¿SIRVE DE ALGO –POSITIVO– EL AUMENTO CONSTANTE DE LOS SUELDOS?

Ante la hiperinflación criolla los constantes aumentos de sueldo resultan insuficientes. No solo por la precaria capacidad de compra que ofrecen estos incrementos sino, además, porque inmediatamente los comerciantes aumentan –aún más– los precios.

Mientras los detractores aseguran que es apagar fuego con gasolina, el Gobierno insiste en que los precios suben, haya o no aumento.

Una de las características históricas del chavismo ha sido el aumento constante del sueldo mínimo, y en general, de los salarios de los trabajadores: en 2008 dos veces; en 2009, 2010, 2011 y 2012 tres veces; en 2013, 2014 y 2015 cuatro veces; en 2016 y 2017 seis veces. Este año van 2 aumentos.

A finales del año 2012, la propaganda oficial remarcaba como uno de los logros más importantes que en Venezuela se pagaba el ingreso mínimo legal más alto del continente: 476 dólares (al cambio de la época).

Hoy día, el ingreso integral mensual de los venezolanos es 1.307.546 bolívares. Si tomamos como referencia el tipo de cambio oficial vigente (Bs. 83.818 de la subasta DICOM el 06 de mayo) serían cerca de 16 dólares y a dólar negro apenas 2). En ambas cantidades es el más bajo del continente cuyo promedio actual están en torno a los $ 350.

Los compas del portal 15yultimo recordaron en un artículo reciente que con el Ingreso Mínimo Legal Familiar del año 2012 (dos salarios mínimos más sus respectivos bonos alimentarios) se lograba comprar 5,4 veces la Canasta Básica Alimentaria. Seis años después, en mayo de 2018, el costo de los mismos productos es 11 veces superior al ingreso mínimo familiar.

“Con los salarios actuales no hay recuperación económica posible ni economía productiva que valga. Por esa vía, lo que queda es seguir asistiendo a la fuga irremediable del bono demográfico, junto a la derivación de los que no se van del país hacia actividades meramente especulativas, desde el rebusque en calle y la reventa de bienes hasta la especulación cambiaria y la última fiebre: la minería digital, una actividad meramente especulativa que consume recursos de todo tipo sin generar beneficios sociales algunos”.

¿Cómo pa´qué se decreta el salario mínimo?

La regulación del salario mínimo fue establecida por primera vez en el Estado australiano de Victoria, en la Employers and Employes Act de 1890 como respuesta a los levantamientos obreros por mejores condiciones laborales.

Ese mismo año, en la denominada huelga marítima de Nueva Zelanda también se aprobó el salario mínimo. Posteriormente fue regulado por la Ley de Arbitramiento y Conciliación Laboral de 1894.

Desde entonces, diferentes movimientos obreros, sindicatos de trabajadores y otros colectivos debaten por las mejoras del salario mínimo –o ingreso mínimo legal– en prácticamente todos los países del mundo, evidentemente con diferentes resultados.

En teoría, y básicamente, el salario mínimo debe garantizar al trabajador el acceso a la vivienda, a la Canasta Básica Alimentaria, vestuario, transporte y útiles escolares para sus hijos.

La Organización Mundial del Trabajo se creó en 1919 y se dedicó a luchar para que se extendiesen disposiciones que fijasen salarios mínimos entre los países miembros. En 1928 se aprobó el Convenio sobre los métodos para la fijación de salarios mínimos, que entró en vigor en 1930.

En EEUU, se instauró inicialmente en Massachusetts en 1912. En Latinoamérica el primer país en legalizarlo fue México en 1917.

En Venezuela, con la promulgación de la Ley del Trabajo de 1936, se reguló la posibilidad de establecer salarios mínimos obligatorios para industrias o ramas determinadas.

Valga recordar que el artículo 91 de la Constitución Nacional estatuye que todo trabajador o trabajadora tiene derecho a un salario suficiente que le permita vivir con dignidad y cubrir para sí y su familia las necesidades básicas materiales, sociales e intelectuales.

“El Estado garantizará a los trabajadores y trabajadoras del sector público y del sector privado un salario mínimo vital que será ajustado cada año, tomando como una de las referencias el costo de la canasta básica”, dice el texto legal.

¿A dónde vamos a parar?

Sin embargo, la penosa experiencia cotidiana nos demuestra, una y otra vez, que sin medidas complementarias –en materia de control de precios y de disponibilidad real de productos– los aumentos de sueldos se diluirán como sal en agua por la vía de los sobreprecios en un escenario con una fuerte inercia especulativa.

Si bien es cierto la crisis que estamos viviendo empezó como resultado de una guerra económica, montada sobre condiciones particulares de la economía venezolana, este ataque no puede ser el comodín justificativo para cada señalamiento o crítica.

Analistas coinciden en que para salir de una vez de esta situación urge avanzar más agresivamente en la democratización de la producción y la distribución con nuevos actores y sujetos productivos que tengan relaciones de producción distintas a las actualmente dominantes.

Por más responsabilidades que tenga el Gobierno en la actual coyuntura –que las tiene y muchas– no puede excluirse el conflicto político, razón por la cual el debate no es simplemente como diseñar una buena política para que los agentes económicos se vean incentivados y animados a producir. Esa visión reduccionista e ingenua es en buena medida de hecho la culpable de lo que está pasando.

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Por Edgar Ramírez Ramírez / Supuesto Negado