¿QUÉ ES LO QUE SUELE NEGOCIARSE EN LAS MESAS DE DIÁLOGO?

Mesa de dialogo

Las negociaciones entre el gobierno venezolano y la MUD se reanudarán el 11 de este mes en Santo Domingo en medio de una situación muy compleja en la que ningún bando la tiene fácil.

Este es un proceso difícil para ambos actores: la MUD viene de derrotas electorales y políticas sin precedentes y el gobierno, el aparente vencedor de los lances de 2017, se encuentra no solo ante una crisis económica muy grave sino padeciendo crecientes sanciones económicas y una gobernabilidad afectada por saqueos y disturbios ocurridos a finales de diciembre de 2017 y la primera semana de 2018.

Así que, aunque en Venezuela no hay guerras ni un proceso de transición política, la negociación de Santo Domingo no carece de parecidos con procesos dados tanto en América Latina como en el mundo, de ahí que podamos preguntarnos ¿Cuáles son los temas que se plantean usualmente en las grandes negociaciones políticas? Y ¿se plantean esos temas recurrentes en nuestro país?

Los temas

Aunque las negociaciones políticas son prácticamente una ciencia compleja, hay ciertos temas comunes o recurrentes en los procesos de negociación, sobre todo a los de América Latina entre los más importantes destacan:

1- Reconocimientos políticos

En casos extremos de conflicto político, por ejemplo, durante guerras civiles, los contendientes no se reconocen mutuamente, es decir, admiten que, de hecho, el enemigo existe, pero no aceptan sus reivindicaciones, derechos o su existencia política: las fuerzas insurgentes pueden considerar al gobierno como de facto y el gobierno puede considerar a los rebeldes o disidentes como bandidos.

Un caso extremo de esto era la relación entre la OLP e Israel, donde la primera no reconocía la existencia de Israel y el segundo negaba la existencia del pueblo palestino. Con los acuerdos de Oslo en los años noventa la OLP reconoció legalmente a Israel e Israel hizo lo propio con los palestinos. Este es un caso extremo de algo que es muy común en el conflicto político: los contendientes aceptarán que el otro existe de hecho, pero no de derecho.

El caso de Venezuela está lejos de ser tan extremo como el de la OLP e Israel pero si tienen algo en común: durante más de 15 años la oposición ha llamado al gobierno “dictadura” y el gobierno ha asociado a la oposición con golpismo. En la coyuntura actual esto se traduce en que si la oposición no solo va a reconocer al gobierno como legitimo sino que va a reconocer a la Asamblea Constituyente y si el gobierno va a reconocer a la Asamblea Nacional a la que considera desde hace tiempo en desacato.

Dadas las circunstancias, en este caso, la presión estará sobre todo sobre la Oposición: incluso si el gobierno reconociera a la Asamblea Nacional esta seguiría sometida a la Constituyente, pero para la oposición es mucho más delicado reconocer a esta última y como sin duda el gobierno hará del reconocimiento a la ANC un requisito indispensable, queda abierta la pregunta de si la oposición está dispuesta a reconocer la ANC y, si es así, a cambio de qué.

2- Leyes y cambios constitucionales

Los procesos de diálogo y negociación suelen quedar expresados en tratados y convenios que son suscritos por ambas partes. En ese sentido, siempre hay un producto jurídico en negociación, pero además de los acuerdos las leyes y –a veces– la constitución misma tienen que ser modificadas: así ocurrió en Colombia donde la negociación con el M19 resultó en una constituyente y la dada con las Farc en varias leyes como la del Marco Jurídico de la Paz.

En el caso venezolano la cuestión legal más importante son los cambios constitucionales que vienen dándose desde principios de 2016 en primer lugar, debido a varias resoluciones del Tribunal Supremo y luego con la instalación de la ANC. Todos estos cambios han sido enormemente polémicos y tomados al calor tanto del conflicto político como de la crisis económica y se dividen en medidas que le restaron atribuciones al poder legislativo (en medio de las amenazas de que la AN sea la plataforma para derrocar al gobierno) y otras que permiten la cooperación internacional con empresas como Sinopec y Rosneft, además de las que buscan la apertura del llamado Arco Minero del Orinoco.

Estos cambios en la constitución y las leyes no solo fueron el detonante de las violentas protestas dadas entre abril y julio del año pasado sino del surgimiento de una “disidencia chavista”. En ese caso parece más probable que el gobierno esté dispuesto a ceder, eventualmente, en lo que respecta a las funciones de la AN que respecto a las resoluciones que han permitido los acuerdos con Rosneft y la apertura del Arco Minero los cuales, sin duda, considera indispensables en esta fase terminal del modelo rentista.

