¿QUÉ TAN GRANDE Y PODEROSA ES LA INDUSTRIA DEL PORNO?

Industria del porno

La pornografía ha inundado el mundo. Ya no tiene sentido que se la ocultes a tus hijos, mejor explícale qué es y qué hacer con ella.

Incluso antes del internet no estaba oculta en una caja debajo de la cama, sino dispersa en una nube de millones de imágenes, recortes y barajitas pasando de mano en mano. Ahora que esas imágenes son digitales cualquiera con una conexión puede acceder: desde una pareja sexy y juguetona, un viejo verde y desagradable hasta a un niño de 10 años.

El porno está por todos lados y hay una pornografía para cada cual, cada fantasía, cada deseo oculto está computado y almacenado por los algoritmos de X-Videos y Pornhub.

¿Qué les gusta a las mujeres de más de 40, a los alemanes, a los africanos…?

Con la digitalización la pornografía ha adquirido vida propia y es el corazón de la industria del entretenimiento sexual que genera más de 57.000 millones de dólares cada año.

Pero ¿Cómo y por qué llegó a ser tan poderosa?

De delito a industria

Pornografía viene del griego πόρνη (pórnē) que quiere decir prostituta y γράφειν (gráphein)que quiere decir grabar, escribir o ilustrar.

Estrictamente hablando le decimos pornografía a cualquier representación explicita de relaciones sexuales e incluso a la exposición directa de los genitales humanos, en esto se diferencia del erotismo que es cualquier expresión o representación del deseo sexual.

Estatuillas, grabados, dibujos, versos y relatos eróticos y pornográficos existen desde la prehistoria: imágenes de relaciones sexuales, cuerpos desnudos y órganos genitales se encuentran tanto en las culturas del paleolítico, en los indígenas americanos, en los griegos y los romanos.

Pero lo que nosotros llamamos pornografía es una industria que forma parte de una metaindustria todavía mayor: la del entretenimiento sexual, que abarca no solo a las imágenes sino a todo tipo de juguetes sexuales, la prostitución, los hoteles, etc. La industria pornográfica simplemente se especializa en la producción de imágenes del sexo explícito.

Eso es lo que la hace claramente distinta a su hermana, la industria de las imágenes eróticas: de gente desnuda o semidesnuda en la publicidad, la televisión, el cine, la moda, etc., todas están tan saturadas de erotismo que ya es cada vez más difícil diferenciarlas.

Sin embargo, el lindero está en que la pornografía mantiene como estandarte el sexo explícito y los genitales visibles durante el acto sexual, por tanto, no se confunde con nada.

¿Cuándo deja la pornografía de ser una tendencia de la gente para convertirse en una industria? Comienza con la masificación de las imágenes y la reproducción primeramente de grabados, impresiones, luego fotografías, filmes, hasta llegar a nuestra era digital.

Con el renacimiento, tras siglos de cristianismo, los temas eróticos vuelven a primer plano (nadie dibuja o esculpe un hermoso cuerpo desnudo sin intenciones eróticas) pero también se inicia la producción en masa de imágenes “picantes”, con poco valor artístico, que durante siglos serán clandestinas o ilegales.

La historia de la pornografía moderna tiene que ver con la aparición de la reproducción sostenida y acelerada de imágenes, pero también con la desaparición paulatina de las prohibiciones de su circulación, dentro de las leyes religiosas como del Estado.

A lo largo del siglo XX una larga batalla económica y política se libró entre los pornógrafos y los censores para liberar las imágenes sexuales y crear un mercado legal de las mismas. Larry Flint (editor de Hustler) ganó un juicio en 1977, en el cual la Corte Suprema de los EEUU falló a favor de que la edición, difusión y venta de material obsceno o pornografía fueran consideradas conductas amparadas por la libertad de expresión.

En Venezuela la última censura estatal al cine erótico ocurrió en 1970 cuando Caldera prohibió El último tango en París, luego de ello ningún gobierno se molestó en meterse con eso. A partir de ahí las películas venezolanas empezaron a contener habitualmente escenas eróticas (demasiadas según algunos), las actrices venezolanas comenzaron a posar desnudas e hicieron más escenas explicitas y las telenovelas tenían cada vez más y más escenas de semidesnudos.

Por el lado Underground se establecieron cines pornográficos en las grandes ciudades (como el legendario Cine Urdaneta de Caracas).

Los videos (Beta, VHS y luego los DVD) pornográficos han tenido siempre su propio santuario en los emporios de la piratería.

