INGERZON FREITES: “LA HIPERINFLACIÓN NO SOLAMENTE DEPENDE DEL DÓLAR ESPECULATIVO”

Ingerzon

¡Se subió la gata a la batea! La tan vendida excusa del dólar paralelo, para aumentar desenfrenadamente los precios de bienes y servicios, rodó por los suelos durante el último mes. Un período en el que los precios se han triplicado mientras la moneda gringa se mantiene estable. El primer diagnóstico que se nos viene a la mente es que la hiperinflación no sólo sigue su rumbo, sino que está muy lejos de ser controlada.

La reciente propuesta de derogación del Régimen de Ilícitos Cambiarios presentada ante la Asamblea Nacional Constituyente, busca frenar los precios irreales de las divisas y el daño que ello le ocasiona a nuestra moneda, en un nuevo capítulo del historial de estrategias trazadas por el Gobierno para frenar la crisis económica. El economista Ingerzon Freites, miembro del equipo de investigación del Observatorio Venezolano de la Realidad Económica (OVRE), conversó con Supuesto Negado para ayudarnos a desenmarañar estos escenarios.

¿Por qué si el dólar paralelo no ha aumentado en las últimas semanas, el ritmo de la hiperinflación sigue galopando? ¿Cómo interpretamos esta distorsión?

-Nosotros en el Observatorio le hacemos seguimiento a estas dos variables y allí hay una demostración de que la hiperinflación no solamente depende del dólar especulativo, es decir, que el problema es mucho más agudo. Cuando un país entra en un proceso de hiperinflación, ya ni siquiera es un problema técnico de la economía, se convierte en un problema psicológico, un problema de expectativas. En esa fase los que se encargan de comerciar con bienes y servicios, tienen la expectativa de cuánto será su costo de reposición. Por ello le añaden al precio no sólo el margen de ganancia, sino un plus que incluye la incertidumbre del comerciante.

Una de las fases más agudas de la hiperinflación es cuando los comerciantes ya no tienen para reponer la misma cantidad de inventario. Entonces muchas pequeñas y medianas empresas y pequeños negocios empiezan a cerrar, porque ya su flujo financiero no se mueve tan rápido como el avance que tienen los precios. Por ejemplo, desde el primero de julio hasta el 2 de agosto, el precio del queso ha variado seis veces, y si sumamos el anuncio de aumento de salario del Presidente, ha variado ocho veces en menos de un mes. Eso es inexplicable en el proceso de la racionalidad.

La hiperinflación destruye el sistema y mientras más se deje correr, más difícil va a ser la solución de ese problema. El dólar paralelo tiene más de un mes estable entre 3 millones 300 mil y 3 millones 500 mil bolívares, aun así los precios no han dejado de crecer. Tenemos una sociedad altamente especulativa.

¿Los recientes anuncios económicos del Ejecutivo pueden funcionar para aplacar la hiperinflación?

-A finales de diciembre de 2017 nosotros recomendamos desde OVRE nuestras propuestas económicas, una de ellas era una reconversión monetaria, siempre y cuando esté incluida en una política económica integral. La reconversión es necesaria porque los sistemas comerciales financieros, tanto estatales como privados, colapsaron. Pero la hiperinflación por sí sola no va a tener ninguna incidencia en el proceso inflacionario que estamos viviendo. Ello tiene que venir de la mano de un conjunto de medidas económicas. La reconversión soluciona de momento algunos problemas operativos y comerciales, pero no ataca el problema de la hiperinflación.

El tema de anclar el Bolívar Soberano (BS) al Petro, y que a su vez el Petro esté determinado por los precios del petróleo tiene mucho que ver con la medida que se tomó de derogar la Ley de Ilícitos Cambiarios. Esta medida está apuntando hacia la liberación del tipo de cambio. Cuando se ancla el BS al Petro y éste a los precios del petróleo que son fluctuantes, entonces el mensaje es que va a haber un tipo de cambio flotante. Cada vez que fluctúe el precio del petróleo, si se es coherente con lo que se está diciendo, entonces el Petro va a fluctuar, y el tipo que cambio que determine la república, va a fluctuar.

¿Cómo puede afectar o mejorar esta medida el día a día del venezolano?

