Lacava alborota el avispero chavista al hablar de “privatizaciones buenas”

Controversial por naturaleza, Rafael Lacava ha alborotado una vez más el avispero. Y no uno cualquiera, sino el que tiene que ver con uno de los dogmas de fe del chavismo: la privatización de los servicios públicos.

Mientras el país entero se recupera lentamente de trauma de los apagones de marzo y casi todo el territorio (con la excepción de Caracas) sigue sometido a severos racionamientos eléctricos, Lacava se lanzó con una tesis que remonta a tiempos de Carlos Andrés Pérez y sus IESA boy’s: el servicio de electricidad funciona mejor en manos privadas. Existen, pues, privatizaciones buenas.

La declaración tuvo el efecto de un rayo o, al menos, de una subida de voltaje de esas que causan estragos en los artefactos eléctricos. En el chavismo provocó varios cortocircuitos.

“Sáquenme de dudas: ¿el que habló era el gobernador Lacava o era un yupi neoliberal?”, expresó uno de los guerreros del teclado (que no solo abundan en las filas opositoras). Ese tipo de comentarios, dejados caer en grupos de Whatsapp de revolucionarios detonaron debates que por momentos se desbordaron hacia el terreno del insulto neto.

Salieron a relucir sentimientos con toda la apariencia de haber sido largamente añejados, con respecto al gobernador de Carabobo. Varios de los críticos dijeron estar esperando conductas de ese estilo hace tiempo, habida cuenta de que Lacava viene de una familia de empresarios, y es bien sabido que “la burra siempre jala pal monte”.

Volver al modelo de la IV

Algunos quisieron ser más técnicos y señalaron que la propuesta de Lacava es, ciertamente, de naturaleza neoliberal o, cuando menos, de raigambre cuartorrepublicana, pues el gobernador hizo énfasis en que estaría de acuerdo con transferir a manos privadas la distribución de la electricidad, dejando la generación y la transmisión en poder del Estado. Esa es la esencia de los amantes de las doctrinas del libre mercado: dejar que el sector público cargue con las grandes inversiones y quedarse ellos con el lomito del negocio. De esa manera se amasaron grandes fortunas durante el siglo XX en el país que construyó represas, grandes termoeléctricas y redes de transmisión formidables mientras las empresas privadas se quedaban con las grandes ciudades, compraban barato y cobraban caro. Para atender a los pueblos y lugares apartados o pequeños (es decir, poco rentables) la IV República tuvo a Cadafe.

Pero a Lacava no le faltaron defensores, ni siquiera entre los mismos revolucionarios, pues la paciencia de la mayoría de la gente, sin distinción de ideología política, se ha agotado con los apagones, los cortes programados y los planes de equilibrio de cargas. Son pocos los que se animan a defender la propiedad estatal de la industria y el servicio de electricidad, luego de varios años de crecientes calamidades.

De hecho, Lacava encarna la opinión de muchos carabobeños, al menos en el sentido de que es necesaria una sacudida en este sector, pues la población ya no aguanta tantos problemas con el servicio.

Los que se oponen a la propuesta del mandatario regional pero no se atreven a empantanarse en la defensa de una industria colapsada, alegan que el asunto es de principios. Lo que ha causado tanto daño no es el control estatal sino la corrupción que, por cierto, no es un fenómeno exclusivo de los funcionarios públicos, sino que abarca también a los empresarios que, en algún momento durante la etapa revolucionaria, han sido llamados a participar.

Surge acá con especial intensidad el tema de los llamados “bolichicos”, que se beneficiaron con fabulosos contratos para ayudar a resolver la crisis eléctrica hace algunos años y utilizaron los fondos para llevar vidas de príncipes saudíes.

El “proyecto Lacava”

Otros análisis van algunos pasos más allá del tema eléctrico. Hay quienes opinan que Lacava está dando pasos concretos hacia lo que siempre ha sido su objetivo: forjar un liderazgo nacional basado en una modalidad ligera de chavismo que pueda darle apoyo de revolucionarios y  también de opositores

El articulista Henry Escalante lo dice de esta manera: “Cuando el señor gobernador del estado Carabobo, Rafael Lacava, pretende erigirse como el gran privatizador de la comarca, en el nombre de Drácula, lo hace como el propio chupasangre que pretende ahora hacernos olvidar el camino transitado por este pueblo, en particular, el conocido como la guerra eléctrica. ‘Destruyo, luego existo y me erijo como el gran salvador de lo destruido por mí’”, escribió en un análisis titulado Caos, shock, Lacava y privatizaciones.

Bajo ese mismo enfoque, otros comentaristas señalan que Lacava podría estar tratando de convertirse en una carta potable incluso para Estados Unidos, pues se sabe que ha logrado tener relaciones en un nivel muy superior al de figuras de mucha más proyección en el chavismo y ha sido un integrante destacado del Grupo de Boston. Estas referencias hicieron recordar cómo fue que en medio de las severas medidas coercitivas unilaterales que ejerce EEUU sobre Venezuela, él logró aliviar el problema del transporte en su estado mediante la importación de 200 buses usados en el país del norte, aun cuando luego de esa operación también fue castigado por el gobierno de Trump con una de sus “sanciones”.

¿Rumbo del gobierno o foco infiltrado?

La polémica se aplacó, como suele ocurrir en Venezuela, porque cada día surgen diez o veinte temas de gran impacto y la opinión pública rara vez puede centrarse en alguno. Pero el telón de fondo está allí.

El debate de más envergadura gira alrededor de la pregunta de si el gobierno piensa tomar un rumbo parecido al delineado por la propuesta de Lacava o si él es  más bien una pieza suelta, parte de una especie de foco infiltrado en la Revolución.

Los que piensan que es una línea general dicen que Lacava no es el único funcionario con relieve político y presencia comunicacional que ha hecho ese tipo de planteamientos. Otros han avanzado en esa dirección, como es el caso del ministro de Agricultura Productiva y Tierras, Willmar Castro Soteldo, y su famosa referencia a la “burguesía revolucionaria”.

En el ámbito de este ministerio no solo se ha llegado lejos en lo meramente declarativo, sino en las acciones, pues varias empresas que estuvieron en manos públicas, porque fueron  expropiadas, reactivadas o creadas por el Estado, han pasado a estar bajo control privado sin  que mucha gente se explique cómo se hizo.

En diversos sectores –aparte de electricidad y agricutura- hay gente dispuesta a apoyar la tesis de las privatizaciones porque las experiencias nacionalizadoras han sido verdaderos desastres: los hoteles de Venetur y la empresa naviera Conferry son apenas dos botones de muestra.

Desde su postura de guerrero digital, otro chavista amparado en el anonimato de las redes se aventura a preguntar qué grupos económicos regionales, nacionales o globales habrán pasado por la mente de Lacava cuando se refirió a la eventual privatización del servicio eléctrico en su estado. Saberlo tal vez encendería una luz para saber por dónde va su propuesta.

Por Clodovaldo Hernández / Supuesto Negado