2018 fue un año de ataques xenofóbicos contra venezolanos migrantes

Insultos

Durante el 2018 los venezolanos que han emigrado han sido víctimas de insultos y de la xenofobia en su contra que no parece acabar.

En un artículo publicado a principios de año comentamos que los argumentos que se usan en contra de los venezolanos recién llegados son básicamente los mismos que históricamente han usado los países receptores contra cualquier inmigrante: “roban el trabajo” porque lo hacen por menos del salario que cobraría cualquier nativo; usan el sistema de salud en detrimento de los ciudadanos locales; se dedican al comercio informal y otros medios de subsistencia ilegales y, en algunos casos, los menos, hay que decirlo, al robo y la prostitución.

Y desde esa fecha el sentimiento xenófobo contra los venezolanos en el exterior no ha cesado.

Venezolano, no veneco

Con las dificultades económicas vividas en Venezuela muchos connacionales han decidido ir a probar suerte en Colombia, lo que otrora era al contrario, ya que en los ochenta y noventa los colombianos movidos por el conflicto armado en su país cruzaban hacia este lado de la frontera. Durante ese tiempo se conoció el calificativo de “caliche” para referirse a los ciudadanos colombianos.

Los venezolanos que actualmente viven en el país hermano se enfrentan al “veneco” como calificativo de gentilicio, y no lo han recibido de buen grado, como los colombianos no recibieron con agrado el “caliche” en su momento.

El diario El Nuevo Herald reseñaba en junio un incidente donde una joven venezolana protestaba a un caballero colombiano que la halagaba por su belleza y reconocía que la misma era propia de las “venecas”. Como era de esperar se creó la polémica en Facebook.

En el mencionado artículo reseñan el comentario del usuario Jesús Alejandro: “Aquí en Venezuela a los colombianos le dicen caliches, a los ecuatorianos cotorros, a todo asiático le dicen ‘chino’. No entiendo por qué hay venezolanos tan sensibles, a mí no me molesta en lo absoluto que me digan veneco”.

Sin embargo, hay quienes no lo toman tan amablemente. En la misma red social Wendy Bruzual se quejó: “Acá en Colombia donde actualmente vivo no dicen veneca por crear como una identidad sino lo hacen por grosería, por eso ofende”, dijo.

No podemos dejar de mencionar el incidente de 2017 en el que Germán Vargas Lleras, entonces vicepresidente colombiano, se refirió a los venezolanos como “venecos”. Esto llevó a que la Cancillería venezolana rechazara las “denigrantes y ofensivas declaraciones […] que expresan abiertamente odio, discriminación e intolerancia contra nuestros connacionales”.

Golpeadas en Argentina

A principios de este año dos venezolanas, Verónica Marín, de 21 años, y Bárbara Martínez, radicadas en Buenos Aires, denunciaron que fueron no solo insultadas sino también agredidas por una mujer y su hijo. La denuncia hecha a través de Facebook originó que las mujeres recibieran más insultos.

Una vez más El Nuevo Herald reseña el incidente y las reacciones. En una de las publicaciones Sandra Reyna, usuaria de Facebook, dijo: “y por qué no te vas para tu país? Por qué todos eligen Argentina para ocupar el poco trabajo que tenemos. No agredo ni insulto como esta señora, pero me tiene los ovarios llenos de verlos por todos lados como si nada. Ya tenemos bastante pobreza y encima vienen a llenarse los bolsillos”, escribió.

No importa quién

El centrocampista venezolano Arquímedes Figuera, quien milita en las filas del Universitario de Deportes en Perú, ha sido víctima del maltrato verbal al que nos referimos. En septiembre fue expulsado del partido que su equipo jugaba ante el Melgar de Arequipa. Tras su expulsión Figuera criticó, a través de Instagram, que le pidieran que se dedique a “vender arepas”.

Al respecto el futbolista indicó: “No me avergüenzo de ser venezolano. Me siento orgulloso de dónde vengo y si tengo que vender arepas como me dicen en los insultos, lo hago”.

Lo cierto es que al parecer el migrante, no importa la época, la condición social o el país de origen o recepción, siempre será blanco de insultos y discriminación. Esto nos lleva a pensar que el insulto a la migración no dejará de suceder mientras todos los involucrados no pongan de su parte.

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Por Maria Alejandra Alvarado / Supuesto Negado