-Al haber una liberación del tipo de cambio se le está dando oxígeno a la economía nacional. Eso no va a tener una incidencia directa en el poder adquisitivo del venezolano en el corto plazo, pero es una medida que conjuntamente con otro tipo de acciones, comienza a estimular la inversión y el aparato productivo. Una de las cosas que el Gobierno tiene que entender es que la economía es un conjunto de variables, y cada vez que afectas una sola, lo que se hace es afectar el equilibrio que tiene que tener la economía.

Yo soy de los que ha propuesto una flexibilización del tipo de cambio apuntando hacia un fortalecimiento del aparato productivo mediante la inversión. Pero esto debe acompañarse de políticas fiscales y del fortalecimiento del salario, por ejemplo.

Te pongo un ejemplo que trabajamos en OVRE. Antes de comenzar el proceso hiperinflacionario en octubre, con un salario mínimo comprabas 249 huevos, y hoy con un salario mínimo sólo compras 19 huevos. Si el Gobierno hubiese anclado el salario mínimo al precio de un producto, el huevo, por decir algo, cada vez que aumentaba el cartón de huevos hoy el salario mínimo debería ser 44 millones de bolívares. El rezago del salario mínimo cada vez es más brutal.

Según el análisis que han hecho en OVRE, ¿cómo deberían hacerse los venideros aumentos de salario en medio de esta crisis?

-En el mundo ha habido unas 52 experiencias de hiperinflación, y por lo menos el 80% de esos procesos se resolvieron porque fueron indexando salarios. Pero lo fueron haciendo en el marco de un plan de políticas económicas. En muchos casos se congelaron precios, y aunque seguramente alguien dirá que no tenemos capacidad para hacer eso, yo diría que esa capacidad no existe porque no hemos trabajado en función a ello. Yo fui intendente del SUNDDE y propusimos un conjunto de medidas desde hace dos años que de haber sido aplicadas, hoy nos permitirían congelar precios e indexar salarios.

Hay que reconocer que hay un componente del proceso hiperinflacionario que tiene que ver con las altas ganancias y la especulación que tienen los comerciantes. Por ello hay que atacar también esa variable. Pero todo el proceso debe ir acompañado de un proceso que abarque las políticas cambiarias, la monetaria y la política de precios.

Si nos basamos en lo aprendido tras las otras experiencias hiperinflacionarias y cómo se han resuelto, ¿podemos determinar, tras la aplicación de las medidas recomendadas y las que viene tomando el Ejecutivo, cuánto va a durar nuestra hiperinflación?

-No se puede determinar fácilmente porque depende de las medidas que se adopten. En las hiperinflaciones que hemos estudiado existen procesos de un mes o dos meses, hasta casos como el de Nicaragua que duró seis años, o la de Hungría que casi llegó a los tres años.

Muchos colegas toman como punto de comparación el caso de la República de Weimar, luego de la Primera Guerra Mundial, pero nadie dice de esa hiperinflación que luego de que el Primer Ministro cambió el gabinete económico y nombró a un Canciller con un nuevo gabinete solucionó el problema en tres meses. Para ello trazaron un plan ortodoxo basado en retirar la emisión de dinero inorgánico al Banco Central, crearon una nueva moneda, un nuevo banco que limitaría los créditos que se daban a los empresarios y una serie de opciones que terminaron solucionando el problema.

Aquí el problema es que no hay algo que tú digas “esto es un plan económico”. Las cosas se vienen haciendo de forma aislada y se suele decir que en el país no hay gente con capacidades para resolver la crisis.

A nivel medio y técnico hay muchas capacidades para resolver la situación, pero en el campo de las decisiones, sobre todo en los ministros del área, hay incomprensión, hay también cierto recelo en aceptar que la economía es una ciencia y que como tal presenta problemas científicos, que hay que atacar con resoluciones técnicas, y creen que el problema económico es un problema de decretos.

Lo más parecido a un plan creo que ha comenzado con el desmontaje del control de cambio. Los economistas que venimos apoyando esa idea vemos con muy buenos ojos esta medida. Una de las caras visibles que adelantó la idea de levantar el control de cambio fue Jesús Faría, a quien tildaron de vocero de Fedecámaras y en programas como el de Mario Silva lo tacharon de traidor. Pero cuando se hizo el anuncio el que estaba al lado de Diosdado [Cabello] era Jesús Faría. Yo creo que a él le dieron la tarea de llevar la bandera de desmontar el control de cambio.

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Por Randolph Borges / Supuesto Negado