LA OPOSICIÓN Y EL FRAUDE: UNA HISTORIA A LO JALISCO

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En una de sus legendarias piezas, Jorge Negrete canta: “Ese es mi Jalisco, valor sin bravatas / Jalisco no pierde, porque cuando pierde ¡Jalisco arrebata!”. Para contar (y cantar) la historia de la oposición a la Revolución Bolivariana habría decir que han sido 18 años de bravatas, pues casi siempre pierde, y cada vez que pierde –en su empeño de arrebatar-, monta su mariachi y denuncia fraude.

Incluso en una versión condensada, es una historia larga  y muchas veces repetitiva. Veamos:

Acta-mata-voto no era un chiste

Tal vez parezca un estudio paleontológico, algo como desenterrar fósiles de dinosaurios y mastodontes, pero hace apenas un cuarto de siglo, la trampa electoral era el modus vivendi de los dos grandes partidos políticos que reinaron en el país desde 1958 hasta el paso del huracán Hugo.

Ahora muchos comentaristas políticos pretenden darle al “acta-mata-voto” un carácter pintoresco. Intentan hacer ver que era una especie de arte naïf, propio de un país inocente y pleno de concordia. No es cierto: era un sistemático ultraje a la voluntad del electorado que se basaba en un sistema extremadamente vulnerable, pues una vez que se contaban los votos emitidos en los famosos tarjetones, quedaba en manos de las maquinarias políticas con presencia en las mesas. Los representantes de los partidos mayoritarios elaboraban las actas en las que ponían los números que se les antojaban. Lo asentado en el acto pasaba a ser la verdad, mientras las boletas eran desechadas. El acta había matado al voto.

El reinado del acta sobre el voto tenía luego varias vueltas de tuerca adicionales en las juntas electorales regionales  y en el entonces Consejo Supremo Electoral, donde había verdaderos doctores en fraude continuado, tanto entre los representantes de los partidos como entre los falsos independientes que allí operaban , y también entre los funcionarios técnicos, supuestamente no políticos.

Voto manual y una directiva de tahúres bien encorbatados han sido los dos sueños de vuelta al pasado de la oposición en los últimos 18 años.

De “¡el 28, el 28!” al Carmonazo

Tras la derrota ante Hugo Chávez Frías en 1998, la derecha quedó como un boxeador tendido en la lona. Intentó oponerse al referendo sobre la Constituyente de abril de 1999. Fracasó. Intentó tener presencia importante en dicha Asamblea, pero solo consiguió cinco escaños. Intentó imponer el NO a la nueva Carta Magna y fracasó.

En 2000 comenzaron los lanzamientos de torpedos contra el recién creado Poder Electoral que organizó las llamadas megaelecciones para relegitimar todos los otros poderes. Aprovecharon que en ese entonces había en el CNE ciertos personajes payasescos, como aquel de “¡el 28, el 28!”, y no les fue difícil sembrar dudas y forjar matrices de desprestigio. Algunos de esos personajes, dicho sea de paso, luego se pasaron al lado de la derecha, y desde entonces ofician como grandes expertos en materia electoral.

Pese a los errores y omisiones, el complejo proceso se realizó en julio. Pero la campaña siguió en contra del organismo electoral, hasta alcanzar su paroxismo en abril de 2002, cuando la directiva del CNE estuvo entre las autoridades desconocidas por el decreto del efímero dictador Pedro Carmona Estanga.

2004: El fraude del cisne negro

Un momento estelar de la relación maniática oposición-fraude es la madrugadita del 16 de agosto de 2004, cuando un estridente Henry Ramos Allup actuó como vocero de la entonces Coordinadora Democrática para cantar fraude en el referendo presidencial al que se sometió el comandante Chávez. Ramos Allup ofreció un legajo de pruebas en las siguientes 24 horas, pero hasta la fecha de escribir esta nota han pasado aproximadamente 115 mil 440 horas sin que los indicios hayan sido consignados.

