LA OPOSICIÓN CAYÓ EN CUENTA DE QUE VIENE UNA NUEVA CONSTITUCIÓN

Constitución

Dirigentes de la oposición política y mediática, al parecer, despertaron una mañana y cayeron en cuenta de que si la Asamblea Nacional Constituyente presenta un proyecto para ser sometido a referendo popular, el 2019 podría encontrarnos con una nueva Constitución Nacional.

Esta súbita toma de conciencia es parte de la grave crisis que sufre el sector antirrevolucionario, la cual se ha agudizado en los últimos catorce meses, justo desde que el gobierno logró su objetivo estratégico de poner en funcionamiento la ANC y paró en seco la espiral de violencia que se venía desarrollando.

Los dirigentes actúan como si les hubiese ocurrido un suceso insólito y repentino, algo equivalente a ir por una carretera solitaria y toparse con una nave extraterrestre. Pero está lejos de ser así: la presentación de una propuesta de texto constitucional es una opción y hasta puede considerarse una obligación con la que la ANC está en deuda ya, luego de más de un año de actividades.

El secretario general de Acción Democrática, Henry Ramos Allup, fue uno de los del despertar súbito. “No hay mejor manera de demostrarle al gobierno que los venezolanos estamos en desacuerdo con ellos, si presentan un referéndum, toda Venezuela tiene que ir a votar”, expresó.

Tendencias en redes

¿Qué disparó las alarmas en la oposición? Pues, algo muy típico de nuestros tiempos: una serie de rumores potenciados por las redes sociales acerca del presunto contenido del proyecto constitucional. De pronto, todos los dirigentes políticos que tienen actividad en estas ágoras del siglo XXI, así como los periodistas, comentaristas e influencers, estaban envueltos en la diatriba sobre si la oposición debe o no ir a ese aún hipotético referendo para votar NO contra un proyecto cuyo contenido desconocen.

De un momento para otro, el mentado borrador de Constitución era tendencia en Twitter sin que nadie fuera capaz de mostrarlo en forma concreta. Sucesivas oleadas de supuestas versiones confidenciales terminaban recalando en los clásicos miedos insuflados por la derecha en la clase media sobre la llegada del perverso comunismo después de 20 años de tentativas.

El debate confronta a la oposición con sus controversiales decisiones de 2017 y 2018, mediante las cuales ha tratado de deslegitimar al gobierno, a la ANC y a las autoridades derivadas de esta.

Abortar el trabajo de la ANC mediante una votación mayoritaria por el NO sería la forma de demostrar la falla de origen que siempre le han atribuido al proceso constituyente en curso: el que no se haya llamado a referendo previo para determinar si el electorado quería o no abrir esa puerta.

Los voceros partidistas y mediáticos de la oposición sostienen que de haberse realizado esa consulta, la convocatoria de una ANC habría sido rechazada, pues todo indicaba que en ese tiempo el antichavismo era mayoría. Debe tenerse en cuenta que la última medición de fuerzas había sido en las parlamentarias de diciembre de 2015, con el peor resultado para la Revolución en 17 años.

En protesta ante lo que consideraron una arbitrariedad, los partidos que entonces conformaban la Mesa de la Unidad Democrática se negaron a participar en las elecciones para integrar un cuerpo al que consideran írrito. En consecuencia, la ANC quedó conformada solo por diputados postulados por los partidos progubernamentales.

El dilema para los opositores es que ahora tendrán que optar entre abstenerse nuevamente o ir al referendo de la nueva Constitución para trata de evitar que se apruebe el trabajo de una entidad que califican de ilegal.

Ylich Carvajal Centeno, articulista del diario Panorama, advierte que los factores radicales de la oposición serán un obstáculo para lograr el consenso que les permita ir a un referendo. “De acuerdo con la retórica de la ‘dictadura’ que debe salir por el uso de la fuerza que sostienen los extremistas de la oposición, ellos no deberían participar en el referendo de ninguna forma porque eso implica reconocer a la ANC”.

Algunos dirigentes, opinadores e influencers piensan que el participar en una eventual consulta no implica otorgarle legitimidad a la ANC. Lo que se estaría logrando sería enmendar la falencia de la no realización del referendo previo. Una masiva participación de opositores en esa consulta sería como un “te agarro en la bajadita”, una manera de anular no solo el proyecto de nueva Carta Magna, sino también todas las decisiones tomadas por la Constituyente desde agosto de 2017. Algo así desataría de nuevo la crisis política hasta unos niveles no vistos hasta ahora.

Sin embargo, los observadores más sensatos saben que la fuerza electoral opositora se encuentra mermada con respecto a la que pudo haberse expresado en un referendo similar a mediados de 2017, cuando el gobierno del presidente Nicolás Maduro estaba contra las cuerdas.

Justamente, la ANC ha sido el eje transversal que le ha permitido al gobierno recuperar la gobernanza y, como parte de ella, la hegemonía en el plano electoral, demostrada en los comicios que se han realizado últimamente: los regionales de octubre de 2017, los municipales de diciembre de ese año y las presidenciales y de legislaturas regionales de mayo pasado.

La revitalización del chavismo ha marchado paralela a un fenómeno todavía más intenso: la división o casi atomización opositora. Luego del desastroso balance de las guarimbas que azotaron al país (especialmente a los enclaves opositores de clase media) entre  abril y julio de 2017, la postura ante los mencionados procesos electorales ha sido contradictoria. Participaron en las regionales, se retiraron de las municipales (aunque con algunas excepciones) y tuvieron una posición dual en las presidenciales, pues la MUD decidió boicotearlas, pero otras fuerzas participaron. Esa errática manera de jugar a la política ha erosionado de tal manera el caudal electoral de la antirrevolución que según algunas encuestas, (entre ellas la de la Universidad Católica, que sacudió a la oposición como un terremoto), indican que no pasa de 20% en lo que respecta a su lecho rocoso. Con semejante nivel de apoyo es muy difícil pensar en una victoria referendaria como la obtenida por la oposición en 2007, cuando se intentó fallidamente la reforma constitucional.

Ese clima favorable es, probablemente, una de las causas de que se haya comenzado a hablar del referendo. El chavismo, que ha sido magistral en su manejo de los tiempos electorales, bien podría hacer en los próximos meses una fuerte apuesta a un nueva confrontación en las urnas de votación.

Está claro que si la oposición concurre a un referendo constitucional, y lo pierde, le habrá dado al texto aprobado –paradójicamente- toda la legitimidad que hasta ahora le ha negado a la ANC.

En algunos círculos opositores se piensa que un referendo así podría reanimar al alicaído militante contrarrevolucionario y marcar el comienzo de una nueva etapa. Alegan que pueden sumar otro género de adversarios, pues una modificación de la Constitución contendrá necesariamente aspectos controversiales, más allá de la tradicional polarización chavismo-antichavismo. Por ejemplo, los temas del aborto seguro y el matrimonio igualitario pueden nuclear a importantes sectores en contra o forzar a la abstención a una parte del sector revolucionario.

La polémica dentro de la oposición apenas comienza.

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Por Clodovaldo Hernández / Supuesto Negado