pronostica. A veces también utiliza símiles médicos para exponer su punto de vista: “Pedir que invadan a Venezuela para salvarla de Maduro es como recomendar cortarle la cabeza al paciente para salvarlo de un tumor cerebral”.

A su juicio lo más preocupante de este cuadro clínico es que factores extranjeros estén tomando las decisiones sobre el destino del país. “Es una aberración que la solución de la grave crisis económica, social y política del país se esté decidiendo en ausencia del pueblo venezolano, a espaldas de la nación e incluso fuera del territorio de Venezuela”.

¿Qué opciones le ve a la oposición y al chavismo, luego de casi tres meses de esta etapa de la confrontación en la que tiene tanto protagonismo el factor internacional?

Hay primero que señalar que la oposición no es una sola. No es solo la que los medios se empeñan en mantener como única, la que Almagro y Trump reconocen, la del Grupo de Lima. Todos esos factores ignoran la existencia orgánica de otros grupos, que han demostrado electoralmente su fuerza. Están, por ejemplo, el MAS, Soluciones, Cambiemos, Bandera Roja, Copei, Esperanza por el Cambio; está lo que han dado en llamar el chavecismo disidente (UPP-89, la Plataforma de Defensa de la Constitución, Marea Socialista, Redes) y están varios otros movimientos que son también fuerzas opositoras, a las que se pretende marginar del escenario político-electoral por la oposición polarizada dirigida desde la Asamblea Nacional. Esta otra oposición se reúne en distintos organismos, opina, actúa y tiene proposiciones distintas de las privilegiadas por la prensa y desde el exterior.

¿Cómo evalúa el desempeño de la oposición encabezada por la Asamblea Nacional?

La oposición de Guaidó se desgasta en forma indetenible, al no poder concretar una oferta inmediatista engañosa hecha a los venezolanos. Ha logrado grandes movilizaciones de calle y tiene un respaldo internacional poderoso, pero su inmediatismo, su soberbia, su sectarismo y las profundas divisiones en su seno van haciendo mella en su poder interno de convocatoria. No hay peores enemigos de Vente Venezuela que el resto de los partidos de la Asamblea, que por ejemplo le niegan su derecho a tener una fracción parlamentaria. Hay diferencias entre sectores caprilistas, de AD y UNT en relación a Voluntad Popular, Primero Justicia y Vente Venezuela. Esas diferencias no han hecho explosión todavía, pues las victorias alcanzadas lo evitan, pero tan pronto se debilite la política del “1, 2, 3” expuesta por Guaidó, aparecerán en forma cataclísmica. El tiempo conspira contra Guaidó y a favor del Gobierno.

¿Cuál es su diagnóstico sobre el chavismo?

El chavecismo, por su parte, está contra la pared en muchos aspectos, sobre todo por la presión internacional, las graves sanciones económicas y la baja producción petrolera, que han dejado al país sin divisas y con mucho menos posibilidades de maniobra. Pero además por sus graves limitaciones de conocimientos e incapacidad en el manejo interno de los servicios, los cuales son un completo desastre en la actualidad. El reciente apagón, la falta de agua, el naufragio de la salud pública y asistencial, la inseguridad, la corrupción, el hundimiento educativo, la soberbia, la indolencia, la ausencia total de autocrítica, le han hecho perder el inmenso apoyo popular que una vez tuvieron. Se mantienen solo por la Fuerza Armada Nacional Bolivariana, cuya solidez interna no conocemos, pero que hasta ahora no ha sido rota. EE.UU. juega a la asfixia económica del régimen, aunque se asfixie también a los venezolanos.

La situación actual podría hacerse crónica

Tras esa visión negativa de ambos sectores en pugna, Fuenmayor Toro lanza pronósticos, en algunos caso también bastante sombríos, pero en otros proveedores de cierto aliento.

La aproximada igualdad de fuerzas entre el Gobierno y la Asamblea Nacional posibilita un escenario en el cual se haga crónico el estado actual de cosas. Se estabiliza una situación de relativa paz, con brotes agudos de violencia, manifestaciones, protestas, actos terroristas, represión gubernamental, sin que el conflicto se resuelva. El deterioro de las condiciones de vida continúa y en esto podríamos pasar uno o dos años. Si las actividades opositoras se desinflan, el Gobierno se estabilizaría, pero como las sanciones continuarían haciendo mella pudiera aparecer un escenario de negociaciones, que dé paso a una salida pacífica consensuada. Esta opción podría trabajarse una vez que sean marginados los extremistas de ambos bandos.

