LA QUINCENA EN UN POLVO, O CUÁNTO CUESTA UNA NOCHE DE AMOR EN CARACAS

La preocupación por los precios de los productos para cubrir necesidades básicas, ocupa la agenda discursiva y el tiempo de los venezolanos. Los temas políticos, la inseguridad, la salud, están en el temario obligado. Sin embargo, poco se habla de una necesidad importante, que se ha convertido también en un lujo: el sexo. Los amantes que no tienen lugar donde encontrarse, tradicionalmente acuden a hoteles donde hallar placer, pero ¿Qué pasa con los precios y la demanda de estos lugares en medio de la situación económica? ¿Cuánto cuesta una noche de amor con todos los juguetes incluidos?

Era una noche de miércoles en Caracas, el cielo se deshacía en finas gotas que inundaban poco a poco la ciudad. El primer paso para investigar cuánto cuesta una noche de amor, de sexo, o como quiera llamarlo, debía ser obligatoriamente saber sobre condones; los precios oscilan entre 15 y 20 mil bolívares la caja, de las dos marcas más conocidas (cada una trae tres unidades).

Paso siguiente, antes de entrar en situación, es importante pensar en abastecerse de alimentos para resistir la jornada. Hay parejas que prefieren una comida ligera, otras, optan por cenar bien. En una rápida encuesta, las comidas más populares antes de ir al hotel son: hamburguesas (entre 35 y 52 mil bolívares cada una), pollo en brasas (entre 100 y 170 mil bolívares el combo sencillo de pollo para llevar, es más costoso si se come en el restaurante) o pizza (alrededor de 100 mil bolívares una sencilla para dos personas), agruegue usted el precio de la bebida que prefiera.

Si el potencial usuario no tiene vehículo, tomar un taxi es todo un reto: corre el riesgo de que su hotel de confianza no tenga habitaciones disponibles y deba iniciar un recorrido que pueda costar hasta 40 mil bolívares más. La carrera mínima, cobra 10 mil bolívares de Chacaíto a Sabana Grande.

El recorrido de Supuesto Negado inicia en la popular calle de los hoteles en Plaza Venezuela, el más económico es el hotel Bruno (sí, el mismo donde fue hallado muerto el subsecretario de la Conferencia Episcopal de Venezuela, Padre Jorge Piñango en abril de 2006). Allí la noche costaba 25 mil bolívares, pero a partir del viernes 18 de noviembre, aumentó a 40 mil.

La mayoría de los hoteles cuenta con servicios de minibar, sin embargo, las parejas que lo visitan, prefieren comprar sus bebidas y llegar con ellas al hotel. Las más usadas son la sangría (entre 80 y 95 mil bolívares la botella), o las cervezas (120 mil bolívares la caja).

Para el sexo también existen las clases sociales

A excepción del hotel Bruno, en la calle de los hoteles, los precios varían entre 50 y 70 mil bolívares por noche. La mayoría de los hospedajes combina su estadía para parejas y también para familias. Esta es una de las zonas más económicas para elegir un lugar donde tener este tipo de encuentros.

A medida que la ruta avanza hacia el este de la ciudad, los precios aumentan. En El Rosal, por ejemplo, la noche puede costar desde 42 mil bolívares hasta 680 mil bolívares (precio de la habitación Aladdín, la más cara en ese famoso hotel).

Ya más hacia el este, en La California, el Dallas Suites puede cobrar hasta 2 millones 700 mil bolívares por uno de sus más costosos aposentos.

Una alternativa, para poder disfrutar del placer del amor, puede ser pagar por “el rato”, modalidad que incluye entre 3 a 6 horas de alquiler de la habitación, dependiendo de las políticas de cada lugar. Algunas parejas (todas prefieren mantener el anonimato, incluso gerentes y personal de los hoteles, la industria del placer está revestida de cierto toque de pecado) cuentan que si hay mucha demanda, por ejemplo el día de los enamorados, fines de semana de quincena o víspera de feriado, es difícil encontrar un sitio para pasar la noche, así que solo queda amarse a ratos. Los precios van desde 20 mil bolívares en Sabana Grande hasta casi 400 mil bolívares en Dallas Suites.

El precio de la escapada

Mario Oropeza (nombre ficticio, personaje real) llega a la oficina luego de una tarde de relax, sin desparpajo afirma: ya no es posible tener amante. Anunció temprano a su esposa que llegaría tarde por una molesta reunión que debía sostener con las autoridades en su lugar de empleo.

La realidad, era que ya había planificado una tarde con un amor de viejos tiempos. Pagó por la gracia 380 mil bolívares en habitación, 170 mil en dos botellas de sangría, 40 mil en una bolsa de hielo: 590 mil bolívares en seis horas de reencuentro amoroso. El acuerdo para poder hacerlo, fue pagar entre los dos. ¿Podría hacerlo una pareja de amantes que cobre sueldo mínimo?

Mario se ríe y advierte que esta situación favorece a las esposas porque “ya no se puede tener amantes”.

En El Rosal, una pareja clandestina declaró a Supuesto Negado, que ya no son tan frecuentes sus encuentros, acuden cada quince días, si pueden, “dependiendo del bolsillo”, a pagar por un rato de cuatro horas al Hotel La Rosaleda.

Los hoteles y su realidad

Durante el recorrido por los hoteles caraqueños, los encargados y empleados coincidieron en que la situación económica del país ha afectado el servicio hotelero. Conseguir los productos de limpieza del lugar, y los que se ofrecen a la clientela, son un reto para este negocio.

En tal sentido, la mayoría ha debido, además de aumentar sus tarifas, disminuir algunos servicios, por ejemplo el papel higiénico, uno de los empleados, que pidió que su identidad quedara en el anonimato, explicó que solamente consiguen el papel industrial, por lo que lo distribuyen en cuotas reducidas, dos pedazos de papel y dos jaboncitos (en otros hoteles solo un jabón) por cada habitación, en una bolsita plástica.

En la calle de los hoteles, afirman que las visitas de parejas han disminuido entre 30 y 50 por ciento.

Atalia Santana, conserje del Hotel Aladdín, narró que la afluencia ha disminuido en 20 por ciento, consideró que no ha bajado tanto porque “la gente reúne para celebrar aquí sus ocasiones especiales como aniversarios, despedidas de solteros y ese tipo de encuentros”, detalló que para eso siempre se tiene entrada.

Sin embargo, muchos hacen el esfuerzo por preservar el tiempo y el dinero para este tipo de encuentros que la mayoría hace de forma clandestina.

Luego del estrés de pagar por todo, finalmente llega la hora de olvidar y entregarse al placer de una noche de caricias y sexo. Después de eso, ¿habrá aún quien pueda disfrutar de un desayuno después de la jornada?

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Por Jessica Sosa / Supuesto Negado