¿ES REALMENTE CONTRA LOS VENEZOLANOS LA MARCHA DE PANAMÁ?

Un tal “Frente Nacional del Pueblo Panameño” convocó el 20 de noviembre una manifestación, con el objetivo de protestar contra la inmigración, en particular, venezolana.  La manifestación será en la Cinta Costera de la Ciudad de Panamá.

Entre las consignas están: “Que no vengan más y se vayan los que están (…)” “No más tequeños, no más arepas (…)” “Sin permiso, ni carnet, no se trabaja”.

Duro, ¿no es verdad?

Sobre todo, con las arepas.

Aunque pequeño e irrelevante, este evento es inédito: nunca nadie había hecho una protesta como esta en contra de los venezolanos.

Así que guardemos un poco la compostura y evitemos las salidas fáciles como indignarnos por las olas de xenofobia, por la influencia de Trump y Marie Le Pen, o de alegrarnos porque esos escuálidos del carajo están recibiendo lo suyo.

Y preguntémonos serenamente.

¿Qué diablos está pasando?

En los últimos meses el tema de la emigración, nuevo en Venezuela, ha pasado a primer plano varias veces y por distintas razones, se ha impuesto la idea, a la población nacional e internacional, que millones de personas se van del país. Se ha debatido mucho el alcance de esa emigración, se ha hablado de fuga de cerebros y se han discutido las cifras.

Por su parte, los emigrantes venezolanos han comenzado a tener debates sobre cómo adaptarse a la vida en otros países con diferentes culturas y condiciones.

Lo que sí ha ocurrido es que la “cultura de emigración”, que en México o Centroamérica se da entre los más pobres, acá se ha originado en la clase media.

Y esa es la cuestión clave: quiénes se están yendo de Venezuela y para qué.

Se irían demasiado

Desde el Viernes Negro, la gente se va por muchas razones. Desde ampliar sus perspectivas profesionales, rechazo a la situación del país, por política, circunstancias familiares, en realidad, hay tantas razones como emigrantes.

Y esta es la época de la historia humana en que la gente emigra más.

Aun así, se ha presentado el fenómeno en términos melodramáticos como una disidencia de la elite intelectual.

Pero este “gran éxodo” puede dividirse en otros pequeños: de jóvenes estudiantes, de gente que odia al Gobierno, de profesionales que buscan otras perspectivas, de raspacupos, etc.

Y estos se dividen según sus destinos: a Chile e Irlanda los estudiantes, a Italia, Portugal y España los descendientes de la gente que llegó de allí en los cincuenta, a Florida los antichavistas radicales…

Y la emigración a Panamá es un caso aparte. Uno digno de estudio.

Entra Rubén Blades

No es la primera vez que los panameños se expresan en términos fuertes y claros sobre los emigrantes venezolanos.

El panameño más famoso ya lo hizo hace unos meses en una polémica contra Ibsén Martinez.

“En Panamá, por ejemplo, hacemos un esfuerzo por lograr que nuestro pueblo no generalice un sentimiento anti-inmigrante que se empieza a sentir por el éxodo que desde tu país al mío va en aumento a consecuencia de la situación política”.

“Algunos venezolanos, especialmente los de alto poder adquisitivo, llegan con una actitud de superioridad y de soberbia como la que contribuyó a producir la reacción popular que llevó a Chávez al poder y que en parte ayuda a explicar la caótica situación, enredada y dividida, que hoy se vive en esa hermana nación”.

“Compran dos casas en un barrio de lujo y de pronto se creen dueños del país, y con una condescendencia que ofende, tratan a sus anfitriones como si fuesen siervos”.

Lo interesante de esto es que Blades no habla de los venezolanos en general, ni siquiera de los emigrantes, sino de los que predominan en Panamá.

Y que lo hace en un texto polémico contra Ibsen Martínez luego de que este dice, palabras más palabras menos, que es preferible matar a las ideas que a las personas.

Aunque la parte sobre los venezolanos en Panamá era solo un detalle, Blades dejaba algo claro: En Panamá llega un tipo de emigrante venezolano muy particular, relacionado con la especulación de bienes raíces.

No son los muchachos que se van a Chile, Canadá o Argentina, es un comprador y vendedor de bienes inmuebles.

Es un tipo de emigrante que quiere continuar en otros países las prácticas con las que se enriqueció en Venezuela.

Y todo el mundo no está dispuesto a aceptarlo.

En rigor, cuando los mismos emigrantes venezolanos hablan de la pena que pasan con la prepotencia, la grosería y la vulgaridad de sus compatriotas en el exterior, están retratando a la clase media venezolana.

Cosas parecidas a las que dice Blades se decían en los setenta, en la época de los suntuosos viajes a Miami.

Y, si vamos a ser justos, comentarios semejantes los han dicho los cubanos sobre las oleadas de funcionarios públicos que, frecuentemente, han dejado a sus anfitriones en la isla un mal sabor de boca. Pero se sigue tratando de la clase media petrolera y no de los venezolanos en general.

Es que ningún pueblo existe “en general”.

Y contra esa forma de ser venezolano, tal vez no estaría mal que todos hiciéramos una marcha.

Pero con los tequeños y las arepas que no se metan.

Eso no podemos permitirlo.