EL OSO Y EL DRAGÓN: ¿CUÁL SERÁ EL IMPACTO DE LOS PETROYUANES?

Petroyuang

Durante décadas el mercado petrolero ha estado bajo la hegemonía de los petrodólares, es decir, los dólares con los que se pagan los barriles de petróleo.

En el comercio internacional el dólar impera, pero coexiste con otras monedas –como el euro y el yen- global y regionalmente. Pero al comprar y vender petróleo, no importa cuál sea la moneda del país, este se paga con dólares.

Este es uno de los factores más importantes detrás de la fortaleza del dólar, a pesar de que la economía de los EE.UU. ya no es, como en los años setenta, el motor industrial del mundo.

Pero eso parece estar por terminar. El gobierno chino ha anunciado su decisión de empezar a pagar su petróleo con yuanes, amenazando con convertir a la moneda china en la nueva divisa petrolera del mundo y ahora piensa hacerlo a partir del próximo 26 de marzo.

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¿Es esto posible? ¿Qué significaría si el Yuan reemplaza al dólar en el mercado petrolero?.

Petroyuanes

El valor de una moneda lo determina la demanda de esa moneda, es decir, que la gente quiera comprar con ella y ahorrar con ella porque es más fuerte y más confiable.

Hasta 1971 las monedas del mundo estaban respaldadas en oro y las reservas de oro determinaban cuál era la moneda más fuerte y más confiable, pero en 1971 Richard Nixon abandonó el patrón oro e inició la era del patrón dólar.

Es decir, ya ninguna medida objetiva como las masas de metales preciosos determinaba la fortaleza del dólar, sino el enorme poder industrial y militar de los EE.UU.: se podía comprar en dólares con confianza porque los EE.UU. eran fuertes y no se derrumbarían.

Nixon, un político muy hábil, hizo un pacto con la OPEP para que sus miembros solo recibieran dólares a cambio del petróleo, esto se convirtió en un pilar de la demanda del dólar a nivel planetario.

Desde entonces, el imperio del dólar sobre el petróleo ha sido guardado celosamente y de una forma hasta un poco mafiosa: Saddam Hussein y Gadafi, por ejemplo, pretendieron vender su petróleo por euros y respaldar sus reservas internacionales en esa moneda.

Ambos están muertos.

Pero ahora las cosas han cambiado y el dólar tiene años debilitándose debido al déficit crónico del presupuesto de los EE.UU.

Cualquier otra moneda se habría devaluado dramáticamente hace mucho, pero el dólar está respaldado por el poder político militar de los EE.UU. y la importancia de su economía.

Pero hace unos años China, un titán con más de mil millones de habitantes, superó a los EE.UU. convirtiéndose en la principal potencia industrial del planeta y en 2017 se convirtió también en el principal importador de petróleo del mundo, y quiere jugar un rol que corresponda con ese estatus.

Pero no es solo China la que está cerca de lograr una transición hacia los yuanes, Rusia, que es el principal proveedor de petróleo de China, e Irán están en esa movida.

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Según algunos analistas, para estos dos países, sometidos a sanciones y restricciones por occidente, decir adiós al dólar ayudaría a aliviar el efecto de las sanciones.

La posibilidad de transar con ‘petroyuanes’ tiene atractivo en Eurasia y en algunos países de África y América Latina.

Más delirante aún es la posibilidad, mencionada por medios rusos, de que Arabia Saudita se monte en el carro del petroyuan, en parte convencida por Rusia, en parte forzada por el hecho de que, en el futuro, el principal comprador de petróleo estará en Asia.

El reino Saudí quiere privatizar, o al menos vender unas acciones, de la petrolera estatal Aramco en el mercado de valores, y se habla de otra posibilidad que debe quitar el sueño a los estrategas de Washington: que China compre Aramco en todo o en parte.

Por el momento parece que el petroyuan se limitará al mercado chino, pero a través de la inmensa Eurasia la influencia de la nueva divisa puede expandirse.

De hecho, la iniciativa china ‘Un cinturón, una ruta’, se plantea, ni más ni menos, que reactivar la antigua Ruta de la Seda.

Su objetivo es construir una red de infraestructuras y comunicaciones, y crear una plataforma de cooperación económica que conecte a países de Asia, Europa y África reconstruyendo las antiguas vías comerciales de la Ruta de la Seda.

Es un espacio ideal para la expansión de la divisa china.

En ese contexto, el comerciar con petroyuanes reduce la importancia del petrodólar, que es una de las bases del poder de Estados Unidos.

Y por si eso fuera poco, China dependerá menos del sistema financiero de EE.UU., lo que permitirá que el país asiático siga fortaleciendo el desarrollo interno de su economía sin quedar vulnerable ante las maniobras financieras y las sanciones de Washington.

Es decir, no solo se trata de una lucha económica, sino de quitarle el poder que le dan las sanciones económicas.

Mundo sin Occidente

Vladimir Putin ha anunciado que se postulará a la reelección este año.

Acaba de superar airosamente un fuerte paquete de sanciones de la Unión Europea y los europeos ya parecen cansados de meterse en las peleas de los americanos con Rusia.

En las afueras de Damasco, a sangre y fuego, sin reparar en el daño colateral –como en Grozni– los rusos están exterminando lo que queda del Estado islámico y de sus viejos enemigos de la guerra chechena, los sunitas radicales.

Acaban de presentar un sistema de armas nucleares que, dice, puede atacar en cualquier parte del mundo en minutos y de forma imperceptible.

Sus medios informativos ya le disputan la hegemonía a los de EE.UU.

Este mismo año será el anfitrión de un mundial de futbol y hasta a los que lo odian les parece cool: medios occidentales le acusan de ser una especie de supervillano capaz de alterar resultados electorales en cualquier parte del mundo a punta de hackers y noticias falsas.

E incluso, es el jefe de Estado con los mejores memes del mundo.

El “emperador” Xi Jinping ha visto su pensamiento incluido en la constitución china, como el de Mao, el fundador de la República Popular y el de Den Xiaoping, el artífice del capitalismo de Estado chino, y es bastante probable que acceda a la reelección indefinida, lo que le pondría definitivamente a la altura del fundador y el refundador del nuevo imperio chino.

Como hemos visto, piensa refundar la Ruta de la Seda, reemplazar al dólar, construir un tren que llegue de Pekín a Inglaterra y aviones supersónicos que puedan hacer el mismo viaje en una hora.

Y si las Fuerzas Armadas de Rusia son temibles, el Ejército chino, con sus capacidades aeronavales, es el que le quita más el sueño a los EE.UU.

2018 parece ser el año del nacimiento del “mundo sin Occidente”, uno en que las grandes potencias de Eurasia y países en desarrollo construyen instituciones internacionales alternativas a las dominadas por los países occidentales, reduciendo su influencia en los asuntos mundiales.

En ese sentido, la cooperación entre Rusia y China se demuestra decisiva.

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Según algunos expertos, la participación del presidente ruso, Vladímir Putin, en el foro internacional de la nueva Ruta de la Seda celebrado en mayo, en Pekín, prueba el interés ruso por ese programa que es el emblema de una orientación geopolítica completamente nueva.

La lucha entre la potencia que se eclipsa y las que emergen es evidente desde el gobierno de Obama, pero el forcejeo entre los petrodólares y los petroyuanes, un escenario enteramente distinto de lucha, demuestra la creciente fortaleza de las grandes potencias de Eurasia.

Parece que las fuerzas están, cuando menos, equilibradas y la lucha entre águila, oso y dragón asegurada.

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Por Fabio Zuluaga / Supuesto Negado