EL APAGÓN

Antes del Golpe vino el Apagón, y con él se prendió “esa” en plena urbanización.


El primer día del apagón nos tocó rebuscar pilas y velas dispersas: de cumpleaños, aromáticas, de navidad. Teníamos meses escuchando y leyendo que el apagón venía e iba a ser largo (que iba a ser infinito). Pero uno está acostumbrado a las profecías del desastre, y no se mueve sino cuando tiene el monstruo encima. No importa que tenga cuatro días libres a la semana.

San Bernardino estaba desierto, y las bodegas a las que podía llegar caminando estaban cerradas, como todo lo demás. Parecía un pueblo en cuarentena. De regreso ya se estaba haciendo de noche.”

No seguí para Cotiza, porque el vecino que siempre toca cacerolas había prendido un generador eléctrico que funcionaba con gasolina. Sin pensar mucho le toqué la puerta, primero, y después pegué un grito, porque el timbre no servía. Por un huequito de la puerta lo vi acercarse con una automática en la mano, y una linterna manos-libres sujeta con un cintillo a la cabeza.

-Es Febres, chamo. ¡No me vayas a matar!

-Si eres marico. No vale, pasa. ¿Tú eres loco? Tú te imaginas esta calle, con lo sola que es un día normal. Al lado del barrio, sin una sola luz y con apagón general, esto va a ser Silent Hill.

Mientras me buscaba las velas traté de picar adelante, hablando del cambio climático, del fenómeno del Niño, de lo que había dicho Chávez en Copenhaguen.”

“Nojoda, ¿cambiemos el sistema? ¡Eso es lo que no quieren ustedes!”. Y por ahí se fue. Que la hidroeléctrica de Tocoma que tenía que estar lista en 2007 y todavía nada. Que los miles de millones de dólares que se habían ido al agujero negro con compra de chatarra para blindar el sistema eléctrico en 2008. Que los 100 días que dijo Chacón tres años antes de irse para Austria.

Cuando ya me había dado las velas (aunque todavía tenía el hierro en el pantalón) dijo señalándome: “cambio es el que viene ahora, mano, y se la van a tener que calar”.

Era la primera que podía batearle bien: el único argumento sólido que queda para defender al gobierno chavista es no calarse al gobierno que viene con el hierro en la mano. Le hablé de los muertos cortando cables y quebrando postes y le pregunté si la luz la iban a traer con la ley de Amnistía versión gore, con la desinversión privada como en los años 90, o dejando a cinco millones de personas sin luz por las tarifas impagables como en España hoy. Mientras le hablaba íbamos avanzando hacia la salida.

Se escucharon ruidos en la calle. Corrió hasta la puerta con el hierro en la mano y se asomó por el huequito.”

“Hay candela, chamo. Parece que habrá guarimba”, dijo, y abrió la puerta. Afuera vecinos del barrio y algunos que habían salido de la Peñalver habían comenzado una fogatica para un sancocho en la calle. ¿Cuánto tiempo habíamos pasado en la discusión mientras eso pasaba?

Eduardo Febres/Supuesto Negado