Luego de un receso la oposición cambia Caracas por la frontera

La oposición ahora apuesta todo al 23 de febrero. Ese día lograrán, si los planes funcionan, conjugar una de sus concurridas marchas con su gran baluarte: la injerencia extranjera.

Como no ha sido posible poner abiertamente a agentes de Estados Unidos y Colombia en la plaza Brión de Chacaíto, resolvieron llevar sus huestes hasta la frontera, en un estado gobernado por la oposición y con una militancia antichavista muy radicalizada, para que allí se produzca la simbiosis.

Esa podría ser la explicación de que se hayan arriesgado a un largo receso sin grandes marchas (la última fue el 12, Día de la Juventud), que puede haber enfriado los ánimos de algún segmento de su base social.

Las actividades en este lapso han sido poco ruidosas  (el 12 no convocaron ni siquiera a un clásico cacerolazo nocturno) porque se han concentrado en la formación del llamado voluntariado que irá a Táchira a presionar para que entre la “ayuda humanitaria”.

Los actos de juramentación de estos voluntarios son dignos de un análisis detenido por parte del Gobierno, pues son numerosos los opositores que se muestran dispuestos a una acción que, de antemano, se ve complicada y sacrificada.

Los voceros opositores más optimistas aseguran que se movilizará más de medio millón de personas hacia la frontera. De ocurrir, quedaría en evidencia el carácter meramente político y mediático del asunto, pues se supone que la ayuda acopiada en Cúcuta solo alcanza para 20 mil seres humanos, es decir, que los voluntarios serían 25 veces más que la cantidad se los eventuales favorecidos.

La apuesta de los participantes en el plan golpista en marcha es la de siempre, generar un evento que demuestre un repudio masivo al Gobierno de Nicolás Maduro para presentarlo intensiva y viralmente a través de los medios convencionales y de las redes sociales. Esto, por supuesto, en el más inocente de los casos, pues en los escenarios más perversos, se generará violencia para reforzar las matrices de represión y dictadura, y así legitimar una agresión militar directa de las fuerzas foráneas contra Venezuela.

Algunos de los actos con los voluntarios inclinan a los malos presagios. Por ejemplo, el de Caracas se realizó en la sede de El Nacional, un medio que siempre encuentra la manera de estar presente en los desenlaces violentos, como lo reflejó el titular de su edición extraordinaria del 11 de abril, cuando “vaticinó” que la batalla final sería en Miraflores.

Corresponsales desconcertados

El receso en las actividades de calle del “Gobierno paralelo” (en Caracas, porque sí ha habido algunas en otras ciudades) ha causado gran desconcierto al batallón de corresponsales  y enviados especiales extranjeros que han arribado a la capital del  país en estos días previos al supuesto día D. Muchos de ellos esperaban encontrar un campo de batalla en las principales avenidas de la ciudad.

Los periodistas no logran comprender la normalidad que reina en el país, que contradice las versiones apocalípticas difundidas fuera, según las cuales una parte de los venezolanos muere de hambre en plena calle, al tiempo que está a punto de estallar una guerra civil entre los partidarios del Gobierno de Maduro y los de Juan Guaidó.

Los comunicadores de esta última avanzada ni siquiera han podido ver las larguísimas colas para adquirir productos de primera necesidad, que eran apreciables a simple vista en tiempos anteriores, pues en estos momentos la mayoría de los establecimientos comerciales se encuentran aceptablemente surtidos.

Algunos de estos corresponsales ya han venido antes al país y, al comparar, terminan concluyendo que la situación de las calles dista años luz del ambiente que prevalecía en 2017. Los que son adictos a la adrenalina (y a las noticias trágicas) esperan poder saciar su sed el 23.

Por Clodovaldo Hernández / Supuesto Negado