LA ÚNICA FORMA DE EVITAR LA MATRACA EN LAS ALCABALAS ES TENER PADRINO

ALCABALA

Aunque el tema no sea nuevo, el “matraqueo” en las alcabalas se ha intensificado con la situación del país y ha adoptado nuevas modalidades.

Exigir a los camioneros parte de la mercancía que llevan desde los Andes al Centro y Occidente del país, es casi un requisito obligatorio. “Ahora pa´ llegar a Caracas hay que tener padrino”, denuncian los distribuidores.

Productores y transportistas de hortalizas, lácteos y productos de aseo personal artesanal, explicaron a Supuesto Negado que cada día las autoridades –principalmente la Guardia Nacional– son más descaradas con el cobro de “peaje” para dejar pasar los camiones.

Todos “los cuentos” pero sin nombres

Al caer la tarde, una botella de “michecito” empieza a reunir a un grupo de camioneros del Mercado de Mayoristas de Mérida, en Las Gonzáles, quienes intentan resguardarse de las ráfagas de frío helado que hoy –y desde hace unas semanas– recorren esta explanada ubicada en el corazón de la carretera transandina (o Troncal 7).

Al principio, el grupo se mostró reacio a comentar su relación con los guardias acantonados en las alcabalas que resguardan los 1.269 kilómetros de esta ruta.

Sin embargo, luego de acordar no mencionar nombres, no tomar fotos, ni grabar las declaraciones –y con un traguito de por medio para reforzar la confianza– empezaron a “echar los cuentos” del transporte y el matraqueo diario.

“Antes el problema se presentaba si usted no tenía la Sunagro (guía que autoriza la movilización del producto), andaba por ahí con la licencia vencida, sin certificado médico o le faltaban los papeles del camión. Pero ahora sí o sí hay que bajarse de la mula con los guardias”, se quejó uno de ellos, cercano a los 50 años, baja estatura y unas manos inmensas que evidencian años de trabajo físico.

Explicó que antes, cuando se ponían muy necios para dejarlos continuar su camino, se les “mojaba la mano”. Pero actualmente no se puede porque la mayoría no lleva mucho dinero en efectivo y la venta se hace por transferencia.

¡Ahora hay que dejar casi que medio guacal o un saco en cada parada! –se quejó un tipo muy joven de ojos claros y tez muy blanca– típica fisionomía del ADN paramero– mientras largaba un escupitajo de chimó.

Agregó que lo iban a dejar preso en diciembre porque lo pararon entre Portuguesa y Cojedes, primero la alcabala normal de la Guardia, después un punto de control de la Policía de Cojedes y después una camioneta de la Policía Nacional. “Yo soy tranquilo pero ya a los últimos les ofrecí trompadas de la arrechera que tenía. No había terminado de vender las hortalizas y ya tenía pérdida”, rememoró.

El resto del grupo asentía a cada comentario como dándole veracidad al relato.

Todos coincidieron en que el modus operandi –indistintamente de la fuerza de seguridad que sea– es mandar a orillar el camión, solicitar los documentos personales, del vehículo y de la carga. Si por allí “no lo pueden joder” entonces empieza la extorsión valiéndose de su condición de autoridad. Si el conductor se niega, es retenido por horas para forzar –por agotamiento– que entregue parte de la mercancía.

Contaron que hay una especie de “pote” en algunas alcabalas como las de Totumito, en Guadualito (Apure), el peaje de Tazón (sentido Caracas) y en San Agustín (Falcón). “Ahí los guardias guardan todo lo que le quitan a uno para repartírselos entre ellos y sus jefes”.

Después del segundo “frasco” de miche callejonero las confesiones se hicieron más libres y los señalados más pesados.

“La única forma de llegar hasta Caracas con la mercancía completa es tener un padrino. Y eso teniendo que reportar por teléfono cada vez que le vengan a querer quitar la carga”, dijo uno de los presentes, de barriga espléndida y menos resistencia a las bebidas espirituosas.

¿Cómo que un padrino?

“Pues ir apadrinado desde aquí por un chivo. Eso es lo que hacen los transportistas de la Asociación de Ganaderos de la Zona Alta de Mérida, los de la Frito Lay o los queseros montados. Le dan lo suyo a los militares de aquí y van tranquilazos”, explicó.

Del tributo real al militar

La alcabala era una figura tributaria de la corona que se remonta al imperio romano. En nuestro país, este “tributo” ahora es para el funcionario de turno en el puesto alcabalero o para su jerarquía de mando.

Aunque no excusa el alto precio de los alimentos, la matraca sistemática y continua a los transportistas de alimentos y otros bienes de consumo masivo es una carga más al costo de producción y distribución.

¿Pero quién le pone el cascabel al gato?

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Por Edgard Ramírez Ramírez / Supuesto Negado