Juan Guaidó y Fabiana Rosales: les sobra radicalismo y les falta carisma

¿Está la oposición tomada por los más “gallos”?, se preguntan algunos de quienes han analizado los procederes y los discursos del autojuramentado Juan Guaidó, de su esposa, Fabiana Rosales y de algunos personajes de su entorno, con el mismo estilacho.

[La pregunta necesita una previa aclaratoria semántica: en la Venezuela actual a la palabra gallo se le da una connotación absolutamente contraria a la que tiene en otras latitudes (o que había tenido acá en otras épocas) relacionada con el carácter bravío del macho que impone su ley en el corral y canta durísimo. Ahora es sinónimo de alguien poco avispado, quedado, medio bobo, falto de roce con la calle. Por cierto, para mayor curiosidad acerca de los usos coloquiales del lenguaje, a la mujer que tiene tales características no se le llama gallina, sino galla. Vea usted].

Quienes tienen la percepción de que estamos viviendo tiempo de gallos, parten de la base de que Guaidó se expresa verbal y no verbalmente de un modo muy diferente a líderes anteriores de la oposición, como el zafio dirigente sindical Carlos Ortega, uno de los artífices del desvío de la gran marcha opositora de su ruta original (que finalizaba en Chuao) hasta Miraflores, el 11 de abril de 2002, detonante de la ola de planificados asesinatos de ese día.

Ortega, un adeco con rodaje cabillero, se caracterizó por sus estridencias y dominó el escenario discursivo de la oposición hasta que “el paro se le fue de la manos” y perdió su ascendiente entre las masas antichavistas.

Guaidó está obviamente muy lejos de ser un Ortega. Esto, para los simpatizantes del actual líder opositor (duélale a quien le duela, lo es) resulta ser su gran ventaja. En cambio, para los detractores, es la razón por la que su reinado durará poco y ya está bastante desdibujado.

Esto hace surgir más preguntas. Por ejemplo, si ese formato de liderazgo descafeinado fue diseñado así a propósito por los laboratorios que crearon a Guaidó (de nuevo, duélale a quien le duela, lo fabricaron en laboratorio) o si es producto de los azares de la historia política reciente que ha dejado fuera de juego a dirigentes con un poco más de picante en sus palabras y en su manera de estar en la escena.

Breve recorrido por el liderazgo

En los años siguientes al fracaso de Ortega como líder gritón, la oposición dio bandazos entre oradores deficientes hasta el límite de la risa, como Manuel Rosales y otros muy insípidos, como Henrique Capriles Radonski.

En el campo de los duros siempre ha destacado María Corina Machado, pero tal parece que la iracundia de sus discursos no termina de conectarla con el sentir ni siquiera de los más radicales. Tal vez sea su inocultable esencia oligarca la que hace imposible la identificación con los mortales comunes.

Ya en tiempos posteriores al fallecimiento del comandante Chávez, la coalición opositora MUD quiso hacer un esfuerzo por ligarse mejor con el sentir de las masas y por eso despidió a su secretario Ramón Guillermo Aveledo, un atildado socialcristiano de verbo fino, y entregó la responsabilidad a Jesús “Chúo” Torrealba, quien implantó una nueva etapa de discurso rudo (y chillón, dicho sea de paso) en la vocería de la derecha.

En 2016, tras la contundente victoria opositora en las elecciones parlamentarias, tuvo su tiempo de incandescencia otro adeco veterano: Henry Ramos Allup, quien se inauguró como presidente de la Asamblea Nacional mandando a sacar los retratos del “Bolívar amulatado” y de Chávez, además de darle un petulante tiempo de caducidad de seis meses al presidente Maduro. Las bravatas de Ramos Allup pronto se estrellaron contra la realidad y pasaron a ser algo más bien folklórico.

Con el Manual de Sharp

En 2017, miembros de la generación de los millennials de Voluntad Popular y Primero Justicia tomaron por asalto la cabina de mando de la MUD y se lanzaron con una nueva ola de guarimbas, las más cruentas que se conozcan hasta ahora. Esa tremenda violencia política la presentaron envuelta, no obstante, en una narrativa de lucha por la democracia y la libertad, siguiendo los lineamientos del Manual de Sharp sobre los llamados golpes suaves.

Los desmanes cometidos en ese tiempo, sumados al magnicidio fallido de 2018, eliminaron del escenario a varios de los líderes con discurso muy agresivo: David Smolansky, Freddy Guevara, Juan Requesens figuran en ese lote.

Quedó así el camino abierto para Guaidó, un dirigente casi desconocido que expresa los puntos de vista más radicales, incluyendo su terrorífica visión de las vidas humanas como un costo necesario para el cambio de Gobierno. Pero lo hace de un modo que hace pensar en la palabra “gallo”, en su acepción de venezolanismo actual.

Por supuesto que es necesario distinguir entre el fondo y la forma. El contenido de los discursos de Guaidó es casi con toda seguridad el más antisoberano y proclive a la guerra civil que haya tenido la oposición (al menos abiertamente) en veinte años. Es total su sumisión a la línea imperial de injerencia y despojo. En la forma, sin embargo, da la impresión de ser un moderado, sobre todo cuando se le compara con las estridencias de los guerreros digitales que operan desde Miami. En rigor, Guaidó plantea lo mismo que los más fanáticos, pero con una pose diferente. Allí se centra, en buena medida, su peligrosidad.

Lilian y Fabiana

En el lado femenino, ha sido inevitable la comparación entre Fabiana Rosales y su predecesora en esas lides de “esposa del gran líder democrático”, Lilian Tintori, pareja de Leopoldo López.

Desde que comenzó a figurar públicamente, los comentaristas han señalado que la chica parece estar bajo un estricto programa de proyección de imagen, que la lleva a aparecer, en palabras de un tuitero, “como si acabara de salir de una colonia amish”, el mismo procedimiento que se siguió con Tintori, quien recorrió el mundo con el cándido aire de Anita la Huerfanita.

“Me gustaría saber por qué los asesores creen que tienen que disfrazarlas así… de gallas”, comentó otra activista de redes sociales al ver las fotos de ambas en una composición publicada en una cuenta de Instagram.

En ese gran medio de comunicación de estos tiempos, las redes, también fue comidilla el video de un “representante” de Guaidó en Ecuador, dirigiéndose a un grupo de venezolanos. En sus palabras, pide calma para esperar que “el presidente Guaidó” avance en las tres fases de su hoja de ruta, pero lo hace con tanto de eso que pide (calma) que alguien lo comparó con “el Patúo Candela”, un personaje de Virgilio Galindo en Radio Rochela, que cantaba salsa en un tono lánguido y digno de bostezos. De haber sido un personaje de esta época, al “Patúo” le hubiesen dicho que como cantante era tremendo gallo.

Por Clodovaldo Hernández / Supuesto Negado