Gutiérrez: Latinoamérica es más cruda de lo que muestran mis películas

Jackson Gutiérrez encarna, incluso quizás sin proponérselo, el estereotipo del pana del barrio. Seguramente, para la alta alcurnia del cine nacional, no representa el talante del creador culto aterido por la contrariedad existencial y sometido a las diatribas intelectuales del arte. El chamo, de 36 años, es artífice de algo que él defiende como “cine guerrilla”, que no es más que hacer cine en Venezuela, en estado casi de preguerra, sin presupuesto, a lo arrecho.

No estudió cine en París ni anda pendiente de la “nouvelle vague”. En todo caso, anda en una de Bollywood (la gran maquinaria del cine indio) pues produce hasta dos películas por año. Un cine, dicho sea de paso, con una narrativa árida, espesa, con profunda incidencia en los dramas sociales, que recuerda quizás al más polémico Clemente de la Cerda y su célebre Soy un delincuente, que en su momento, 1976, fue una de las películas más taquilleras del cine venezolano, superando al Tiburón de Steven Spielberg.

Y no viene de disfrutar de una beca de estudios en Los Ángeles ni en San Antonio de los Baños. Era peluquero en Petare. Ya inscrito en el séptimo arte, a punta de guataca, lleva hasta ahora como director, actor y productor, veinte largometrajes realizados, seis exhibidos en cine y dos por estrenar, además de un trabajo en ciernes que viene rodando y espera estrenar a mediados de año. De los cortometrajes perdió la cuenta, pero en YouTube al menos se consiguen como diez. En materia de seriales, lleva una lista importante de producciones y coproducciones como Atrapada que hizo junto a Ávila TV, Hierba Maldita, y actualmente Bala para Bala que también se pueden ubicar en YouTube y, cómo no, entre los distribuidores de “quemaítos” que reinan entre los pasillos azarosos de la ciudad.

¿El país? Una película de ficción que supera la crudeza de cualquiera de sus propuestas cinematográficas. “Más bien a mi me ha tocado en mis historias buscar la manera de suavizar la realidad. Yo siempre he dicho, desde que empecé a hacer este tipo de cine, que uno no puede tapar el sol con un dedo, uno tiene que mostrar las cosas para que los jóvenes se vean reflejados en la pantalla. Pero lo que estamos mostrando, de verdad es muy fantasioso frente a la realidad que presenta nuestro país”.

El año pasado estrenó El hijo del presidente, lo más reciente. Un film que a pensar de que hace referencia al momento político, es una fábula que habla de la posibilidad de que los jóvenes salven al país. “Imagínate, se estrenó hace un año y ya hablaba de la problemática del agua, el problema de los jóvenes en las comunidades, que no tienen donde jugar, no tienen para los medicamentos, una niña que sufre de cardiopatía congénita, que no tiene casi esperanzas de vida, y este joven que recorre todos estos barrios se enamora de la hermana de uno de sus captores y al final se vuelve una historia de amor y esperanza”.

Ya no es barbero. Entregó el negocio, pero de vez en cuando afeita a su hijo y a sus allegados. Tampoco es enchufado, como se atreven a llamarlo muchos de sus detractores cuando observan el volumen de su producción. Es autogestionario y con buena labia, convence al que tiene que convencer. Se dedica íntegramente al cine y anda girando (si se puede y la plata alcanza) presentando su propuesta de cine guerrilla a través de talleres prácticos que imparte donde lo manden a llamar, como recientemente en Bogotá, de donde salen las grabaciones de parte de su producción.

¿No es más fantasioso el país que el cine?

Yo siempre lo he dicho, a mí me dicen que soy muy crudo con lo que quiero plasmar en el cine y en la televisión, y yo respondo que eso no se acerca ni un poquito a lo que se vive día a día en nuestras barriadas y en nuestro mundo. Ahorita en Latinoamérica se están viviendo cosas más duras de lo que muestra mi cine.

¿Cómo haces para producir tanto en una época tan difícil?

Yo tengo una productora, Jackson film, donde preparo a jóvenes que no han cumplido su sueño de estar en televisión o cine. Nosotros realizamos cortometrajes o series, que las pueden ver en mi cuenta YouTube, y son producciones así, que nos tomamos un fin de semana cuando estamos libres, y hacemos un cortico, con una camarita, como yo empecé, pero ahora un poco más profesional, con historias de diez minutos, en la misma barriada, la subimos. Hago seriados, y ahí los muchachos se van preparando, con la mente ocupada y nada de ocio, y cuando viene la iniciativa de hacer una película, ellos mismos son los actores, y los ligo con actores profesionales. El que quiere hacer, hace, yo no me meto en mi cabeza que el país está destruido, porque si nos ponemos todos en eso el país se sigue hundiendo. Yo creo que la cultura es una herramienta bastante positiva para todas estas cosas que están pasando. Y no le pido dinero a nadie. Yo mismo reúno, me le meto a la gente y la convenzo de un proyecto. Trabajo más que todo en familia, con gente que conoce mi trabajo en cine guerrilla, y nunca paro, siempre activo con el cine venezolano.

A nivel de producción y postproducción, ¿cómo haces?

La producción siempre es manejada por el mismo equipo. Mi esposa es la productora, mi otro productor de campo que siempre ha estado conmigo desde hace diez años, más la gente que es del cine profesional que siempre se activa conmigo.

El milagro es el nivel de distribución de tu trabajo

Bueno, yo después de que hago una película y se presenta en el cine, igual la promociono en televisoras internacionales, como Cine Latino, que se interesan en mi material. Ya después de eso no tengo ningún problema en que la gente la pueda visualizar en YouTube y una vez allí la gente la queme en los buhoneros, ahorita no tanto por el tema de la inflación. Pero después de que se estrena, más bien me gusta que la gente que no puede ir a una sala de cine ni tiene acceso a internet, pueda ver mis películas por cualquier otra vía. Yo nunca me olvido de donde vengo para saber a donde voy. Yo vengo de ahí, la piratería fue la que me elevó con mi primera película, Azote de barrio, y gracias a eso alcancé muchas cosas como darme a conocer y todo el éxito que uno ha cosechado en el camino.

Los apagones ¿no te dan ideas para una película?

Mira, yo creo que sí, pero ¿qué pasa?, que cuando ves un problema que no es del barrio sino de toda Venezuela, ¿te vas a aprovechar de la situación agua, la situación luz? Eso ya lo estamos viviendo. ¿Vas a mostrar en el cine o la televisión, la misma vaina que está viviendo el país? Eso es envenenar más las cabezas, alimentar el odio que está viviendo la gente. Ya esto es una película, entonces no comparto esa ideología. Yo trato más bien de concentrarme en mis historias de barrios y me mantengo alejado de la política, no me gusta y no quiero mostrar cosas que envenenen más a la gente. Mis películas tratan más bien de llevar un mensaje esperanzador y positivo.

Por Marlon Zambrano / Supuesto Negado