Ley de amnistía: Arma de doble filo para la oposición

Amnistía

La propuesta de una Ley de Amnistía y el otorgamiento de “incentivos” a funcionarios militares y civiles que desconozcan la autoridad del presidente Nicolás Maduro hasta ahora solo ha tenido un efecto visible: el “alzamiento” de unos oficiales y soldados… en Perú. Sin embargo, no es una movida que el Gobierno pueda subestimar.

Es una carga de profundidad dirigida a corroer la lealtad de la Fuerza Armada Nacional Bolivariana y de diversos niveles de la burocracia estatal. En circunstancias de inestabilidad política podría encontrar eco en personas susceptibles a la amenaza o al chantaje.

Entre los grupos vulnerables se encuentran los oficiales de la FANB que han sido acusados por supuestas violaciones a los derechos humanos, especialmente aquellos a quienes se ha amenazado con juicios extraterritoriales o a los que ya se han aplicado las “sanciones” de Estados Unidos, Canadá y la Unión Europea. El prototipo de esta clase de funcionario es el magistrado Christian Zerpa, quien dijo estar dispuesto a colaborar con las autoridades de EE.UU., a cambio de que se le conceda refugio.

Otros que podrían sentirse atraídos por la oferta de amnistía son los funcionarios procesados por presuntos delitos de corrupción desde que el Ministerio Público cambió de las manos de Luisa Ortega Díaz a las de Tarek William Saab. Estos individuos podrían pactar un olvido de sus casos a cambio de algún tipo de manifestación de alzamiento contra el Gobierno.

La jugada de la amnistía está pensada para desarrollarse en una línea de tiempo, en el contexto de los acontecimientos que la oposición espera poder precipitar en las próximas semanas.

Si a partir del 23 de enero, los grupos opositores consiguieran cristalizar un retorno a las manifestaciones de calle, la oferta de amnistía gravitaría como un elemento de chantaje contra los cuerpos de seguridad. Veremos a los líderes de las guarimbas advertirles a los oficiales de la Guardia y la Policía Nacional Bolivariana que esa es su última oportunidad para acogerse al perdón. Inhibir la respuesta oportuna de la fuerza pública puede significar la diferencia entre disturbios focalizados en zonas de clase media, como los de 2014 y 2017, y confrontaciones entre bandos políticos en zonas populares.

De la misma manera, los promotores de la amnistía confían en que algunos de los eventos que pueden ocurrir en el futuro inmediato (inducidos o espontáneos), relacionados de una u otra manera con las FANB, ayuden a desencadenar las manifestaciones de rebelión

Arma de doble filo

La posible Ley de Amnistía no solo es un arma de cuidado para el Gobierno. Es de doble filo y puede revertirse en contra de la oposición.

Luego de tantos años criminalizando las acciones de los militares, especialmente de la GNB, para buena parte de la dirigencia y de la militancia opositora es inconcebible que se hable de un perdón anticipado para oficiales a los que se ha comparado con Hitler, Mussolini o Pol Pot.

Los sectores radicalizados que operan desde el exterior, a los que algunos llaman “los guerreros del teclado”, rechazan cualquier transición que no conlleve al exterminio del chavismo.

Otros grupos, con un enfoque más centrado en lo ético, temen que la medida destinada a ganar apoyos en ámbitos clave, como las fuerzas de seguridad del Estado y la burocracia estatal, termine por generar un manto de impunidad para los corruptos civiles y militares.

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Por Clodovaldo Hernández / Supuesto Negado