¿QUÉ VAN A HACER CON LOS LOCALES EXPROPIADOS EN SAN JACINTO?

El público y los comerciantes de la zona lo que quedaron fue claros y sin vista. Aquella mañana todo hacía presumir que iba iba ocurrir algo en San Jacinto, en los alrededores de la plaza El Venezolano en el centro de la ciudad capital, pero muchos ni se imaginaban lo que era. Los que sí estaban claros –aunque se estaban haciendo los locos–, eran los dueños de varios de los locales anclados en el Pasaje Linares, ese callejón empedrado que muchos conocen porque conduce a la casa de Simón Bolívar o, simplemente porque era la zona piñatera por excelencia de Caracas, donde se conseguían todo tipo de piñatas, con sus respectivos implementos (jugueticos) desde hace décadas. Ellos sí sabían porque un mes antes (el 20 de abril) les había llegado la notificación en la que les aclaraba que varios locales, y se especificaba el nombre de los mismos, habían sido “declarados expropiados por causa de utilidad pública o social y ocupación temporal”.

Esta denominación –utilidad pública– aplica cuando, por ejemplo, el Estado decide ampliar una autopista, construir una carretera, un túnel, una escuela, liceo, universidad, o emprender una obra como el Metro. Todo lo que esté en el camino, sea empresa, residencia o lo que sea, es objeto de expropiación.

En ese caso no hay pataleo, no hay cuento que valga. Una vez que se emite el decreto, se le da al afectado un plazo para que retire sus cosas, luego del cual se ejecuta la medida y el afectado comienza a peregrinar a fin de que se cumpla el proceso de indemnización. Una de las últimas medidas que se hizo en Caracas, fue hace menos de cinco años cuando el presidente Chávez ordenó al entonces alcalde de Libertador, Jorge Rodríguez, la expropiación de varios estacionamientos, chiveras y terrenos ociosos para construir hogares de la Gran Misión Vivienda Venezuela.

La comunicación que en abril les hicieron llegar a quienes regentaban o administraban los locales remitía al Decreto N° 0030 de fecha 19 de abril, publicado en la Gaceta Municipal 4303-1, donde se plasma que “Con este instrumento se propone retomar el proyecto de desarrollo cultural, turístico y socioeconómico del casco histórico de Caracas, proyecto que cuenta con el apoyo y el visto bueno de la alcaldesa Érika Farías, así como de la jefa del Gobierno del Distrito Capital, Carolina Cestari.

Hasta allí todo tiene mucha lógica. Ciertamente, la manzana que va de San Jacinto a Traposos pertenece al casco histórico caraqueño, por lo tanto es una cuadra muy importante para la historia de la ciudad, tanto es así que en ese espacio está ubicada la casa natal del Libertador.

Dice el texto: “Todas aquellas personas que se crean con derecho de propiedad sobre siete inmuebles ubicados entre las avenidas Sur 1, esquina de San Jacinto a Trasposo, con Pasaje Linares de la avenida Universidad, en las adyacencias de la plaza El Venezolano, presuntamente propiedad de José Fuscaldo, sucesión Manuel José Fuentes Gilly, Inversiones Champiñac 18 C.A., Venezuela Investiment Holding S.A., Francisco Fuscaldo y Fralumar S.A., fueron declarados expropiados por causa de utilidad pública o social y ocupación temporal”.

El caso es que no fueron 7 los locales expropiados, sino diecinueve, pero nadie supo explicar la razón y a estas son horas que no se sabe si fueron 7 o 19, porque como simplemente nadie abre la boca, no hay maneras de saberlo.

¿Y cuál es el destino?

El hermetismo oficial reinó. Nadie suelta prenda. Los funcionarios miran a la gente por encima del hombro y los obreros dicen que sólo los contrataron para tumbar tal o cual pared o para levantar una fachada, pero que nada saben de lo que realmente tienen en mente construir allí.

En la zona circulan rumores, comentarios y hasta especulaciones sobre cuál será el destino del conjunto edificado y el alcance del proyecto de “desarrollo cultural, turístico y socioeconómico del casco histórico de Caracas”, mencionado en el decreto. Y como suele ocurrir cada vez que el Gobierno se queda callado ante un tema de vital importancia, los tuiteros perversos se han dado a la tarea de “informar” a la gente. Refieren que Diosdado Cabello compró la manzana completa, que no fue Diosdado, sino Tareck El Aissami, y que prueba de ello es que expropiaron todos los locales menos el Páramo Café, cuya propiedad atribuyen también a Cabello y El Aissami y donde venden unos sanduches exquisitos, pero muy, pero muy lejos del alcance económico de un venezolano promedio, que lo que pondrán en un negocio de Hard Rock Café, que ampliarán las caminerías, en fin…

Extraoficial: será un gran museo

La Alcaldía de Libertador fue quien lideró las expropiaciones, pero en la sede oficial nadie sabe sobre el destino de las obras que se construirán, por lo menos lo tienen como un secreto bien guardado.

