LOS JEFES ESCUÁLIDOS DE LA ADMINISTRACIÓN PÚBLICA

El diputado Diosdado Cabello afirmó que de trece mil cargos directivos (o llamados 99) que existen en la Administración Pública Nacional (APN), hay más de cuatro mil que firmaron en la recolección para referendos revocatorios, bien sea contra Maduro o el que se dio durante el primer mandato del Comandante Hugo Chávez.Sin embargo, para quienes hemos trabajado en alguna institución del Estado, esta cifra se antoja corta. Hay algunas oficinas, de hecho, donde uno se siente rodeado. Y esa sensación se potencia porque la firma en sí sola no es un indicador: muchos de esos jefes opositores que nos han tocado, no firman y pasan agachaditos. Y si usted tiene o ha coincidido con un personaje de estos, seguro podrá identificar alguno de los perfiles que describimos aquí.

 

El que viene de la Cuarta

Este es el funcionario que tiene “toda la vida” trabajando en la APN. Generalmente es jubilable o está a punto de jubilarse, pero en cualquiera de los dos casos se niega a hacerlo y no abandona una trinchera muy valiosa y, al final, nadie se atreve a sacarlo por “el impacto” que puede tener para la institución.

Por supuesto que este tipo de directores o gerentes suelen encontrarse más fácilmente en las instituciones que existían antes de la Quinta República como CANTV, el TSJ, el CNE, la Asamblea Nacional y algunos ministerios como el de Economía y Finanzas o el de Interior y Justicia. Sin embargo, eso no es estricto porque en instituciones “nacidas en Revolución” también encontramos a estos longevos personajes que son contratados a razón de una “amplia experiencia y trayectoria” para el cargo en cuestión. Así pues, encontramos a estos contradictorios funcionarios en el Ministerio de Comunas, en el de Comunicaciones o en Tves, por poner algunos ejemplos.

De este tipo de jefes tenemos algunos recalcitrantes, imprudentes y extrovertidos que no guardan las apariencias y atacan abiertamente al proceso revolucionario y todo lo que represente. Hay otros, en cambio, que son más discretos y si bien no expresan ningún rechazo hacia el Gobierno, tampoco lo apoyan. Al final nadie los saca porque “no se puede” salir de su experiencia o porque solo esa persona conoce a fondo todos los procesos dentro de la oficina. Su consigna suele ser “yo soy un profesional y solo vengo a hacer mi trabajo”.

 

El converso

Estos personajes hace unos 10 años eran los individuos más revolucionarios, ñángaras y “come niños” que existían sobre la faz de la tierra. Tanto era su nivel de conciencia y trabajo político que uno los admiraba y los tenía como ejemplos a seguir.

Pero pasaron muchas cosas: murió Chávez, se acabó la bonanza, el precio del petróleo cayó abruptamente, el chavismo perdió las legislativas y se encuentra en medio de una guerra económica que nos ha puesto a todos a pasar trabajo parejo. En fin, les pegó la “decepción”, el “despecho político”, descubrieron que esto no es lo suyo, que “el socialismo no es la vía”…

Y como dice Earle Herrera en su artículo Socialismo en las chiquitas: “Entonces se vuelven ‘críticos’ y hasta algo que da más bomba: ‘disidentes’. ¡Uf! Ahora estos individuos son los opositores más ortodoxos y de forma más llamativa aún, reproducen de forma espeluznante todo el discurso de la derecha, desde el “si yo no trabajo no como”, pasando por “la culpa no la tiene la empresa privada” hasta el “yo no soy de izquierda ni de derecha, soy venezolano”. ¡Uff!

 

El escuálido estructural

Un carácter aterrador, sin duda. Este jefe al parecer está claro políticamente y no tiene flancos débiles. Está altamente comprometido, es militante a toda prueba, no tiene ni un solo tachón en su expediente y figura como un cuadro, bien sea político o administrativo. Un funcionario respetable a carta cabal.

Pero a la hora de la verdad, salen a relucir acciones, actitudes y respuestas que desconciertan: responden de forma déspota a su equipo de trabajo, humillan, son tecnócratas, desprecian totalmente el aspecto humano en el trabajo, tildan a la gente –horrorosamente- con motes de corte fascista.

Por fuera proyectan una imagen que nada tiene que ver con la traición, pero estructuralmente son escuálidos y más temprano que tarde los veremos saltar la talanquera.

El de la camisa roja

Nadie me está preguntando, pero creo que este es el peor de los tres. A ver, es un secreto a voces, todos en la oficina sabemos que es escuálido, esta persona vive publicando barbaridades en las redes sociales (amen de compartir contenido de Dólar Today o Maduradas), pero a la hora de una marcha, operativo, Mercal o Congreso de la Patria, es el primero en llegar con su franela roja, gorra con los ojitos de Chávez y banda tricolor en el brazo.

¿Por qué es el peor? Porque en su intento de convencer a todos de que es el non plus ultra del comunismo, inventa cuanta actividad se le pueda ocurrir para cumplir su cuota en el Revolucionómetro: talleres de formación socialista, marchas, jornadas de trabajo “voluntario” y un larguísimo etcétera. El común denominador de estas actividades: son voluntarias pero todos deben ir.

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Parece impresionante, pero sí, entre estos personajes suman más de cuatro mil dentro de la APN (aunque seguro son más). Lo que sí es real es que ellos ejercen una presión notoria sobre los trabajadores que sí están comprometidos con el proceso, sobre todo cuando los identifican. He visto, en más de una oportunidad, a un camarada renunciando porque prefieren ir a dar la batalla en otro espacio, dejando un espacio que, por supuesto, es ocupado por otro similar al jefe. En muchos casos, terminan decepcionados porque logran convencer a sus superiores de que son los más comprometidos con el proceso y, peor aún, son capaces de convencerlos de que uno es el infiltrado. Al final, hacen un daño terrible a la Revolución pues echan para atrás cualquier trabajo que se haya podido hacer desde ese espacio.

Y usted, ¿con cuál de estos personajes le ha tocado convivir?