La migración venezolana vista desde el gobierno de Maduro

Del presidente Nicolás Maduro pa´abajo, la mayoría de la nomenclatura del PSUV asegura que la migración venezolana no es como la pintan: que es mínima, una simple moda, se trata de una campaña “estúpida” y que se usa instrumentalmente para atacar a la Revolución Bolivariana.

Mientras los números oficiales de Acnur contabilizan la migración reciente en más de 4 millones 600 mil venezolanos (hasta el 5 de noviembre de 2019), el gobierno local sostiene que esa cifra es inverosímil.

Aunque el chavismo en Miraflores tiene meses sin referirse al tema, para inicios de 2019 su cuenta apenas si alcanzaba las 700 mil personas. Lo dijo el presidente Maduro y lo repitieron la vicepresidenta, Delcy Rodríguez, y su hermano, el ministro de comunicación, Jorge Rodríguez, en diversas ocasiones.

De hecho, en agosto de ese año, el titular de la cartera de comunicaciones hizo una rueda de prensa para explicar que la migración de venezolanos es usada de manera “bárbara, criminal y xenófoba” por Colombia y Perú.

Durante su presentación, mostró las cifras del número de extranjeros que para ese momento vivían en Venezuela y se beneficiaban con los programas sociales gratuitos.

“En la Patria de Bolívar viven 5 millones 600 mil colombianos, 500 mil ecuatorianos, 500 mil peruanos, 400 mil portugueses, 250 mil italianos, 200 mil españoles, un millón de árabes (provenientes de Siria, Libia, Palestina) y más de 500 mil chinos”, dijo.

¿Migrar por moda?

La migración venezolana fue en un principio altamente difundida en tono catastrófico y sin contextualizar las razones -esencialmente económicas-, pero con el correr de los meses el tema ha perdido presencia en los medios de comunicación y en las alocuciones de los políticos antichavistas.

“Hay que ver lo que es la campaña contra Venezuela. Yo la califico de estúpida porque nos quieren imponer una crisis de migración para justificar la intervención por la vía militar”, afirmó el presidente Maduro.

Por su parte, el canciller venezolano, Jorge Arreaza, aseguró que la estrategia de los gobiernos de derecha en la región de criminalizar e instrumentalizar la migración venezolana para evadir sus responsabilidades políticas y económicas “es tan vulgar, descarada y violatoria de DDHH, que hasta la sesgada BBC lo denuncia”.

También el Fiscal General, Tarek William Saab, se refirió en su cuenta de Twitter (en julio de 2019) a la migración, pero para denunciar la xenofobia: “Así son tratados los venezolanos en el extranjero: perseguidos y humillados. Expuestos al escarnio público luego de que millones de peruanos, colombianos, ecuatorianos, panameños, etc., hicieron familia y riqueza en Venezuela”.

También, Diosdado Cabello, presidente de la Asamblea Nacional Constituyente, aseguró durante el Tercer Congreso de la Juventud del PSUV que los venezolanos que han emigrado en los últimos años lo hicieron por “moda” y porque “parecía que daba estatus” tener integrantes de la familia en el extranjero.

Según Cabello, quienes emigraron fueron influenciados por “un gran plan de desestabilización mental urdido por la derecha”.

La siempre polémica ministra de servicios penitenciarios, Iris Varela, aseguró en un programa de la televisión estatal que quienes dejaron Venezuela son unos “frustrados de las guarimbas” y “ojalá que no regresen nunca”.

Pago por atención a extranjeros

A principios del año 2019, cuando los medios de todo el planeta difundían una y otra vez la “crisis humanitaria” y el masivo “éxodo venezolano”, en Miraflores se empeñaban en recordarle al mundo que Venezuela fue históricamente un país receptor de emigrantes.

“Más de 3 mil millones de dólares representa atender salud, educación, comida, gas, electricidad, gasolina, para los más de 6 millones y medio de migrantes colombianos, ecuatorianos y peruanos que están en Venezuela”, destacó el ministro Jorge Rodríguez en una rueda de prensa.

Por esos mismos días, el presidente Maduro decidió demandar al gobierno colombiano para exigir una indemnización en dólares (hasta el momento, no se ha publicado nada en torno a esta presunta querella).

También anunció que solicitaría 500 millones de dólares al exvicepresidente de Guatemala, Eduardo Stein -nombrado representante especial de la ONU para los refugiados y migrantes de Venezuela- para repatriar a los migrantes criollos que decidan regresar a través del programa Vuelta a la Patria.

Este plan de retorno a casa ofrece la oportunidad, a quienes quieran regresar y no tengan los medios económicos, de tomar un avión gratis auspiciado por el Estado. No hay requisitos necesarios para subirse a uno de estos vuelos, salvo el de ser venezolano y querer volver.

Según los datos publicados por la cancillería venezolana más de 16 mil ciudadanos han retornado y “la lista de espera solo crece”. Los motivos para la vuelta son diversos: La falta de oportunidades reales, la precariedad y la xenofobia imperante.

El país desde donde más venezolanos han regresado es Brasil, seguido por Perú y Ecuador. Desde su puesta en marcha, el programa ha operado 86 vuelos.

Invisibilización vs. Estridencia

Si bien es cierto que el gobierno venezolano ha menospreciado públicamente la preocupante migración, sus países vecinos y el tinglado comunicacional hegemónico han hecho todo lo contrario: No hacen diferencia entre migrantes económicos, refugiados y asilados, y su tratamiento discursivo se caracteriza por estar plagado de estereotipos que causan temor o rechazo en la comunidad receptora.

Según Huellas en el Sur (un equipo interdisciplinario que estudia el fenómeno migratorio venezolano actual) un porcentaje importante de las coberturas está concentrado en tres tipos de historias: La de los delitos cometidos por algunos de los recién llegados, la de la superación del migrante que llegó sin nada, consiguió trabajo y, ahora establecido, envía remesas a su país; o la historia sentimental -pero casi siempre vacía de contenido- de quienes “huyen del chavismo”.

La verdad es la verdad aunque la diga “tu enemigo”

Es irrefutable que los actores políticos presentes en la actual crisis venezolana impulsan, a través de sus medios, discursos acomodaticios para instrumentar a su favor la migración.

Los gobiernos vecinos y enemigos de Miraflores, al mismo tiempo que denuncian la “dictadura” y la “crisis humanitaria”, cierran sus fronteras e imponen cada día más requisitos de entrada a los migrantes que ellos mismos califican de refugiados y que según sus declaraciones, huyen buscando comida y libertad.

Es importante destacar el intento de estos países de posicionar la acción “humanitaria” como excusa para conseguir millones de dólares de los organismo multilaterales y ONG. Según Acnur, para atender la situación en el año 2019 eran necesarios 158,2 millones dólares.

Mientras tanto y paralelamente, el gobierno de Nicolás Maduro sostiene que la cifra no es alarmante y quienes se han ido del país lo han hecho “víctimas de las 350 medidas coercitivas que ha aplicado Estados Unidos contra Venezuela”.

Mientras rojos, azules y amarillos se señalan entre ellos acusándose de ser los causantes de la migración, cientos de venezolanos diariamente atraviesan las fronteras nacionales en busca de mejores oportunidades de vida.

Y para ellos la escalada de denuncias, reuniones, declaraciones y acuerdos no tienen ninguna incidencia.

Por ellos y sus familiares resulta urgente una política regional migratoria –obvio, con el gobierno venezolano incluido- cónsona con la preocupación que los gobiernos dicen tener.

Por Edgard Ramírez/ Supuesto Negado