CON TRUMP VOLVERÁ LA JAURÍA DIPLOMÁTICA

Cuando se anuncie que Donald Trump ganó las elecciones, las derechas y las ultraderechas de Venezuela y América Latina tirarán cohetes. Los analistas contrarrevolucionarios de la región, con caras relamidas de felicidad, pronosticarán que los gobernantes indóciles ahora sí sabrán lo que es bueno. Incluso, es posible que el propio Trump –bocón como él solo– pronuncie alguna bravata de las suyas acerca de lo que piensa hacer con respecto al una vez denominado “patio trasero” del imperio.

Por supuesto que el alboroto tendrá especiales resonancias en Miami, donde ahora conviven (a duras penas, según chismean por ahí) los exiliados cubanos y los venezolanos. Es de suponer que la línea dura republicana intentará tempranamente dictarle la pauta al nuevo presidente en materia de política internacional. Y volverán a figurar en los programas de opinión y en los foros políticos esos cavernícolas que tanto daño hicieron en tiempos del sulfuroso Bush. ¡Vade retro!

Luego de ese primer momento de euforia, llegará la hora de la verdad. ¿Cómo actuará Trump en esta materia trascendental? Una posibilidad es que el copetudo millonario se dedique a gobernar a su aire, sin embarcarse en las aventuras abiertamente intervencionistas que le propondrá la jauría rabiosa de los ultrarreaccionarios. Otra opción es que decida dejar la política exterior en general, y las relaciones con los vecinos hemisféricos en particular, en manos de “los que saben”, es decir, de la mencionada jauría. En fin, que el hombre no sólo es impresentable, sino también imprevisible, como lo dijo recientemente Julián Assange, el de Wikileaks.

Hasta ahora, el casi seguro candidato republicano, ha hablado sobre Latinoamérica con un enfoque típico de la mercadotecnia política gringa: tremendismo puro que genere titulares de prensa, tuits y retuits. Con el asunto del muro que construirá para evitar que entren mexicanos ilegales ha generado suficiente turbulencia. Y con respecto a Venezuela, ha soltado insolencias como que no le gustaría invertir acá, sino comprar el país completo, si le hacen una buena oferta. Habrá que ver si cuando esté en la Casa Blanca deja a un lado ese desparpajo y asume otra actitud o si será emperador en esa misma tónica.

El manejo de este escenario, a medio camino entre la indignación (por la falta de respeto) y la carcajada (por lo ridículo que es el sujeto), puede hacer que muchos latinoamericanos terminen ligando que gane Hillary Clinton, de quien podría esperarse un mejor trato. Una idea bastante ilusoria, si se considera que la ex primera dama fue, como Secretaria de Estado, una especie de versión femenina de Henry Kissinger. Una esperanza falsa, si se tiene conciencia de que Clinton es la candidata de eso que antes se llamaba el complejo industrial-militar, y que ahora debería llamarse el complejo bancario-mediático-militar. Una estupidez, porque al final de cuentas, al lado de ella, el vociferante y pelucón Trump es –políticamente hablando– un niño de pecho.

Clodovaldo Hernández/Supuesto Negado