TRES CASOS QUE DEMUESTRAN QUE LA IZQUIERDA SÍ PUEDE TENER BUENOS MINISTROS DE ECONOMÍA

Ministros de economía

Durante muchos años los neoliberales impusieron la idea de que un buen ministro de economía era como los funcionarios de la “troika” europea o los funcionarios del Tesoro estadounidense: tecnócratas preocupados por el equilibrio macroeconómico, formados en la escuela de Chicago y ajenos a las variables políticas y sociales, todo el que no tuviera ese corte habría de ser un loquito como los que hablan de “alienígenas ancestrales”. Pero la práctica ha desmentido una y otra vez ese cliché, y acá dejamos tres ejemplos que lo demuestran:

Varoufakis

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Como la mayoría de los economistas, se ha movido principalmente en el mundo académico: estudió Economía matemática en la Universidad de Essex, Estadística matemática en la Universidad de Birmingham y obtuvo su grado de doctor en Economía en la Universidad de Essex.

Varoufakis, quien gozó de una carrera muy exitosa en el mundo académico anglosajón y es especialista en teoría de juegos, difiere en la mayoría de sus colegas porque se orientó hacia una dirección anticapitalista, por ejemplo, desde enero de 2004 a diciembre de 2006 Varoufakis fue asesor económico de Yorgos Papandréu, por aquel entonces máximo dirigente del PASOK, el Partido Socialista Griego del que luego se separaría. También enseñó en la universidad de Atenas y publicó su libro más conocido El minotauro global, en el que atribuye el colapso de la economía en 2008 al de los EE.UU. como gran receptor de los excedentes de capital globales.

Junto a su esposa, la artista Danae Stratou, hizo en 2006 un interesante trabajo sobre los “muros de la globalización”, además de otras investigaciones sobre la economía en la industria de los videojuegos. Varoufakis es un economista de clara inclinación Keynesiana, aunque ha reconocido influencias de fondo del marxismo.

En 2015 comienza su gesta como ministro de Economía del gobierno de Syriza, encabezado por Alexis Tsipras. Varoufakis, más que tener una gestión convencional como ministro, luchó por casi seis meses por lograr una reestructuración de la deuda griega que permitiera a ese país recibir nuevos préstamos pero sin los terribles ajustes que se le imponían a su economía y las onerosas condiciones de los mismos, arguyendo lo que era públicamente conocido: que las medidas neoliberales impuestas a Grecia, al contraer el gasto, no hacían sino prolongar la crisis.

Esta lucha, dificultada por la diferencia no solo con la “troika” europea, sino con otros políticos de Syriza pareció terminar en triunfo el 5 de julio de ese año, cuando se sometió a referéndum un plan de la Troika que Varoufakis y su partido consideraban inviable. Tras el triunfo del no a la propuesta de la burocracia europea, sorpresivamente, Tspiras y la dirigencia de Syriza, cambiaron la dirección y aprobaron en el Parlamento un plan todavía más duro para Grecia y sacaron a Varoufakis (quien era odiado por los funcionarios de la UE) de su cargo.

La traición de Tspiras (a su partido, a los electores, al movimiento que le llevó al poder) fue digna de una tragedia griega y dejó a Varoufakis como un héroe a la deriva, aunque evolucionando a posiciones cada vez más radicales. Reconocido como uno de los más brillantes economistas vivos y, tal vez, el mayor experto en teoría de juegos del mundo, quedaría, sin embargo, sin capacidad de influir en la economía de su país, dedicándose desde entonces a fundar el Democracy in Europe Movement 2025, un movimiento político paneuropeo con el objetivo de democratizar las instituciones europeas desde la izquierda.

Kiciloff

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También un hijo de la academia, cursó estudios en la Universidad de Buenos Aires, donde se graduó como licenciado en Economía con orientación al sector público. Tiene un doctorado de la Universidad de Buenos Aires, en la misma área, como Varoufakis, su formación es claramente Keynesiana pero menos inclinada hacia el campo matemático.

