¿LA MUTACIÓN ANAL DEL REGUETÓN?

regueton
La monopolización de Caracas por el dembow tardío con letras preporno ocurrió al mismo tiempo que la mejor campaña del chavismo. La banda sonora de la Batalla de Santa Inés del siglo XXI fue más “Gasolina” de Daddy Yankee y “Ando buscando” de Mr. Brian que “Florentino y el Diablo” de Alberto Arvelo Torrealba. En ese momento, bailar o escuchar reguetón y decir viva Chávez eran formas casi simétricas de provocar (o espantar) al prójimo clase media. Alguno llegó a especular sobre la potencia antiburguesa y subversiva del reguetón. Pero lo que pasó, pasó, y la clase media tardó mucho menos (casi nada) en aceptar el reguetón que en aceptar (casi nunca) que Chávez les había vuelto a ganar. El reguetón resultó mucho un negocio que uniformó y reprodujo en serie una fórmula de sadiqueo güevocéntrico para todo público, y casi nada la propagación de una voz agitadora de la clase original.

Después, el ala más conservadora del chavismo llegó a convertirlo anatema. Y la filiación ideológica del reguetón (en su fase más degradada, romántica y quesúo-pavosa)  terminó sellándose fue con el antichavismo, en la participación de Nacho como orador de orden en el “Día de la Juventud”.

Ahora, cuando el Gobierno chavista entra en la fase más conservadora de su historia, los editores de Supuesto Negado identifican en varios éxitos virales de changa, la posibilidad de un fenómeno musical que provoque o espante trans-ideológicamente el pudor del statu quo. Pistas como “Por el culo no”, “Las 4P” (pastillas, popper, perico, papel) y “Se te moja el papo” descorren el mínimo velo que todavía dejaban las letras de reguetón, en la poca letra que tienen.

Si Daddy Yankee insistía en que “Gasolina” no era una porno disimulada, “Se te moja el papo” aniquila toda posibilidad ambigua: “mami yo te estaba viendo y tienes todo bueno / así que dime cómo hacemos pa’ metete el güevo”. No se pierde saliva en símiles baratos o mínimo doble sentido. “Yo sí soy sincero y no es mentira”; “a 128 boletas por segundo”.

Uno ve lo bien que funciona el coñazo comunicacional cuando se pone en este ejercicio, y ve que las pistas no dejan decir nada más que lo que parecen mostrar: la repetición durante seis minutos de “no, no no / por el culo no / dale por la totona que por el culo me la cojo yo”. Cualquier discurso a partir de ahí puede copiarse y pegarse de cualquier perorata moralista previa sobre el reguetón, el punk, el rock o los bailes de negros en su momento. La única diferencia que veo es que en estas pisticas de “los poderes creadores del pueblo” la intención de borrar el pasado es manifiesta (Las 4P: comienza con un locutor que dice: “lo bueno de esta música es que no recuerda a nadie”). Es más que temprano para tirar pronósticos, pero todo indica que si tiene un sentido político, es el de ese finalismo anti político y obsceno, que quiere gozar sin imaginar.

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Por Eduardo Febres / Supuesto Negado