¿LOS MILLENNIALS VENEZOLANOS SON DE DERECHA?

A pesar de lo que pareciera indicar el “sentido común”, los jóvenes a partir de los 70 no se están haciendo más “liberales”, sino que por el contrario se vuelven más “conservadores”, lo cual se ejemplifica muy bien en la tendencia creciente de esta característica en la generación “millennials” (nacidos entre 1980 y el 2000) la “generación Z” (nacidos a partir del 2000).

Los jóvenes son cada vez más conservadores respecto a temas como la homosexualidad, las drogas, el aborto, etc., al menos según nos lo apunta la Encuesta Nacional de Juventudes de Venezuela (aunque un elemento “aterrizador” nos sugiere que al menos en el caso concreto de Venezuela, muchos jóvenes menores de edad o cerca de esa edad en presencia de sus padres sobre todo podrían haber respondido así por miedo al juicio familiar y social, característico de la “doble moral” que define casi desde su esencia a esta sociedad occidental).

Por su parte, Mark Walport, el principal asesor científico de Reino Unido, afirma que la tecnología ha tenido un efecto enorme en los valores del adolescente, ya que el constante uso de ordenadores e Internet ha hecho que la “Generación Z” tenga “menos tiempo y oportunidad de participar en conductas arriesgadas tradicionales”. Esto explicaría la llegada al poder de primeros mandatarios cada vez más jóvenes y con un perfil ideológico mayoritariamente tendente al conservadurismo, opuesto a la premisa de que la juventud representaría rebeldía per se. Entre los más “sonados” destacan:

Sebastian Kurz, en Austria (31 años, preside un gobierno de alianza entre partidos de derecha y extrema derecha), Emmanuel Macron, en Francia (39 años, experto en inversión bancaria, dirige un gobierno que apunta a ser neoliberal) y Leo Varadkar, en Irlanda (38 años, miembro del partido democristiano).

En Latinoamérica, aunque esta región posee la limitación de edad para acceder a la presidencia de sus países (la media es 35 pero puede llegar hasta 40, mientras que en otros países, principalmente europeos, toda persona mayor de edad se puede postular), posee también una juventud “aderechada” (o “derechizada”) en virtud de un fenómeno que, aunque no se distancia de la tendencia mundial, tiene su propia particularidad.

Según un informe publicado por el Centro Estratégico Latinoamericano de Geopolítica (CELAG), la juventud latinoamericana es más tendente a apoyar a la derecha, producto del marco aspiracional de la misma, que pretende superar la condición de sus padres (a nivel material e inmaterial”, apostando por el “progreso”, la “libertad” económica y “prosperidad”, que no encontrarían en los gobiernos de izquierda, centrados en lo social y con fuertes problemas (sea heredados del modelo de Estado, arremetidas externas o errores propios). Esto contrastado con que no vivieron las épocas duras de dictaduras o ajustes neoliberales en los países donde la izquierda ha accedido al poder, y con la postura anti-izquierdas (tildándolos de violentos por las disputas guerrilleras) en los países donde no ha accedido y ha gobernado históricamente el bloque conservador (oligarquía).

Mientras el chavismo, por ejemplo, habla de lo que ya se hizo, la derecha habla de futuro y logra conectar con la juventud. En el trabajo elaborado por Alejandro Fierro y Ava Gómez, se afirma que “las derechas subcontinentales se están apropiando del mensaje de cambio y futuro que demandan los jóvenes. En la guerra de las expectativas, las diferentes oposiciones cobran ventaja mientras que los gobiernos progresistas, partidos y movimientos que lo sustentan parecen haberse quedado anclados en el pasado”.

En cuanto a la razón del rechazo de un sector de la juventud hacia las opciones de izquierda o “progresistas”, afirman que “La explicación más obvia es la decepción ante unas opciones de izquierda que en la coyuntura económica actual no son capaces de mantener los niveles de consumo, de satisfacción aspiracional y de provisión de derechos y necesidades”.

Además, esta “nueva juventud latinoamericana” es más propensa a la “desideologización” y al soslayo de las pugnas políticas, y reaccionan positivamente ante los estímulos de las nuevas derechas que les hablan de la “unidad nacional” y de significantes amplios y difusos como “cambio”, “progreso”, “eficiencia” o “desarrollo”.

millenialsLos investigadores culminan diciendo que “esta oferta difusa, líquida, gelatinosa, está demostrando que es capaz de conectar con grandes masas de jóvenes. El manto de modernidad, de oferta para el presente y el futuro frente a unos movimientos a los que se dibuja como anacrónicos, como propios de un tiempo que ya pasó, les confiere un mayor atractivo a los ojos de un elector sin pasado que no ve el regreso del neoliberalismo, sino la irrupción de una nueva fuerza que conecta con su imaginario”.

En este sentido, cabe preguntarse si la izquierda latinoamericana será lo suficientemente astuta para revertir este fenómeno que se antoja reversible en virtud de que los elementos conectores con la juventud a nivel discursivo y de gestión son completamente disputables.

Para ello se requiere de un estudio exhaustivo del fenómeno y la implementación de transformaciones retóricas para adaptarse a esta nueva realidad que si no se atienden a estos cambios, podría “pasarle por encima” a la izquierda, y poner el bono demográfico en Venezuela y otros países en la región al servicio de la “restauración conservadora” en lugar de (como lo apunta el sentido común) convertirse en una fuerza impulsora de transformaciones sociales hacia la construcción de un proyecto alternativo al de la derecha, de vocación profundamente “contra social”.

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Por Manuel Ovalles G. / Supuesto Negado