GUERRA MEDIÁTICA 2.0

Clodovaldo Hernández recordando el 2002 nos anima: “la lucha dentro de las redes es y será siempre contracultural”


Batallas (virtuales) finales. En 2002, el diario El Nacional comandaba el pelotón de medios impresos participantes en el golpe de Estado, y así lo demostró en su edición extra del 11 de abril al mediodía. “La batalla final será en Miraflores” decía el título de aquel panfleto pseudoperiodístico. Hoy, la consigna no ha variado mucho, pero ya nadie piensa en ediciones extraordinarias en papel. Es más, ya ni siquiera importan las ediciones ordinarias en papel, salvo para los lectores que tienen perritos. Ahora el pseudoperiodismo esencial fluye a través de las redes sociales. La batalla final, tal parece, es y será virtual.

Cambio de careta. En lo que a los grandes medios de comunicación convencionales se refiere, no ha habido un cambio de fondo, salvo en la careta tecnológica. Los propósitos de restauración neoliberal son los mismos de hace quince años.

¿Neutrales? No, gatopardianos. Luego de que los avances tecnológicos y su propio desprestigio hundieran a los periódicos tradicionales, surgieron unos medios novedosos, exclusivamente digitales, que se presentaron como rescatistas del periodismo serio. Sus dueños o, al menos, sus mascarones de proa, prometieron que serían neutrales y equilibrados. Algunos lo cumplieron en sus primeros tiempos. Pero la determinación de neutralidad les duró hasta que los intereses que los financian apretaron las tuercas. Ahora son, casi sin excepciones, trincheras para la guerra contrarrevolucionaria, igual que sus anticuados predecesores. Todo cambió para que nada cambie.

Ala mediática, ala pirómana. Los medios de comunicación antichavistas siempre han sido una pieza fundamental del conglomerado opositor. De hecho, fueron los jefes de los sucesos de abril de 2002, del show de la plaza Altamira, del paro petrolero-patronal, de la estentórea denuncia de fraude en el revocatorio presidencial de 2004 y de la forzosa renuncia de los candidatos opositores a la Asamblea Nacional en 2005. Luego empezaron a perder protagonismo. Hoy por hoy intentan retomar su rol, presionando a favor de las iniciativas del ala pirómana de la MUD, ahora con una apariencia 2.0.

Zona de confort. Los dueños de medios y los empleados que son solidarios con sus líneas editoriales e informativas se sienten más cómodos en esta nueva etapa de las comunicaciones, basadas en redes sociales. No es de extrañar, pues el llamado periodismo ciudadano ofrece la conveniente posibilidad de echarle la culpa al público por las inexactitudes, mentiras y calumnias que se publiquen, no importa que esto se haga bajo la cabecera de un “ex gran periódico”.

Armas soñadas. Las redes sociales y los últimos avances en otras plataformas digitales son los artefactos ideales para los conflictos no convencionales. Se puede escribir, decir o mostrar lo que sea y convertirlo en tendencia, aunque sea un invento de principio a fin. La veracidad de los datos es, realmente, un asunto irrelevante. Además, generan un estado de adicción que no habían logrado ni la prensa, ni la radio, ni la TV. Estos avances son el arma con la que soñaron los grandes genios de la propaganda de guerra en el pasado. Por fortuna, el señor Goebbels no la tuvo a mano.

Son aparatos hegemónicos. Sin duda que la Revolución no tiene más remedio que entrar en la guerra 2.0, en la 3.0 y en las que vengan después. Así lo entendió temprano el comandante Chávez cuando se sumó a Twitter. Detrás de él se incorporaron miles de revolucionarios y, mal que bien, se ha dado la pelea. Pero no se puede perder nunca de vista que las redes sociales y la maquinaria completa de Internet están bajo el control hegemónico de los adversarios globales y locales, actuales e históricos del pueblo. Puede que las ideas iniciales hayan nacido en la cabeza de jóvenes genios trabajando en el garaje de su casa, pero luego todos esos recursos han sido fagocitados por el sistema capitalista dominante, y puestos a su servicio. Para decirlo en 140 caracteres: Para las fuerzas populares, la lucha dentro de las redes sociales, igual que en los medios convencionales, es y siempre será contracultural.

clodoher@yahoo.com