La lógica dice que debe ser Fundapatrimonio, porque es el organismo que se encarga de la restauración de los monumentos e instituciones históricas, pero en dichas oficinas salieron con el mismo cuento de que no saben nada del asunto y que eso lo está manejando directamente la alcaldesa Erika Farías y otro dijo que era el propio Maduro.

Sin embargo, una fuente de la alcaldía confesó al Correo del Orinoco que existe la propuesta de montar allí el Museo de Caracas, ya que la ciudad no cuenta con un espacio dedicado a recoger su memoria histórica, su evolución, sus objetos y otros aspectos de interés. “Este proyecto cuenta con bastante peso, ya que permitiría mudar las maquetas del Museo Santana, ubicadas en un salón de la Alcaldía, al nuevo espacio y reunir en un solo lugar la Caracas afectiva, precisamente al frente de la casa que vio nacer al Libertador Simón Bolívar, el más grande de sus hijos.”, dijo la fuente.

¿Patrimonio?

El caso es que cada quien entiende el Patrimonio a su manera. Johana Cartagena, encargada de uno de los locales expropiados, considera que su tienda, Jardín de Las Risas, forma parte de la historia y el patrimonio de la ciudad por la gran cantidad de años que llevaba allí. Tiene algo de razón.

Pero José Boada, encargado del restaurante La Atarraya, dice que si de años se trata entonces su restaurante también forma parte del patrimonio histórico, pues su establecimiento tiene más de 70 años de historia.

Los trabajos continúan. La gente pasa presurosa a sus trabajos, pero es muy poco lo que puede ver porque colocaron unos andamios en toda la cuadra y los forraron con unas sábanas blancas.

Por ejemplo, piñatas con precios de 2 millones de bolívares, aproximadamente, se vendían este miércoles entre 1 millón y 1 millón 200 mil bolívares.

El sector San Jacinto que se ubica en el centro de Caracas y al lado de la casa natal del Libertador es considerado patrimonio, los caraqueños tenían la tradición de ir a este lugar para adquirir las piñatas para los niños.

Los 19 inquilinos de los locales afectados recibieron la notificación de la Alcaldía de Caracas del 20 de abril de este año, que reza:

“Todas aquellas personas que se crean con derecho de propiedad sobre siete inmuebles ubicados entre las avenidas Sur 1, esquina de San Jacinto a Trasposo, con Pasaje Linares de la avenida Universidad, en las adyacencias de la plaza El Venezolano, presuntamente propiedad de José Fuscaldo, sucesión Manuel José Fuentes Gilly, Inversiones Champiñac 18 C.A., Venezuela Investiment Holding S.A., Francisco Fuscaldo y Fralumar S.A, fueron declarados expropiados por causa de utilidad pública o social y ocupación temporal”.

La coyuntura ensombrece la rutina instalada por décadas en El Pasaje Linares, como se llamó originalmente al callejón donde se exhibían piñatas y artículos para cumpleaños. El lugar se inserta dentro del Conjunto Urbano de San Francisco, declarado Bien de Interés Cultural en la Gaceta 36.762 del 11 de agosto de 1999.

Para María Jiménez, ese negocio es su sustento. Está preocupada porque tiene dos hijos. Relató que buscará un local para continuar la venta de artículos de piñatería. Mientras atendía a unos clientes, unos funcionarios del Gobierno de Distrito Capital llegaron a cobrarle el aseo y su respuesta fue: “Entiende, estoy expropiada, cómo te voy pagar”. Pese a la acción, aseguró que seguirá intentando vender en este país de la hiperinflación. “No pienso irme, pese a esta agresión”.

Aun cuando algunos de los comerciantes entienden el carácter patrimonial de los bienes que ocupan, dicen desconocer el propósito del desalojo. Algunos especulan y sostienen que se trata de la ampliación de Páramo Café, una cadena de comida que opera en lo que fue el antiguo Hotel León de Oro y cuyos precios superan los tres sueldos mínimos por producto.

“Entiendo que es un lugar patrimonial, pero hasta ahora no hay acuerdo ni oferta para la indemnización de los dueños. Todos nosotros estábamos alquilados”, afirmó Elio Abinehme, otro de los afectados.

Los obreros de la Alcaldía no sueltan prenda de las obras a acometer. “Van a rehabilitar los espacios como parte del casco colonial”, atinó a decir un empleado del ayuntamiento.

Sonia Lantigua comentó que el pasado jueves sostuvieron una reunión con representantes de la Alcaldía, donde les “aseguraron” que iban a reubicar a todos los expropiados.

A ella le ofrecieron un lugar en la Torre 2 de Parque Central.

Al parecer nada se ha oficializado. Este miércoles Lantigua todavía estaba en lo que queda de su negocio, terminando de sacar mercancía, estantes y muebles. Consiguió un local bajando por la esquina La Marrón, al lado de la Wrangler. Le cobraron 4000 dólares por el alquiler de todo un año.

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Por Wilmer Poleo Zerpa / Supuesto Negado