¿Cómo evalúa hoy a Juan Guaidó?

No conozco a Guaidó. No había oído hablar de él antes de que fuera el candidato de Voluntad Popular para presidir la Asamblea Nacional. Se me había dicho que era un líder muy radical y peligroso para la paz y para la estabilidad de la propia Asamblea. De resto, solo puedo opinar por lo que he visto desde el 5 de enero para acá. Es un líder joven, de discurso sencillo y directo, de extracción popular y que hasta ahora ha seguido una disciplina partidista estricta. Obedece más a los intereses de su partido que a los de la nación venezolana. Tiene un liderazgo generado por la desesperación de la gente, ante el desastre existente en Venezuela. Producto de la actitud mesiánica demostrada por los venezolanos con Irene Sáez, primero, y luego con Hugo Chávez a finales de los noventa. En este sentido, Guaidó es un Chávez civil, más joven, profesional, que ha levantado la esperanza de resolver a la brevedad lo que nos ocurre. Le dice a la gente lo que esta quiere oír. Los medios de comunicación opositores inmediatamente se han alineado con este nuevo liderazgo, como hace más de 20 años lo hicieron con Chávez. Ha tomado decisiones que no ha consultado con la Asamblea Nacional ni con el liderazgo político que le acompaña, algo también similar a lo ocurrido con el teniente coronel, que decidía y luego a veces informaba. Guaidó no ha construido un liderazgo colectivo, como tampoco lo hizo Chávez. De lo dicho se desprende que el liderazgo de Guaidó tiene carácter aluvional, por lo que puede desaparecer tan rápidamente como apareció, si las expectativas creadas en la población no son satisfechas.

¿Qué probabilidades le otorga a una acción militar estadounidense?

La ocurrencia de la invasión estadounidense no es tan fácil, a pesar de que Trump se ha metido hasta el cuello en el caso venezolano y ha prometido el retorno de la democracia. No hay apoyo para esta acción en la ONU, ni en la OEA, ni en la comunidad europea; ni siquiera en el Grupo de Lima, Brasil ni Argentina. Solo Colombia, y principalmente Uribe, estarían por esta salida. En este aspecto, hay un horizonte temporal dado por el inicio de la campaña presidencial estadounidense, para la cual Trump debería poder mostrar más resultados que los existentes. Otra incógnita es el plazo dado por la Unión Europea de 90 días para arribar a una proposición.

¿Cuál es su posición frente a la opción de la salida de fuerza, ya sea por intervención militar o por otra vía?

La salida debe ser pacífica, pero si va a ser violenta, como en el caso de un golpe de Estado, debe mantenerse en el ámbito nacional. Siempre he estado y estaré contra cualquier invasión militar extranjera en Venezuela, venga de donde venga. La presencia cubana en el país no puede ser catalogada como una invasión militar, como tampoco podía ser catalogada como invasión militar la presencia estadounidense en Venezuela en el pasado adeco-copeyano, pero estuve entre los primeros que condenaron la injerencia cubana en nuestros asuntos internos, su presencia importantísima en actividades que deben estar reservadas solamente al Estado venezolano, como son las de identificación, las de registros y notarías, entre otras. Su presencia hegemónica en el sector salud, en el cual disputaron la rectoría al ministro del sector. Para mí, quienes ejecutan concretamente acciones que buscan la intervención de ejércitos extranjeros en el país son traidores a la patria. Lo establece claramente la Constitución actual y lo establecía también la Constitución anterior. Además, una invasión militar extranjera produciría una destrucción humana, material y moral de grado gigantesco. Lo que vivimos recientemente con el apagón es una tontería al lado de lo que una invasión produciría durante meses o años. Venezuela quedaría luego muy disminuida en el concierto de naciones del mundo y la recuperación sería muy dolorosa y muy larga. Invadir a Venezuela, con la excusa de evitar el daño que Maduro y su mafia le ocasiona a los venezolanos, es como pedir cortarle la cabeza a un paciente para salvarlo de un tumor cerebral. La salida a esta crisis debe ser: nacional, democrática, pacífica y constitucional.

Como académico, ¿qué opina del rol que han tenido en estos meses las universidades y los intelectuales en general?