Tras años dedicados a la academia y a la política dentro de la universidad, en el año 2011, fue designado subgerente general de Aerolíneas Argentinas, luego director de Siderar en representación de las acciones del Estado argentino. Pero su ascenso político inicia con el segundo mandato de Cristina Fernández de Kirchner: es designado secretario de Política Económica y Planificación del Desarrollo y luego ministro de Economía y Finanzas Públicas el 18 de noviembre de 2013.

Su línea como economista puede considerarse una aplicación de las teorías de Keynes sobre la demanda agregada, la cuestión del crecimiento con inclusión social a partir de políticas destinadas a reindustrializar la economía, impulsar la producción y el mercado interno, crear nuevos puestos de trabajo, devolverle protagonismo al Estado y promover la redistribución de la riqueza en el país.

Pero gran parte de sus políticas se orientaron no solo a crear demanda agregada mediante una serie de programas económicos para impulsar el consumo, la producción y el empleo, sino a combatir algunos efectos indeseables de su crecimiento, como la especulación y la inflación.

Su gestión también destacó por la lucha contra los fondos buitre y los grandes monopolios internos, por la que sería muy conocido internacionalmente. También polémico fue el debate sobre los indicadores inflacionarios con el FMI, debate que terminaría en un acuerdo. Todavía es objeto de polémica hasta qué punto la actual crisis argentina inició con el Kirchnerismo o con el posterior gobierno de Macri, porque pese al crecimiento industrial y del consumo, otros problemas como la inflación se venían acumulando desde antes. Lo cierto es que ni las políticas keynesianas de los primeros ni las neoliberales de los segundos han dado pie con bola ante la crisis creciente.

Kiciloff queda, sin embargo, como un ministro de Economía capaz que manejó algunos de los problemas más complejos de la economía contemporánea.

Luis Alberto Arce

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Aunque prácticamente desconocido fuera de Bolivia y con un perfil mucho más bajo que los otros dos, Arce es, de lejos, el más exitoso y uno de los arquitectos menos conocidos del “milagro boliviano” que ha generado elogios desde la Cepal hasta el FMI.

Es licenciado en Economía por la Universidad Mayor de San Andrés y Master en Ciencias Económicas de la Universidad de Warwick. Su carrera, desde 1987, transcurrió en el Banco Central de Bolivia. Llegado al poder Evo Morales, desarrolló el programa de financiación externa. En 2006 fue nombrado ministro de Hacienda, y luego ministro de Economía y Finanzas Públicas, no salió del cargo hasta inicios de este año debido a una grave enfermedad, estos 11 años en la cartera lo hacen el ministro de Economía más longevo del planeta.

Bolivia, con un presidente indígena que proviene de la extrema izquierda, está en la extraña posición de ser elogiada tanto por la Cepal y el FMI, es decir, por los estatistas y los neoliberales, esto se debe a que ha logrado conciliar las conquistas sociales y el crecimiento del mercado interno con la estabilidad macroeconómica en el contexto del “modelo plural”, de ahí que algunos medios como The Wall Street Journal consideran a Arce el arquitecto del “milagro boliviano” que el año pasado dejó un crecimiento de 4.3%, superior al de los EE.UU.

La receta boliviana es espantosamente sencilla: aumentar los ingresos del Estado mediante la nacionalización de los hidrocarburos, fomento de la producción pública, privada y comunal (el Estado se concentra solo en las industrias estratégicas) al que se redirigen los ingresos de los hidrocarburos, combate a la pobreza para aumentar el consumo y la demanda, pero también ahorro sistemático (que le permitió sortear la baja de los precios de las materias primas) y disciplina fiscal para evitar la inflación.

Podrían darse otros ejemplos (de Ecuador, Brasil, China) pero las experiencias de estos tres ministros de economía tan distintos en sus perfiles y características demuestran que es posible una dirección económica altamente capacitada pero capaz de percibir y entender las cuestiones políticas y sociales y no solo las macroeconómicas, y, en fin, que los economistas inclinados al neoliberalismo no son ni los más capacitados económicamente, ni los más eficaces.

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Por Fabio Zuluaga / Supuesto Negado