Jesús Faría: “muchos luego de ser revolucionarios critican las medidas desde cualquier lado”

Faría

“Es completo, coherente, equilibrado, realista, tiene sentido social y es nuestra gran oportunidad para salir adelante con los recursos que tenemos”. El constituyente Jesús Faría no le pone ningún pero a la estrategia diseñada por el Gobierno para superar la tremenda crisis económica que ha sufrido la población venezolana en estos años.

Cuando se trata de refutar a los críticos de la derecha, Faría, economista graduado en la Universidad Central de Venezuela y posgraduado en la Friederich-Whilhems Universität y en la Universidad de Constanza, dice que estos expertos no pueden entender que se haga un reacomodo de la economía sin cargar todo el peso sobre los trabajadores.

Al responder a los cuestionamientos que vienen de la izquierda, el entrevistado, exministro de Comercio Exterior e Inversión Extranjera, hijo de uno de los grandes líderes del Partido Comunista de Venezuela (su homónimo, Jesús Faría), asegura que es hora de aplicar la visión leninista de que el marxismo es el análisis concreto de la situación concreta: “Este programa hace lo que se puede con lo que tenemos, sin utopías ni romanticismos”.

Faría (Caracas, 1964), ilustró la situación de enfrentar críticas provenientes desde los dos extremos del espectro político: “Los que siempre han sido partidarios de un acuerdo con el Fondo Monetario Internacional (FMI) nos dicen que es un plan comunista; y los que se dicen de la ultraizquierda, esos que quieren llegar al socialismo montándose en un autobús y bajándose en la primera parada, nos dicen que somos neoliberales”.

Completo y coherente

¿El Programa de Recuperación Económica anunciado por el presidente Nicolás Maduro se acerca bastante a lo que usted había venido planteando o le quedaron algunas expectativas?

-Es un programa muy completo y coherente, que se ajusta a las necesidades de la economía y a las realidades del país. Sobre todo tiene una gran virtud: además de atacar los desequilibrios y las distorsiones económicas tiene un sentido social muy amplio, arraigado y claro. Está orientado a crear condiciones para que la economía se desarrolle en función del propósito que nos hemos planteado históricamente, que es el socialismo. La estrategia de fondo atiende a los sectores populares y a crear las condiciones para que seamos un país soberano. No es un programa para darle más poder a los sectores económicos ni para acentuar los mecanismos de maximización de ganancias de las grandes corporaciones transnacionales. Eso no aparece por ningún lado.

¿Este programa podría ser una referencia para otros países como ejemplo de un ajuste económico fuera del esquema fondomonetarista?

-Sí, sin lugar a dudas. No habíamos tenido la necesidad de aplicar estos ajustes porque no habíamos caído en una situación tan compleja desde el punto de vista económico. Ahora que estamos en un punto crítico, lo aplicamos y es un referente que toma instrumentos técnicos económicos para abordar problemas concretos en los ámbitos cambiario, fiscal, monetario y productivo y los fusiona con políticas del ámbito social. Históricamente se diferenciaban los ajustes ortodoxos, que ahora se llaman neoliberales, y los heterodoxos, que se deslindaban de aquellos porque no le daban todas las facultades al mercado y al capital, sino que también tenían en cuenta lo social. De alguna manera, esta corrección que ha lanzado el Gobierno se inspira en el modelo heterodoxo, pero es algo completamente original.

Los críticos del programa han dicho que es contradictorio entre sus componentes porque, por ejemplo, la idea de buscar el cero déficit fiscal choca con los aumentos salariales. ¿Qué dice usted al respecto?

-Ellos afirman eso porque la lógica ideológica es la que determina las posiciones, y la de los voceros de la derecha está subordinada al equilibrio de la economía para que crezca, pero exclusivamente en función de maximizar ganancias corporativas. Para ellos es incompatible el ajuste sin sacrificio social. Para nosotros es incompatible hacer correcciones económicas, buscar el reacomodo de la economía, descargando todo el peso y el sacrificio que eso significa en los hombros de los trabajadores. Por eso se establecen impuestos para financiar el mejoramiento del incremento salarial. Y este incremento se ve no solo como un instrumento para mejorar las condiciones de vida de los trabajadores, que están muy golpeadas por la guerra económica y la especulación, sino también como una palanca para el crecimiento y la recuperación de la economía, por la vía del desarrollo del mercado interno, del crecimiento de la demanda doméstica. En la visión de esos economistas críticos no entra esa lógica porque no encaja ni con sus convicciones ni mucho menos con sus intereses económicos.