La máquina pornográfica

Todo el mundo ha oído de la “Edad de Oro” del porno americano y sus estrellas como Ron Jeremy, Ginger Lynn, John Holmes y Traci Lords: pieles de leopardo, tacones, música funky y tramas inverosímiles. Pero, aunque en esos años se fundaron los pilares de la industria actual, todo era realmente muy artesanal y su distribución era limitada para unos pocos cines de mala muerte o para aquellos que tenían proyectores en su casa.

Todo cambió con el VHS: se volvió tan fácil comprar o alquilar filmes pornográficos que su producción se convirtió en una de las industrias más prosperas del Valle de California (se hacen tantos videos porno que el 10% de los alquileres de habitaciones de Hotel en esa zona lo hacen los equipos de filmación), la explosión del cine pornográfico fue tan grande que ni siquiera el Sida la contuvo.

Con la digitalización de los equipos de filmación hacer películas porno se hace cada vez más barato y distribuirlas más fácil: mucha gente inhibida de ir a un cine de mala muerte o a una tienducha, puede pedirlos por correo, alquilarlos en un Blockbuster o bajarlos por internet.

Y ese fue, “el acabose”: con el internet la pornografía dejó de ser el negocio clandestino de unos viciosos, según El País esa industria: “da empleo a unas 12.000 personas en casi un millar de empresas (…) que producen al año unos 13.000 títulos catalogados para adultos (…) Los ingresos anuales del sector en EE.UU. se estiman entre 10.000 millones y 14.000 millones de dólares, según datos del FBI y de diferentes organizaciones”.

Eso es solo una fracción de los 57.000 millones que produce la industria del sexo solo en los EE.UU., desglosados así:

  • 20.000 millones proceden de los vídeos.
  • 7.500 millones de las revistas.
  • 5.000 millones de los teléfonos sexuales (líneas calientes).
  • 2.500 millones del cable y el Pay per view
  • 2.500 millones en internet.

Representantes de la puritana Family Safe Media advierten que: “Sólo los vídeos porno generan más dinero que los ingresos combinados de las franquicias de fútbol profesional, béisbol y baloncesto”.

Incluso ahora que hay tanto material gratis en internet al año se compran o alquilan unos 800 millones de videos.

Industria del pornoY eso sin contar la erupción de una industria popular del sexo basada en las selfies eróticas y los videos amateur.

La pornografía del pueblo

Si una actriz porno era, hace unas décadas, casi tan infame como la prostituta eso ha cambiado mucho: las actrices pornográficas ahora son famosas, estrellas indiscutidas en esa constelación donde el hombre gana mucho menos y tiene la única función de aportar su herramienta para el coito.

Mia Khalifa, Faye Reagan, Stoya y Sasha Grey no serán tan famosas como Beyonce o Jennifer Lawrence pero están muy lejos de ser unas parias: ganan bien, son reconocidas y algunas han sabido usar la fama del porno para saltar a otras carreras.

Más aún, se han convertido en modelos a seguir.

Se habla mucho de cómo la pornografía puede joder la sexualidad del ser humano, pero no se dice nada de cómo se ha convertido en estereotipo de muchos que ven como modelo y referencias a sus actores y actrices: detrás de las operaciones de senos, extensiones de penes, glúteos, labios, y el exhibicionismo de las celebridades de Instagram no solo está la influencia del Miss Venezuela o de las celebridades sino también la fantasía de ser tan deseable como una estrella porno.

No debe extrañar que gracias a los celulares y a las cámaras digitales haya surgido una enorme ola de pornografía amateur: como ya nadie tiene que pasar por la vergüenza de ir a revelar la película y puede almacenar su escena sexual privada en una memoria flash o en el celular las últimas inhibiciones que impedían que millones de personas se grabaran y exhibieran han desaparecido: nacieron así las selfies eróticas y pornográficas y, sobre todo, los videos amateurs.

El problema no está en la moral sino en el poder de la imitación: todo el mundo sabe que la violencia de las películas no es real, que uno no puede matar a 10 enemigos disparándole con dos pistolas, pero ¿qué pasa si la gente empieza a creer que el sexo de las porno es el real? ¿qué pasa si lo toman como el modelo para sus propias relaciones?

En cualquier caso, la única amenaza seria para la industria del porno en los últimos años ha venido del “pornocomunismo”: es decir, la combinación de la piratería con los videos amateur, las nudes, y la avalancha de material gratuito que hay en internet. Aun así, la industria se mantiene en pie.

Pero allí donde la producción de contenido está en manos de millones de particulares o en pequeñas y grandes empresas, el negocio cambia radicalmente: como en el caso de Facebook y Youtube, en los cuales quien pasa a tener el control no es solo ya el que produce los contenidos más influyentes (como Disney y la Warner en el cine) sino el que controla las plataformas de distribución.

