“Índice asquerosito”: tu salario medido en hamburguesas de la calle

ÍNDICE ASQUEROSITO

¿Cuántas veces una bala fría no nos salvaba el almuerzo en la calle?, o simplemente lo comíamos para complacer un antojo. Con una inflación que no parece seguir las lógicas del mercado, y que algunas proyecciones ubican en 1 millón por ciento para el cierre de 2018, Supuesto Negado se fue a la calle para tratar de averiguar cuántos perros puede comerse un venezolano promedio con un sueldo básico de mil 800 soberanos. Entre los perreros de Chacao, Las Mercedes y Chacaíto, un perrito sencillo o “normal” ronda entre los 120 y los 150 bolívares, presupuesto que aumenta si le agregas una bebida, como una malta o una refresco, que se cotizan en un mínimo de 120. Pero, un momento, estamos dejando de lado que desde hace dos semanas el Ejecutivo Nacional ordenó el pago semanal para todo el sector público, entonces esto nos dejaría con 450 bolívares cancelados cada viernes del mes.

¿Qué puedes hacer con 450 soberanos? Calculemos. Si te comes un perro de 120 y una bebida del mismo precio ya gastaste 240, 53% de lo cobrado, lo que te deja sólo con 210 para los demás gastos: pasaje, boletos del metro, compras de vegetales, carne, queso o de los tan necesarios productos de limpieza e higiene personal.

Pero si cobras quincenal, eso te deja con un poco más de holgura presupuestaria, pues tendrías a tu disposición 900 bolívares, pero el próximo pago sería también dentro de dos semanas y no en siete días, como el caso anterior.

¿Y al mes, cuántos perros puedes comprar sin una bebida? Si cuesta 120, te comes 15, y si lo consigues en 150, sólo 12.  Claro, esto si dedicas enteramente tu sueldo básico en comer una de estas balas frías al día.

Las ligas mayores de la hamburguesa

Ahora, ¡vamos a las ligas mayores de la hamburguesa! El sueldo mínimo ni siquiera costea cuatro de estos gigantes hipercalóricos.

Por una hamburguesa de las versiones más económicas (carne, ternera o mixta) deberás contar con un mínimo de 500 bolívares soberanos y si le agregas bebida: 620. Este resuelve, definitivamente no es viable para los que cobran semanal, y para los que cobran quincenal representaría el 68% y el 55% de lo que cobraron, respectivamente.

Pero si lo que prefieres es una “4×4” que trae chuleta, bisteck, carne y pollo, el costo aumenta a 650, y si te tomas algo 770, el 85,5% de lo que te pagaron en la quincena. Nuevamente los empleados públicos, quedan fuera.

Hay una intermedia por la que pagarías 600: la triple. Y tres de la “liga amateur” que cuestan 550: La Especial, chuleta y pollo.

Los pepitos están entre los 500 y 550. La bebida más barata es el agua embotellada a 95. Los jugos de lata te los cobran en 130.

Las historias detrás de los carritos

Detrás de cada carrito de comida rápida hay una historia. En nuestro recorrido nos encontramos con Juan, quien trabaja en uno de los puestos cercanos a la estación de metro de Chacaíto. Su historia es como la de cualquiera, la de un empleado.

Hace pareja con otro empleado y trabaja una semana, por una de descanso. Los dueños le pagan el 10% de cada producto que vende.

“Las ventas han estado malas. ¿Que como cuánto han disminuido? 50, 60 por ciento. En la semana que tengo de descanso me rebusco, porque con lo que gano aquí no me da”, relata Juan, y añade que a la semana venden, a lo sumo 100 o 150 piezas, la mayoría de ellos perros, la opción más económica.

“Antes no nos dábamos a basto. Atendíamos 30 o 40 personas en una hora. Esa cantidad de gente ahora la atendemos en un día, y si es bueno”, añadió.

Pero para los que son dueños y atienden su propio negocio de perros, la realidad es diferente. Pueden darse el lujo de abrir más tarde, o de descansar algunos días y las ganancias son enteramente para los socios.

¿Cada cuánto aumentan?

Supuesto Negado visitó varios puestos de perreros durante una semana. La variación de los precios es, en promedio cada dos días, con aumentos que van desde los 50 a los 100 bolívares.

Los que más aumentan los precios son los que rodean las estaciones de Metro y los centros comerciales que casi a diario disparan la lista de precios. ¿La justificación? Algunos de ellos se lo achacan a los dueños, y los que son propietarios, a los altos costos que les imponen a ellos los proveedores.

Y al final todo se vuelve una cadena, y el que paga, al final, eres tú, que cada vez que se te antoje un perro, o no tengas que comer, buscarás otras balas frías sin tanta salsa y que se adapten más a lo que te grita tu bolsillo.

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Por Maya Monasterios / Supuesto Negado