3- Justicia y derechos humanos

Desde los años noventa las grandes negociaciones políticas tienen como punto en común crear mecanismos para detectar y castigar violaciones a los derechos humanos sucedidas en medio de los conflictos políticos. Surgen así Comisiones de la Verdad y la reconciliación en países como El Salvador, Sudáfrica, Argentina, Irlanda, etc. El objeto de estas comisiones es detectar y, de ser posible, castigar todos los crímenes sea quien sea que los haya cometido.

En un primer momento estas comisiones surgieron luego de la caída de regímenes autoritarios o el fin de guerras, pero han surgido en varios países como mecanismos para aclarar eventos y establecer responsabilidades tras periodos de inestabilidad o violencia.

En Venezuela ambos lados de la negociación tienen distintos reclamos relacionados con los derechos humanos: la oposición clama que existen cientos de presos políticos y asesinatos de manifestantes durante los disturbios de abril-julio y el gobierno que hay directa responsabilidad de dirigentes de oposición como Freddy Guevara y Julio Borges en hechos violentos como guarimbas y trancazos que afectaron a civiles indefensos, de hecho, en septiembre se instaló la Comisión para la Verdad, la Justicia, la Paz y la Tranquilidad Pública (Covejuspaz) en el seno de la Asamblea Nacional Constituyente.

Este será uno de los temas más complejos a discutir en la mesa de negociación pues a lo largo de 2016 tanto manifestantes como policías y militares cometieron crímenes serios que van desde linchamientos y saqueos a disparos o torturas contra manifestantes; crímenes que han resultado en la detención y procesamiento de civiles, policías y militares durante los últimos meses.

Muchos de los operadores políticos, tanto en el gobierno como en la oposición, creen que estos excesos no fueron aislados sino parte de la estrategia de sus adversarios y así como hay en el chavismo quien quiere procesar y detener a Guevara y Borges, hay en la oposición quien plantea el encarcelar a dirigentes chavistas (tras una hipotética salida del chavismo del poder) y han usado el argumento de los derechos humanos y de la crisis humanitaria para promover sanciones contra Venezuela. Como el tema de los derechos humanos conecta directamente con el de las sanciones es uno de los más delicados.

4- Distribución del poder político

El tema último, la piedra de toque de toda negociación es el poder político: quien está en el poder y quién no, quién ha vencido y quién ha sido derrotado. Pero este es un tema siempre complejo porque cuando se dan negociaciones o procesos de diálogo es porque ni la derrota ni la victoria están completamente decididas.

Los escenarios típicos de las negociaciones políticas son dos: el primero es acordar la manera en que se dará la transición de un régimen político a otro, esto es lo que ocurrió en los años veinte cuando Inglaterra negoció con el IRA la independencia de Irlanda o que se dio en Sudáfrica con el fin del apartheid.

Sin embargo, el escenario más común es el segundo: cuando tras un conflicto político, la fuerza hegemónica, la que está en el gobierno, no puede ser vencida, pero el enemigo no puede ser derrotado completamente o el gobierno no quiere pagar los costos de una victoria total, Colombia (Farc M19), El Salvador (FLN) y Nicaragua (Misquitos y la Contra) son tres escenarios típicos de esto último.

No tiene sentido para el gobierno reconocer a una oposición que busca no solo derrocarle sino destruirle, no tiene sentido para la oposición negociar con un gobierno que quiere perpetuarse en el poder a cualquier costo: esa es la esencia de toda negociación política de este tipo.

En Venezuela, aunque sin guerra, hay una situación análoga: todos los intentos de derrocar al gobierno desde 2002 para acá han fracasado estrepitosamente pero siempre sigue existiendo una cantidad significativa de oposición al gobierno (a la que ahora se suma un gran malestar e inquietudes sociales) en este caso el equivalente de la derrota militar total sería la ilegalización de los partidos de oposición que, para el gobierno, sería una jugada costosa e indeseable.

Se entiende que en ambos bandos hay quien quiere a la vez reconocer esta situación y regularizarla. En ese contexto el principal reclamo del gobierno es el “desarme” de la oposición que en este caso implica el cese de las sanciones económicas que son la última “arma” que le queda a la MUD, mientras que para la oposición lo importante son las garantías de cuándo y cómo se harán las elecciones presidenciales.

Con el tablero bastante movido y varios de los intermediarios hablando de retirarse de la mesa es difícil saber qué ocurrirá con las negociaciones de Santo Domingo, pero sea como sea, si estas fracasan 2018, que de por si se presenta como un año bastante difícil, se complicará mucho más.

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Por Fabio Zuluaga / Supuesto Negado