Se empastela la intervención en Venezuela

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El mundo pareciera no saber qué hacer con Venezuela. De discursos duros, mensajes directos al presidente Nicolás Maduro, amenazas de intervención, hoy, menos de un mes después, pasaron a acciones diplomáticas, mensajes indirectos y a un silencio inquietante entre los gobiernos latinoamericanos que parecían decididos a “ayudar” al pueblo venezolano y a sacar por medidas inconstitucionales y violentas al Gobierno electo por voto popular el pasado 20 de mayo.

Mientras en las redes sociales el asesor de Seguridad de Donald Trump y otros funcionarios fustigan a Venezuela y desconocen a su Gobierno, de acuerdo a recientes declaraciones del presidente Nicolás Maduro, el canciller Jorge Arreaza habría sostenido reuniones secretas con el enviado de Estados Unidos, Elliot Abrams, en Nueva York.

“Puedo decir que con el señor Elliott Abrams hemos hecho dos reuniones ya en Nueva York…. Yo invité a Elliott Abrams que venga a Venezuela. En privado, en público, en secreto. O si quiere reunirse, que él diga cuándo, cómo y dónde, y yo voy”, dijo Maduro.

Y el propio Arreaza lo confirmaba en entrevista para teleSUR: “Efectivamente el gobierno de Estados Unidos designó a este señor, Elliot Abrams (…) para conversar con el gobierno de Nicolas Maduro, hemos hecho dos reuniones de las cuales no puedo dar detalles porque debo respetar la confidencialidad”.

De hecho, estas no serían las primeras reuniones que sostienen con representantes de Donald Trump.  En enero pasado, el propio Maduro, informó que lo habían contactado después del 23 de enero, fecha en la que Washington lo desconoció a favor del autoproclamado Juan Guaidó, para exigirle, en un tono irrespetuoso que renunciara a su cargo.

Todavía Estados Unidos no ha confirmado nada, pero tampoco lo ha negado.

Lo cierto es que, pese a que la retórica mediática contra Venezuela sigue siendo la misma, con John Bolton a la cabeza, ya el tema pareciera haberse enfriado (al menos a nivel de Presidentes), a la espera, quizás, de las acciones de Guaidó este 23 de febrero.  Las declaraciones ya no son tantas ni tan seguidas.

Ni el mismo Trump, que invitó personalmente al pueblo venezolano a salir a las calles en enero, desde hace varios días ha vuelto a tuitear ni declarar nada sobre nuestro país, y ha vuelto nuevamente su atención al ISIS, a la guerra en Siria, ataques directos contra el gobierno de Irán, a  los “medios de comunicación corruptos”,  a las negociaciones comerciales con China o a la crisis humanitaria en su frontera sur.  Pero Venezuela parece haber desaparecido de su lucha por un mundo mejor.

Lo mismo pasa con el antes apasionado Grupo de Lima, cuyos presidentes parecen estar últimamente más enfocados en sus problemas internos, que son muchos, y no tanto en Venezuela.

Es el caso de Jair Bolsonaro, quien asumió el poder el 1 de enero pasado.  En las últimas semanas ha bajado el tono contra Venezuela, ya no le habla directamente a Maduro, pese a que su país, específicamente la fronteriza Roraima, es “centro de acopio” para la “ayuda humanitaria”, pero no se ha comprometido a nada más allá, al menos públicamente.

En un artículo titulado ¿Guerra avisada no mata gente en Venezuela?, publicado por el portal de teleSUR, el columnista Orlando Pérez, afirma lo siguiente: “Jair Bolsonaro ha bajado el tono desde que asumió el poder. Mauricio Macri se queda en la retórica diplomática porque la economía de Argentina aprieta cada día la soga en su cuello y le asfixia políticamente. Países como México, Uruguay, Bolivia, Cuba y Nicaragua, además del bloque caribeño, ya sabemos su postura frente a la defensa de la soberanía y autodeterminación de Venezuela”.

El de Chile, Sebastián Piñera, cesó repentinamente de declarar sobre Venezuela el pasado 12 de febrero, Bolsonaro no lo hace desde finales de enero, al menos eso refleja el servicio de noticias de Google.

El único que ha permanecido más o menos constante es el Grupo Internacional de Contacto de Montevideo (promovido por Uruguay y la UE), que tras su declaración el pasado día 7, anunció esta misma semana que enviaría para la próxima una “misión técnica” al país, que contactará a “todas las partes”.

“Bienvenido el grupo de contacto de la UE, aunque les digo desde ya que estoy totalmente en desacuerdo con la parcialización e ideologización en que han caído producto del extremismo con que ven a Venezuela”, subrayó Maduro el 8 de febrero.

Nuevas sanciones

El mismo John Bolton, pavonea con la nueva sanción contra Manuel Quevedo, ministro de Petróleo y presidente de la estatal Pdvsa, y que también incluye a agentes del Sebin y el Faes.

Mientras Caracas afirma que se ha reunido con Abrams, el Departamento del Tesoro de Estados Unidos promueve nuevas sanciones contra funcionarios de alto nivel de Venezuela y amenaza a terceros países con tomar represalias si compran el crudo que ya ellos no quieren, aunque sus refinerías estén adaptadas al combustible nacional.

“No nos olvidaremos de las naciones y compañías que apoyen el robo de los recursos venezolanos por parte de Nicolás Maduro“, escribió Bolton en su cuenta oficial de Twitter.

Sanciones van y vienen.  Desde Latinoamérica, declaraciones temerarias que no pasan de eso, pues los únicos países que están verdaderamente comprometidos con la aventura de la “ayuda humanitaria” forzosa son Estados Unidos y Colombia.  El resto, se ha dedicado a tomar acciones diplomáticas o internas.

Pareciera que el mundo no sabe qué hacer con Venezuela, no se ponen de acuerdo, avanzan y retroceden.  Las declaraciones agresivas, los ultimátums, han sido cambiados por misiones técnicas.

Guaidó parece tampoco estar muy seguro de qué hacer con las cientos de toneladas que ha despachado Estados Unidos en Colombia, y que por cierto, acaba de entregar más, a la espera de que el Gobierno que reconocen como legítimo se organice.

¿Será como reza el dicho mató el tigre y ahora le tiene miedo al cuero?

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Por Maya Monasterios / Supuesto Negado