“LOS MENDOZA PREFIEREN OTROS MÉTODOS”

Mientras Eugenio Mendoza y los Boulton declaran a la prensa y dirigen reuniones empresariales dando allí la última palabra, los Mendoza de “Polar” casi no inscriben sus nombres en la prensa. Son los soldados desconocidos del ejército empresarial venezolano. Fuera de círculos bastantes estrechos, no se capta su poderío. Nada de esto, en realidad, significa que se abstengan de participar en la política, a la cual no pueden ser ajenos los capitanes de los grupos mayores o menores de nuestra burguesía, pues aquella es una  de sus funciones primordiales. El silencio de los Mendoza quizás sugiera que prefieren otros métodos. Porque cuando se dirigen emporios evaluados en cientos de millones, desdeñar la política es el último lujo que pueda darse un magnate(…).

Antes de la Segunda Guerra Mundial, cuando nadie sospechaba la próxima llegada de los detergentes como vencedores del jabón tradicional, esa familia  dedicó sus excedentes industriales a la adquisición de terrenos. Era una conducta que no constituía ninguna originalidad, pues muchas gentes ricas colocaban también en los suelos de Caracas las acumulaciones de capital que conseguían. La propiedad raíz y el comercio venían siendo, desde la aparición del petróleo, el mágico binomio que presidia los destinos de la capital de la República.

Dentro de ese esquema, los Mendoza fueron traspasando a los lotes que pudieron adquirir una fracción siempre considerable de las utilidades que les proporcionada el jabón “Las Llaves”. Símbolo de esa marcha hacia el campo de la especulación con bienes raíces, a la que en todo momento se vinculó la construcción, fue el edificio levantado por la familia durante la Segunda Guerra Mundial sobre la esquina de Gradillas.

Seguramente, ya desde aquellos años, el capital que los Mendoza tenían en terrenos excedía al de sus invertebradas inversiones en la industria jabonera. Los años posteriores, al aparecer la irrecusable competencia de los detergentes, la familia acentuó su tendencia a invadir los ámbitos de los predios urbanos. Pero a diferencia de los Vollmer, que siempre tuvieron grandes parcelas casi en el centro de la ciudad, los Mendoza fueron haciéndose a espacios entonces alejados, donde los valores de adquisición eran bajos, pero a los cuales la expansión de Caracas no tardaría en llegar. En “Los Ruices”, remoto paraje para la Caracas de 1945, o en los aledaños del municipio Baruta, se alinearon aquellas oportunas pertenencias. Bien podían entrar los detergentes a saco en el imperio rústico del jabón, porque ese naufragio no arruinaría a los Mendoza, que previsivos, no se casaron con su conocida fábrica. Tan estratégica fue esa transferencia de capitales hacia los lotes urbanizados, que ya en la década del cincuenta los vencidos por la Procter&Gamble y sus detergentes erigieron el edificio “Polar” que durante cierto tiempo sería el más alto entre los que debían su existencia a la iniciativa privada.


Extractos de Domingo Alberto Rangel, La Oligarquía del Dinero (1972), Editorial Fuertes, Caracas. Cap V “Polar”: La cebada y el Maíz.