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Para justificar una denuncia tan grave sin elementos probatorios, muchos se permitieron lanzar teorías que se movieron entre los universos paralelos y los hackers rusos. La más prominente de las versiones fue la del cisne negro, propalada por uno de los ministros del gabinete neoliberal de Carlos Andrés Pérez.

Como mera acotación: el único fraude que se demostró de manera fehaciente fue el que intentaron hacer los promotores del referendo durante la etapa de recolección de apoyo. De ese tiempo es el no tan genial invento de las firmas planas, ya parte de la historia del delito electoral venezolano.

2005: A deslegitimar al “rrrrégimen” se ha dicho

Aún aporreados por la felpa que les dio Chávez en el revocatorio (“el revolcatorio”, lo llamaron los chavistas), la oposición lanzó sus candidatos para la primera renovación de la Asamblea Nacional bajo el nuevo régimen constitucional. Sin embargo, unos días antes de los comicios, anunciaron el retiro en masa de sus abanderados, argumentando desconfianza en el árbitro.

La jugada pretendía deslegitimar al gobierno revolucionario, haciendo ver a la comunidad internacional que las elecciones legislativas eran, en realidad, una farsa. Sin embargo, el Parlamento fue electo, y la dirigencia opositora pasó cinco años rumiando su rabia por aquel error monumental del que Ramos Allup (siempre metido en el candelero) culpó a los dueños de medios de comunicación, por entonces jefes de facto del bloque antichavista.

2006: Vuelve el perro arrepentido

Tras haber boicoteado las elecciones parlamentarias, la oposición decidió concurrir a las presidenciales, pese a hacerlo con el mismo Consejo Nacional Electoral y las mismas leyes y normas electorales.

Chávez, en lo que posiblemente haya sido su mejor momento, aplastó al candidato de la derecha, Manuel Rosales, y su victoria fue tan contundente que pocos se atrevieron a insinuar que había necesitado de trampa.

2007: No hubo fraude… ¡claro, ganaron!

Chávez se confió demasiado en su etapa de esplendor y propuso una reforma constitucional que fue adversada por la oposición. El referendo estuvo precedido de miles de denuncias anticipadas sobre fraude, pero a la hora de la verdad, el gobierno perdió la consulta. Entonces ocurrió el milagro: el siempre tramposo sistema electoral esta vez no fue cuestionado.

Un año y algo más tarde, en febrero de 2009, se votó la enmienda constitucional con una victoria para el chavismo. La oposición pudo retomar su costumbre de decir que todo fue un engaño para perpetuar en el poder a Chávez.

2010: El fraude de los circuitos

Muy arrepentidos de su error de 2005 (aunque sin admitirlo públicamente) los opositores concurrieron con todo a las parlamentarias de 2010 y obtuvieron una magnífica votación, aunque quedaron en minoría en la AN. Aseguraron que,  de la forma más maquiavélica, se habían manipulado los circuitos para que el chavismo obtuviera más escaños con menos sufragios.

2012: una pela sin apelaciones

Pese a estar gravemente enfermo, el comandante Chávez le dio la pela de su vida al candidato opositor, Henrique Capriles Radonski, quien terminó reconociendo su derrota. No tuvo muchas opciones porque no había de dónde agarrarse para una apelación.

Previamente, para elegir a su candidato presidencial, la MUD había hecho unas primarias en las que puso en práctica otra de las peculiaridades de su sistema electoral ideal: la destrucción inmediata de todo el material electoral, incluyendo boletas y cuadernos. Las imágenes de los militantes del antichavismo viendo consumirse aquellos papeles en las llamas quedaron para la historia gráfica de este tiempo.

2013: de la calentera al plebiscito al revés

En las presidenciales sobrevenidas, realizadas en abril de 2013, nuevamente fue derrotado Capriles, pero esta vez no se aguantó. Cantó fraude y llamó a sus votantes a expresar su calentera, ocurrencia que costó 14 vidas y le dio alas a una actitud de violencia política que luego se haría fuerte en 2014 y en el corriente 2017.

