Guaidó amenaza a Maduro blandiendo un garrote ajeno: el del Comando Sur

Con toda seguridad, Juan Guaidó no es el único parlamentario en el mundo (ni en la historia venezolana) que amenaza al jefe del Poder Ejecutivo. Las amenazas son parte del juego político, en especial cuando la oposición controla la instancia legislativa, en cualquier país donde funcione el sistema de contrapesos entre poderes. Pero lo que sí es inusual –y hasta podría decirse que contra natura– es que el presidente del Parlamento amenace al Gobierno con una posible represalia a cargo de una potencia extranjera.

Eso es lo que está sucediendo en Venezuela: el jefe de la Asamblea Nacional amenaza al jefe del Estado con una intervención del Ejército de Estados Unidos. Y no lo hace soterradamente, sino en declaraciones públicas.

Esa actitud solo demuestra cuán dependiente es la dirigencia opositora del factor externo y también hasta qué punto los líderes han resuelto reconocer abiertamente esa subordinación. Difícilmente puede encontrarse en la historia nacional, luego de la guerra de Independencia, un caso tan inequívoco de sumisión y obsecuencia por parte de una clase política nacional a los dictámenes de una fuerza imperial. Las élites que dominaron a Venezuela desde 1830 y hasta finales del siglo XX eran –salvo honrosas excepciones– de posturas conservadoras y proimperialistas, pero se las arreglaron siempre para guardar ciertas mínimas apariencias.

Guaidó, basándose en el argumento de que el Gobierno es ilegítimo y Maduro es un usurpador, no tiene empacho en hacer desplantes públicos a nombre de la fuerza que lo sostiene: la del Gobierno de Estados Unidos. Su actuación es propia de un procónsul de la camarilla guerrerista de Washington.

La más reciente demostración de esto la dio el diputado que se autojuramentó presidente de la república al declarar, apoyándose nada menos que en las advertencias belicistas del jefe del Comando Sur estadounidense, Craig Faller, quien se ha dedicado a mostrar la musculatura, los dientes y las garras imperiales, afirmando que los marines están listos para “hacer lo que sea preciso” en Venezuela

Sin ningún rubor, Guaidó dijo: “Tienen que entender que esto no es un juego, que hay consecuencias”, legitimando así una posible agresión de una fuerza militar foránea contra el país.

A la abogada y constituyente María Alejandra Díaz no le extraña absolutamente nada que Guaidó tenga tal actitud. “Recordemos que él es una pieza fundamental para el ataque interno de las instituciones y el debilitamiento de la gobernabilidad en Venezuela [expresó Díaz, en declaraciones para Supuesto Negado]. Es un señor que dice ser venezolano, pero que en sus actos, de venezolano no tiene nada. Ese respaldo a los intereses de una potencia hostil y contra los de su propio país es la más clara posición pitiyanqui, arrastrada y miserable”.

“Lo que lamento es que aún esté libre porque debería estar pagando por los crímenes que ha cometido en contra de todo el pueblo venezolano y de la soberanía nacional. Lo lamento de verdad, pero la decisión al respecto no es mía”, enfatizó Díaz, integrante de la comisión constituyente que estudia el tema de la posible convocatoria a elecciones parlamentarias.

Compensando un chiste

Es posible que esta amenaza con los marines, formulada en el tono del niño que dice “mi hermano mayor te va a caer a golpes”, haya sido fruto de una recomendación de los asesores de imagen para atenuar los daños que el mismo Guaidó se infligió cuando hizo una broma sobre la presencia de personas de apellido Marín en una concentración en La Guaira. Aunque parezca otro detalle surrealista, ese desplante acerca de los legendarios marines de EE.UU. le trajo una marejada de insultos provenientes del ala extrema del antichavismo, que sí quiere la intervención militar estadounidense. Hasta “comunista” le dijeron por burlarse de los potenciales libertadores.

La amenaza de Guaidó apoyada en una posible acción militar extranjera contra el país acentuó las inquietudes de quienes se preguntan hasta dónde se le permitirá llegar al diputado en este tipo de acciones y declaraciones, que bien podrían tipificarse como delitos de lesa patria. La estrategia de no victimizarlo ha tenido apoyo en general dentro del sector revolucionario, pero con actitudes tan abiertamente antinacionales, la indignación se agudiza.

Para entender la gravedad de la postura del diputado del partido ultraderechista Voluntad Popular basta con imaginar lo que le ocurriría a un representante o un senador de EE.UU. si amenazara a Trump con una posible agresión militar de Rusia, China, Irán o Corea del Norte.

Por Clodovaldo Hernández/ Supuesto Negado