LULA DA SILVA, EL PRESO MÁS POPULAR PARA LAS ELECCIONES EN BRASIL

lula

Parte de la campaña por la presidencia de Brasil se librará en el campo judicial, pues el candidato favorito de la mayoría se encuentra privado de libertad: Luiz Inácio Lula da Silva. La contienda por el cargo más importante del país gira en torno al ilustre preso. Es posible que el mundo asista al espectáculo inédito de un candidato que recibe autorizaciones para salir de la cárcel a encabezar grandes actos de masas, tras lo cual debe volver a su celda.

La política judicializada

La operación política que arrancó de la presidencia a Dilma Rousseff y que ha permitido a las fuerzas de la derecha restaurar el modelo neoliberal en el gigante suramericano ha continuado en marcha mediante la anulación de las posibilidades de Lula para ser postulado a la presidencia. Según las encuestas, sería el ganador contra cualquier contendor.

Lula fue sometido a un cuestionado juicio por la supuesta posesión de un apartamento en Guarajá, estado de Sao Paulo, que le habría obsequiado un conglomerado empresarial como retribución de favores recibidos. En el juicio nunca se demostró que Lula o algún relacionado sea el dueño del inmueble o que haya vivido allí. Ni siquiera que lo haya utilizado temporalmente. Sin embargo, resultó condenado a de 12 años y un mes de prisión por delitos de corrupción y lavado de dinero.

Como ha sido sentenciado en segunda instancia, la llamada Ley de Ficha Limpia le impide presentarse como candidato a las elecciones presidenciales que se realizarán en octubre.

En la política brasileña no hay antecedentes de una candidatura para tan alto cargo que se haya desarrollado desde la prisión.

Muchas cartas por jugar

Los candidatos deben inscribirse en agosto ante el Tribunal Superior Electoral (equivalente al Poder Electoral venezolano) ente al que le corresponde revisar si cumplen los requisitos. En el caso de Lula, el organismo electoral tendría que inhabilitarlo debido a su situación judicial. Sin embargo, dirimir esa controversia podría tomarle varias semanas al TSE, durante las cuales Lula seguiría siendo el candidato.

El Partido de los Trabajadores, organización de la que Lula es el líder histórico, ha declarado ya, a través de diferentes voceros, que el ex-presidente será el abanderado a pesar de encontrarse tras las rejas.

En campaña desde la cárcel

Parte del debate jurídico se refiere al derecho que tiene Lula a hacer campaña, al menos mientras el TSE no lo declare oficialmente inhabilitado. Surgen entonces preguntas acerca de cómo podría desarrollarse esa actividad. Algunos señalan que el juez con competencia en la situación penitenciaria del ex-presidente deberá autorizar a Lula a salir del penal para participar en actividades proselitistas o, al menos, a enviar mensajes desde su lugar de reclusión. Si el juez no lo autoriza, Lula podría recurrir a instancias judiciales superiores.

El plazo del TSE para decidir sobre la cuestión de fondo expira el 17 de septiembre. Incluso, si ese organismo falla en contra de Lula, la decisión puede ser apelada ante el Tribunal Supremo Federal.

Mientras se llevan a cabo todas estas jugadas legales, Lula puede seguir siendo candidato. Incluso, podría ocurrir que no se tomara ninguna decisión y que Lula llegara a la primera vuelta como abanderado del PT.

En caso de que esto ocurra, y Lula resulte entre los dos candidatos que concurran a la segunda vuelta, lo cual se da por descontado, podría suceder que antes de esta medición definitiva su opción sea anulada. Si se diera ese escenario, pasaría a disputar la segunda vuelta el candidato que haya ocupado la tercera casilla en la primera ronda.

Los expertos han ido aún más lejos en las conjeturas. Podría ocurrir que Lula llegue a la segunda vuelta y que la gane, pero que luego se produzca la decisión judicial de anular su candidatura. Si ese fuera el caso, lo que establece la ley es que asumiría al presidente del Congreso y se convocaría a nuevas elecciones en 90 días.

Todas estas hipótesis son estrictamente legalistas, pues no se considera el peso que en tales escenarios tendría el pueblo movilizado en defensa de la voluntad expresada en las urnas. Analistas políticos dudan de que tal reacción sea lo suficientemente contundente, tomando en cuenta la tibia respuesta que tuvo el proceso parlamentario y judicial que prácticamente derrocó a Rousseff.

Más opciones

Aunque no es el estilo de las instancias administrativas y  judiciales brasileñas, es posible que en este caso se aplique la celeridad, para evitar situaciones potencialmente conflictivas. Podría ocurrir que el Tribunal Supremo Federal ponga en libertad a Lula antes del 16 de agosto, en atención a un recurso presentado contra los fallos judiciales precedentes.

Igualmente puede suceder que antes de los comicios se produzca una sentencia que deje definitivamente a Lula fuera del juego. En ese caso, el PT tendría que designar un nuevo abanderado presidencial. Los nombres que se barajan son los de Fernando Haddad, ex-alcalde de Sao Paulo y Jaques Wagner, ex-gobernador de Bahía.

__________________________

Por Clodovaldo Hernández / Supuesto Negado