José Rafael Guzmán hace de los crímenes de odio un “chiste” impune

“Jóse Rafael Guzmán es comediante, no es racista ni homofóbico, es simplemente un hombre que busca la paz espiritual”, asegura contradictoriamente la bio de una persona que escribe en sus redes sociales mensajes cargados de odio e intolerancia contra los chavistas, algunas veces sugiriendo la idea de su satisfacción en matarlos.

Este “humorista” caraqueño radicado en México −del grupo de Luis Chataing, Led Varela y el Profesor Briceño− ha hecho stand up, radio y colaborado en páginas satíricas criollas. Últimamente hizo unos videos sobre la migración venezolana.

¿Puede un “influencer” publicar impunemente, una y otra vez, ataques contra un colectivo?

Hemos perdido la cuenta de los detenidos, denunciados, juzgados y condenados −algunas veces injustamente− por delitos de odio… pero en otros países.

No es un dato menor que las detenciones se efectúan casi exclusivamente cuando los mensajes van contra la monarquía, los políticos de derecha o la Iglesia. “La policía siempre es eficiente cuando se trata de los pobres”, diría Alí Primera.

En Venezuela, en cambio, los llamados a asesinar, golpear, escupir y humillar chavistas, lamentablemente  pululan en las redes sociales públicas. Ni siquiera vale la pena mencionar los niveles de odio que se pueden llegar a conseguir en algunas cadenas de Whatsapp.

Ahora, con la autojuramentación como presidente “encargado” de Juan Guaidó y el mensaje explícito de una posible intervención militar gringa, el hostigamiento, discriminación y violencia contra el chavismo en las redes (y también en las calles) se ha exponenciado. Los haters de la derecha se sienten guapos y apoyados a pesar de la reciente Ley contra el odio, por la convivencia pacífica y la tolerancia o el Código Penal Venezolano.

Recordemos que dicho texto legal promueve y garantiza −en teoría− el reconocimiento de la diversidad, la tolerancia y el respeto recíproco, “para prevenir y erradicar toda forma de odio, desprecio, hostigamiento, discriminación y violencia”.

De hecho, señala puntualmente la responsabilidad en las redes sociales (artículos 14 y 20) de quienes promuevan la guerra o inciten al odio nacional, racial, étnico, religioso, político, social, ideológico, de género y orientación sexual. La pena prevista es prisión de diez a veinte años y −oído al tambor− tienen carácter imprescriptible por tratarse de violaciones graves de los derechos humanos (Art. 25).

Creo que es hora de actualizar la lista de Tascón.

— Jóse R Guzmán (@JoseRGuzman) 12 de marzo de 2019

Además, en el Código Penal Venezolano está establecido en el artículo 285 que aquel que estimule “el odio entre sus habitantes o hiciere apología de hechos que la ley prevé como delitos (…) será castigado con prisión de tres años a seis años”.

El odio es un sentimiento pero su apología es un delito

En estos tiempos convulsos no está de más insistir en que la libertad de expresión impone la tolerancia de (casi) todo tipo de ideas, lo cual no significa necesariamente condescendencia o aceptación, sino simplemente que las ideas, como tales, no deben ser perseguidas penalmente.

El problema radica en distinguir si los comentarios en redes sociales están dentro del derecho a la libertad de expresión y con ánimo de desahogarse o de manifestar malestar social, o existe una intención y provocación reales y directas para cometer un delito.

Algo para subrayar es que precisamente la derecha ha señalado con mucho ahínco la violencia del chavismo y su discurso.

Por si acaso, que Dios le conceda el doble de lo que usted me desea.

Por Edgard Ramírez Ramírez / Supuesto Negado