Era solo cuestión de tiempo antes de que a alguien se le ocurriera crear el youtube del sexo, y efectivamente, así pasó.

El Youtube del porno

Industria del porno

El 12% de los sitios web de internet son pornográficos, el 25% de todas las búsquedas que se realizan están relacionadas con la pornografía, el 35% de todas las descargas de internet son porno y el 34% de los usuarios de internet se han visto expuestos a pornografía sin pedirlo a través de pop-ups, “enlaces engañosos” o emails.

Con semejante presencia en la red, es natural que surjan sitios como Redtube, Youporn, Xhamster, Xvideos que son algunas de las muchas plataformas de distribución de videos que han tratado de convertirse en el youtube del sexo.

Pornhub es el sitio web de porno más grande en el internet, con más vídeos y con unos complejos algoritmos que le permiten clasificar el contenido en miles de categorías y hacer con el sexo lo que hace Youtube y Facebook con otros gustos: no solo conocer los de cada usuario sino predecir lo que le puede gustar haciendo una oferta personalizada.

Fue el sitio porno más popular de la web hasta que le derrocó Xvideos en 2010, otro coloso que recibe cerca de 350 millones de visitas mensualmente y recibe unos 29 millones de GB mensualmente.

Junto a Redtube y Youporn, Pornhub es una creación de Fabian Thylmann un gris empresario del sexo que ya no tiene nada en común con otros como Hugh Hefner o Larry Flint, pero si mucho con Mark Zuckberg. Debido a sus sofisticados algoritmos esta página se ha convertido en la gran fuente de información sobre la pornografía a nivel mundial.

Por ejemplo, según sus datos, en 2016 se vieron 91.980.225.000 videos, a una media de 12,5 videos por habitante de la Tierra, con un tiempo que equivale a 524.375 años.

Los mayores consumidores de pornografía son EEUU y Reino Unido, de tercero India, seguidos de Canadá, Alemania, Francia, Australia, Italia, Brasil y México.

Pero ¿Qué es lo que mira la gente? Según Pornhub en la primera casilla están los videos de lesbianas, seguidos por los de teens (jóvenes), en la tercera están las step mom (madrastras) y en el cuarto los dibujos animados, especialmente el hentai japonés. Las milf (mujeres maduras) están en el quinto lugar.

Todo tiene su lado oscuro

Hacer una discusión moral sobre la industria del porno es una cosa bastante tonta. La expresión de los deseos y fantasías en imágenes es parte de la sexualidad humana y no tiene sentido pelearse con eso.

Excepto los cristianos ya pocos creen que el porno sea malo, aunque muchos lo encuentran de mal gusto o inconveniente. En la cruzada moral contra la pornografía las feministas han reemplazado a los cristianos afirmando que las mujeres son explotadas en la industria pornográfica y la prostitución y pidiendo su abolición.

Por supuesto que estas feministas son universitarias de clase media que no se molestan en preguntar qué piensan las actrices pornográficas y las prostitutas.

¿y que tienen que decir ellas?

Hay acuerdo en que es un trabajo muy duro, muchas se han sentido maltratadas y no quieren saber de eso, otras lo han considerado una fase en sus carreras y algunas han terminado ricas (una actriz puede recibir 1000 dólares por una escena), pero todas declaran que entraron en el negocio porque querían tener ese raro prestigio de ser una estrella porno.

El trabajo es muy bien pagado, pero extremadamente duro y difícil: la producción de las escenas implica mucha viagra, lubricantes y esfuerzos, no siempre es una orgia o un momento de placer.

A pesar de que los actores masculinos ganan mucho menos que las mujeres el “detrás de cámaras” está dominado por hombres y no son infrecuentes los casos de maltrato, abuso o estafas.

Las actrices tienen que ser muy cuidadosas respecto a con quien trabajan, sobre todo cuando todavía no tienen una fama que les dé poder de negociación.

El problema de la pornografía es otro: no solo si el deseo y la fantasía han sido devoradas por un mercado (sea el de los videos o el de las plataformas) sino, más importante, si ha dejado de ser una simple expresión de la sexualidad de la gente a tomar poder sobre la misma.

En Japón ya hay toda una generación de hombres que prefiere ver videos y masturbarse con muñecas (hechas a la imagen de heroínas de hentai) que seducir mujeres y tener sexo con ellas.

Es improbable que eso pase en otras partes del mundo, pero si podemos preguntarnos si las estereotipadas escenas de la pornografía americana van a terminar por ser el modelo de la vida sexual para la gente común.

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Por Fabio Zuloaga / Supuesto Negado