Las pruebas del fraude, que Capriles anunció para ser presentadas en aquellos días de abril, corrieron casi la misma suerte de las de Ramos Allup, aunque se esforzó por mostrar una que otra cosa. Por cierto, entre los documentos que logró presentar estaban las actas de algunas mesas donde el candidato de la MUD había ganado. Una rara manera de cuestionar la victoria de su rival.

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Para fines de 2013 estaban pautadas las elecciones de alcaldes. Capriles, aún bajo los efectos del guayabo, declaró que aquella cita para elegir autoridades locales se convertiría en una especie de plebiscito nacional contra el gobierno de Maduro, que apenas comenzaba. Llegó diciembre, y los candidatos revolucionarios triunfaron estrepitosamente. El plebiscito salió al revés, por lo que ni Capriles ni nadie más en la oposición volvió a hablar de eso.

2015: circuitos a favor y fraude en Amazonas

En diciembre de 2015, los circuitos que habían favorecido al chavismo un lustro atrás, favorecieron a la MUD. Con una ventaja no tan notoria en votos, la oposición hizo caída y mesa limpia en la nueva Asamblea Nacional. Esta vez, los expertos nacionales  y globales no se quejaron de las iniquidades del sistema.

En cambio, del seno del chavismo surgió una denuncia sobre fraude en Amazonas. A diferencia de Ramos Allup en 2004 y de Capriles en 2013, el ex presidente del CNE, Jorge Rodríguez, y otros dirigentes del PSUV consignaron material probatorio, incluyendo unas conversaciones telefónicas de lo más reveladoras.

El presunto fraude ha sido clave en los acontecimientos políticos posteriores. El Tribunal Supremo de Justicia decidió la desincorporación de los diputados electos en el estado sureño; la directiva opositora de la AN se negó a obedecer el mandato judicial; el TSJ declaró a la AN en desacato… y en eso estamos todavía.

2016: Firmas y fraude

En su intento por activar el referendo revocatorio contra Nicolás Maduro, la MUD realizó una recolección de firmas que nuevamente fue cuestionada por el gobierno y el PSUV. Se puso en evidencia que, tal como había ocurrido en las primeras fases del referendo de 2004, hubo irregularidades en muchas planillas.

2017: ¿Quién los entiende?

Este año, la oposición hizo algo parecido a lo de 2005, cuando se negó a participar en las elecciones para la Asamblea Nacional Constituyente, alegando que no tenía sentido hacerlo con las autoridades del Poder Electoral que están en ejercicio.

Curiosamente, luego de que esas elecciones se realizaron sin participantes de la MUD, la coalición contrarrevolucionaria decidió que sí presentaría candidatos a las elecciones de gobernadores, pese a que, una vez más, sería bajo la conducción del mismo Consejo Nacional Electoral.

Para designar sus candidatos unitarios, la Mesa hizo unas primarias en las que nuevamente aplicó la técnica de quema de boletas y cuadernos. Afloraron algunas denuncias endógenas de fraude (entre ellas una contra el camaleónico Ismael García, ahora adeco, en Aragua), pero ¿cómo probar alguna irregularidad con el material convertido en cenizas?

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Tras conocer los resultados de las regionales del pasado 15 de octubre, una parte de los dirigentes mudistas salieron a cantar fraude y a anunciar la presentación inminente de pruebas. Otros se mostraron un poco más cautelosos porque saben que lo que el CNE dijo que pasó, ciertamente pasó.

Y no falta quien comience ya a perfilar una nueva teoría del cisne negro. El dirigente de Voluntad Popular, Freddy Guevara, por ejemplo, alegó en un tuit que la trampa no está en las actas (“Esas las tenemos”, dijo),  sino en complicadísimos mecanismos que solo podrán demostrarse con ayuda internacional. En la CIA, al parecer, dijeron que ya eso está hablado.

¿Cuál será el próximo episodio de esta nueva versión de Jalisco? Como decían en la radio de antes, “seguiremos informando”.

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Por Clodovaldo Hernández / Supuesto Negado