LOS RESCATES DE CHÁVEZ

Hugo Chávez, a lo largo de su agitada y compleja vida política, encarnó cuatro situaciones de rescate que sirven para definir la enorme importancia que el líder revolucionario tuvo para sus compañeros de lucha, sus aliados internacionales, las Fuerzas Armadas y, especialmente, para el Soberano.

De esos rescates el más ampliamente reseñado es el que se impuso a través de la enorme y espontánea movilización popular que desde la mañana del sábado 13 de abril de 2002 se desbordó por las calles y reclamó el regreso de su presidente.

Pero veamos los otros escenarios, también determinantes históricamente y no tan conocidos.

“Nos quedan dos granadas más, vamos a darle”

Francisco Ameliach, Alejandro Maya y Ronald Rangel, siendo efectivos del Ejército, protagonizaron un plan tan descabellado como romántico el 27 de noviembre de 1992. Aprovecharon ese segundo levantamiento militar contra Carlos Andrés Pérez para intentar sacar a Chávez de la cárcel de Yare. Varios años después relataron los hechos.

Sería esta la primera operación que tendría como objeto rescatar al teniente coronel nacido en Sabaneta. Sus compañeros lo consideraban decisivo en una posible toma del poder y estuvieron dispuestos a todo con tal de lograrlo.

Con un mortero 60 milímetros, algunas pistolas, una escopeta y cuatro granadas estos hombres atacaron la prisión de Yare desde una distancia de 70 metros. La respuesta inmediata fueron ráfagas de una ametralladora punto 50 contra la casa de bahareque que los “resguardaba”. 400 efectivos defendían el recinto penitenciario.

Después de un tiempo incalculable de ráfagas, ya casi destruido por completo el rancho que los cubría, un momento de lucidez asaltó a Maya y le gritó a Ameliach: “Mi capitán, vámonos de aquí que nos van a matar”. Ameliach se permitió otros minutos de entusiasmo: “Nos quedan dos granadas más, vamos a darle”.

Ronald Rangel, finalmente, logró sacarlos de aquel aprieto en un chevette, en mitad del tiroteo.

Chávez nunca estuvo de acuerdo con ese plan.

“No renuncies, no te inmoles”

Durante la medianoche del 12 de abril de 2002, atrincherado en el Palacio de Miraflores, cuando el golpe de Estado estaba en su momento de mayor tensión, el presidente Chávez logró comunicarse vía telefónica con Fidel Castro.

Esa conversación fue decisiva y de alguna manera puede decirse que rescató al comandante bolivariano del abismo de las dudas y de las tinieblas de la vacilación. Ignacio Ramonet lo expone detalladamente en la obra Cien horas con Fidel.

Nunca se sabrá qué rumbo habrían tomado los acontecimientos si aquel diálogo no se hubiese dado. Lo cierto es que, de acuerdo a lo narrado por el propio líder cubano, Chávez le confesó emocionado: “Están dispuestos a morir todos aquí”.

Luego de enterarse a grandes rasgos de las condiciones en las cuales se encontraba Chávez, Fidel le recomienda: “Pon las condiciones de un trato honorable y digno, y preserva la vida de los hombres que tienes, que son los hombres más leales. No los sacrifiques, ni te sacrifiques tú”.

Y continuó: “No renuncies (…) pienso que debes preservarte. Además, tienes un deber con tus compañeros. ¡No te inmoles!”.

Chávez, después de mucho cavilar y de mucho oír argumentos, siguió el consejo de su homólogo y amigo. Los eventos inmediatos demostraron que fue una decisión absolutamente acertada.

“En ese instante preciso, cuando existía la alternativa real de un regreso victorioso y rápido, no cabía la consigna de morir combatiendo, como muy bien hizo Salvador Allende. Y ese regreso victorioso fue lo que ocurrió, aunque mucho antes de lo que yo podía imaginarme”, le comentó Fidel a Ramonet.

Las estrategias militares

Como se sabe, acceder a La Orchila no es fácil, sobre todo en una situación de incertidumbre que obligaba a un despliegue táctico en el cual no se contaba con todo el equipo necesario, ni naval ni aéreo.

En la Brigada de Paracaidistas de Maracay, exactamente en el despacho del general Baduel, se reunió un grupo de generales que conformaron la Operación Rescate de la Dignidad Nacional.

Cuando se supo que Chávez estaba en la isla, el vicealmirante Fernando Camejo se movilizó a Puerto Cabello y preparó todo para que una fragata misilística y cinco lanchas patrulleras se dispusieran a zarpar.

Aproximadamente a las 11:30 p. m. son informados de que tres helicópteros estaban listos para despegar. El general Alí Uzcátegui dirigió 3 grupos de seguridad, con comandos para cada helicóptero, hacia la isla.

Partieron a medianoche, arribaron en La Orchila, y uno de esos helicópteros trasladó al presidente Chávez de vuelta al Palacio de Miraflores.

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Por Julia Cardozo / Supuesto Negado