Extravío histórico

También hay críticas desde el extremo opuesto. Por ejemplo, Gustavo Márquez denuncia en un artículo que se están hipotecando las reservas petroleras y que se está yendo a un modelo todavía más extractivista. ¿Qué les responde a quienes piensan así?

-Hay críticas que son el resultado de un extravío tremendo, histórico. Se pretende de una manera absurda resolver en cuestión de meses, y en una coyuntura de crisis, todos los problemas que hemos acumulado por siglos. Hay que entender que tenemos un modelo económico que debemos transformar, pero es el que sirve de marco real para desarrollar cualquier política. Si ese es un modelo extractivista petrolero, lo más elemental es que aprovechemos las fortalezas que ese modelo tiene para salir de la crisis. En manos de esas personas, la economía no tendría la menor posibilidad de recuperación. Estaría gravitando en torno a utopías y al romanticismo, pero jamás podría enrumbarse hacia una corrección de lo que estamos viviendo. ¿Necesitamos divisas? Claro que sí. ¿De dónde vamos a sacarlas? Lo ideal sería sacarlas de una economía industrializada, pero no la tenemos. Tiene que ser de los recursos naturales, de los bienes primarios, y esos hay que extraerlos. ¿Tenemos capital suficiente en el país para desarrollar la economía? No lo tenemos. ¿De dónde lo vamos a sacar? Tenemos que abrir la economía para que vengan inversiones extranjeras y acompañen nuestro proceso de desarrollo. No se trata de entregar la economía a las corporaciones transnacionales, sino de abrirles espacio para que produzcan, obtengan sus ganancias en el marco de la regulación y la normativa venezolana, y que la riqueza que generen repercuta positivamente en el desarrollo del país y en el bienestar de la población. Para que eso sea así está de garante el Estado. Es lo que se puede hacer con lo que tenemos. Estas personas hablan mucho de marxismo, pero ignoran lo elemental de este: Lenin decía que el marxismo es el análisis concreto de la realidad concreta, de lo que está ocurriendo realmente, no de lo que deseamos y anhelamos que ocurra. Es una enfermedad de la que sufren muchos que han militado en procesos revolucionarios, y luego de que se deslindan pretenden criticar cualquier medida que se tome, lanzar piedras desde cualquier lado.

Gasolina: medida necesaria

El precio de la gasolina es otro de los puntos polémicos del plan. El subsidio directo por la vía del Carnet de la Patria es visto como un condicionamiento político. ¿Qué opina?

-El aumento a precios internacionales es absolutamente necesario porque hasta ahora estábamos regalando el combustible con una estructura de precios y de tributos que fomentaba algo absolutamente perverso como es el contrabando de extracción. De manera que era caldo de cultivo para la guerra económica. Estábamos invirtiendo enormes sumas de dinero en un subsidio que nada tenía que ver con la equidad. Esto tenía que ser corregido y el país acompaña al Gobierno en eso. Solo que hay una oposición muy lamentable que no contribuye con el desarrollo del país. Es triste porque, lo hemos dicho muchas veces, la democracia exige un mínimo de equilibrio que lo garantiza una oposición seria que contribuya con conceptos claros. Esta oposición no es así. Demandan aumentos de la gasolina, y cuando este se produce buscan cualquier tipo de argumento, hasta los más absurdos, para tratar de hacer resistencia. Sabemos que lo van a hacer con este tema. Quieren embochinchar al país, crear un alboroto, pero no lo van a lograr porque nadie quiere cabalgar al lado de ellos. Además, es injustificada cualquier protesta porque el Gobierno dará el subsidio para todos los conductores, fundamentalmente para el transporte público. Con esta política se erradicará el contrabando de extracción y se ahorrarán recursos que se invertirán en el área social. El Carnet de la Patria servirá para organizar la distribución de los recursos del subsidio. Los opositores dicen que es un instrumento político, pero hay una enorme cantidad de personas no afectas al chavismo que tienen el carnet porque no está vinculado a ningún partido político. Está claro que lo creó la Revolución pero tiene un sentido social, para que la gente participe. Lo que pasa es que la oposición está en contra de la política de precio de la gasolina, pero más que eso está en contra de la parte que implica el beneficio social. Veo una desfiguración tremenda en la oposición al tratar de generar protestas en contra de medidas que implican beneficios para el pueblo. Por ejemplo, una huelga cuando hay aumentos salariales. En los programas de ajuste del FMI también aparecen los aumentos del precio de los combustibles. Pero no es lo mismo porque en esos programas esa medida viene acompañada de otras como restricción de la inversión social, desmontaje del Estado social, desregulación del mercado laboral, redistribución del ingreso a favor de los más poderosos. En este programa, esa medida es parte de un contexto absolutamente diferente.

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Por Clodovaldo Hernández / Supuesto Negado