Las universidades han caído en la trampa de participar en la lucha por la toma del poder político, cuando esa no es su función. La universidad está para formar profesionales e investigadores de elevado nivel, para generar conocimiento científico y para entregar ese conocimiento a la sociedad, de manera que esta lo utilice para su bienestar e independencia. La universidad está para estudiar la realidad, descubrirla, evaluarla, valorarla y proponer las acciones y los correctivos a que haya lugar, para mejorar el desempeño social. La universidad está para decirle al Gobierno qué está haciendo mal, para alertarlo, para reclamarle sus inconsecuencias, para darle luces de cómo actuar, incluso para juzgarlo. Pero no está para participar en la diatriba política. Debe estar en “lo político”, no en “la política”. Sus autoridades pueden tener, como venezolanos que son, posiciones políticas, pero estas no pueden arropar a la universidad, cuya pluralidad e independencia son vitales.

¿Y los intelectuales?

Los intelectuales, por su parte, han sido víctimas de la polarización política existente, de la beligerancia cotidiana, lo que ha mermado sus capacidades para la comprensión de la realidad. Los prejuicios, los afectos y desafectos, los “a priori” actúan contra la necesaria objetividad que hay que tener en los momentos más difíciles. En este sentido, muchos intelectuales bien formados han pasado a comportarse como masa, como el pueblo llano, reduciendo su efectividad en el indispensable análisis creativo de lo que sucede.

¿Qué le parece lo más grave de la actual coyuntura?

Es una aberración que la solución de la grave crisis económica, social y política del país se esté decidiendo en ausencia del pueblo venezolano, a espaldas de la nación e incluso fuera del territorio de Venezuela. El país es hoy víctima no solo de quienes lo desgobiernan, sino de los intereses de otras naciones, algunas incluso con claros apetitos sobre nuestro territorio y nuestras riquezas. Es inaudito que el destino de Venezuela lo estén decidiendo EE.UU. y Rusia, o lo quieran decidir Colombia, Brasil y Guyana, Estados que se han apropiado a lo largo del tiempo de la mitad del territorio de la Capitanía General de Venezuela. Que ellos actúen en esa forma es entendible, pero que sean venezolanos y líderes políticos venezolanos quienes les den esa atribución, es realmente una aberración gigantesca. Y esto es lo que ha venido planteando la dirigencia política de la Asamblea Nacional y su cabeza más visible, Juan Guaidó. Ante esta perversión solo cabe luchar por hacer regresar la capacidad de decidir a la nación venezolana, a sus integrantes, al pueblo soberano, despojado de sus atribuciones tanto por un Gobierno, que en la práctica nada ha hecho en su favor, como por una oposición interesada solamente en detentar el poder, sin preocuparle realmente el bienestar de la nación.

Partidario del referendo consultivo

Fuenmayor Toro forma parte del grupo de organizaciones e individualidades que han propuesto como salida a la crisis política la realización de un referendo consultivo para que el pueblo decida si quiere o no ir a unas elecciones generales (presidenciales y legislativas). Al respecto dio sus apreciaciones acerca de los obstáculos que enfrenta inicialmente esa idea y las vías para superarlos.

El Gobierno no parece interesado en abrir una consulta al soberano. Sabe, aunque lo niegue y dé los argumentos más estrambóticos, que no puede ganar una elección que se realice en condiciones equitativamente regulares. La hoja de ruta llevada adelante por la oposición no permite el establecimiento de conversaciones entre los enfrentados. Es ridículo pensar que alguien puede acceder a suicidarse políticamente y menos cuando tiene todo el poder en sus manos. La hoja de ruta no puede ser decidida por los polarizados, por los enfrentados a muerte. Ni Maduro ni Guaidó son quienes para atribuirse la potestad de decidir por los venezolanos. Esa decisión tampoco puede estar en EE.UU. y Rusia o en China, Colombia, Cuba, Brasil, Europa o Bolivia. Esa hoja de ruta debe ser decidida por los venezolanos, a través de medios constitucionales, no por encuestas o concentraciones de calle, donde el número de participantes es infinitamente menor que el de votantes. Un referendo consultivo, organizado por un nuevo CNE: imparcial, independiente, equitativo y justo, cuya realización sea supervisada por los organismos especiales de la ONU, en el cual el soberano se pronuncie sobre si se convoca de una vez a elecciones nacionales: presidenciales y legislativas. Esto sería mucho más democrático y constitucional y marginaría las salidas violentas y no soberanas.

Por Clodovaldo Hernández / Supuesto Negado