LUZ A DISTANCIA: ASÍ RESPONDE LA CASA DE ESTUDIO

Las universidades en Venezuela están enfrentándose no sólo a la crisis económica que las golpea directamente sino además a nuevos obstáculos: desinterés estudiantil –los jóvenes consideran que ser profesional no vale la pena–, falta de transporte –se hace cuesta arriba que lleguen a las sedes– y lo más reciente falta de acceso a dinero en efectivo para el traslado diario. Y, como que también, a falta de ganas de sus autoridades.

Frente a este panorama, algunos centros de educación superior venezolanos empiezan a aplicar conocidos métodos de trabajos a distancia apoyados en las nuevas tecnologías que permiten a la comunidad universitaria asistir a la sede lo menos posible.

Las Universidades del Zulia (LUZ) y de Los Andes (ULA), llevan la batuta.

No obstante, las medidas no dejan de despertar suspicacias en algunos sectores. Veamos.

Declaratoria de emergencia en LUZ: ¿Una medida política o pedagógica?

El Consejo Universitario de La Universidad del Zulia (LUZ) acordó que estudiantes, profesores, empleados administrativos y obreros tendrán “una carga horaria que no excederá tres días a la semana”, indicó Yudith Aular, rectora encargada.

Explicó que la universidad permanecerá abierta toda la semana pero se implementará una metodología de estudio 50% presencial y 50% a través de aulas virtuales y otras estrategias a de educación a distancia.

Cada escuela organizará los horarios en función de sus necesidades. Algunas comenzarán este nuevo horario inmediatamente y otras el próximo semestre. El personal disponible garantizará la prestación del servicio en horario completo toda la semana aunque los empleados acudan de forma rotativa solo tres días.

Todos los espacios del campus universitario permanecerán abiertos: comedores, bibliotecas, canchas.

Para esta “declaratoria de emergencia” el Consejo Universitario esgrimió “la problemática actual que vive el país, el bajo presupuesto que maneja la casa de estudios, la deserción estudiantil, la migración de profesores y la escasez de transporte público para trasladarse”.

Mariangel Mora, estudiante de arquitectura en la Facultad de Arquitectura y Diseño de LUZ, cursa materias paralelamente 7º y 8º semestre. El cambio no le ha afectado mucho porque tiene el doble de materias y cursa toda la semana. Sin embargo, desconfía de que pueda ver todos los contenidos.

Explicó a Supuesto Negado que efectivamente cuesta llegar y salir. “Uno debe levantarse más temprano y a veces llega tarde a clases. A quienes estamos en los últimos semestres nos preocupa que se alargue nuestra graduación”.

Jenny Farias, docente de Comunicación Gráfica en la escuela de Comunicación en LUZ, denunció que desde el año 2014 se ha cercado el horario. Considera que es una medida errónea porque desvía la solución que debe ser crear políticas que incentiven a los estudiantes a volver a la universidad (activación total de comedores y disponibilidad de rutas, entre otras).

Asegura que la deserción escolar es muy fuerte. “Tengo dos cursos de primer semestre. Estaba pautado que se inscribieran 60 y se inscribieron 30. En otros semestres más adelantados hay solo 7 u 8 estudiantes”, dijo.

Considera que es una medida –más política que pedagógica– de algunas autoridades que quieren destruir el claustro desde adentro. “En otras universidades de la región nunca hemos parado las clases”, aseguró.

En la ULA, primero las guarimbas y ahora el transporte

Francisco Tiapa, profesor del Departamento de Antropología y Sociología de la Escuela de Historia de la Universidad de Los Andes, en Mérida, aseguró que junto a otro grupo de profesores desarrollan sus clases a distancia y mantienen una relación con sus alumnos similar a la que anteriormente existía entre tesista y tutor.

Tiapa explicó que el fenómeno se incrementó sobre todo entre mayo y julio de 2017 cuando la ciudad se convirtió en uno de los focos de violencia política callejera más peligrosos del país.

Aunque no hay estadísticas precisas del índice de deserción en dicha facultad debe ser de 70%, dijo. “De un promedio de 400 estudiantes por curso ahora hay 25 estudiantes”, dijo.

“En un curso de 25 estudiantes solo iban 3 o 4 a clase. En la siguiente iban otros 3 o 4, y luego otros distintos. No eran las mismas caras así que cada clase era autónoma, no había continuidad en la asistencia y no se podía avanzar”, relató.

¿Una nueva universidad?

Aunque existen algunas desventajas en esta forma de educación (al eliminarse la interacción social es posible que el alumno se aísle y desmotive o la posibilidad de que alguien distinto al estudiante haga sus actividades) en tiempos de guerra cualquier aprendizaje es valioso, sobre todo tomando en cuenta que la universidad solo brinda una parte de los instrumentos necesarios para una “exitosa” carrera profesional.

Paralelamente al “como vaya viniendo vamos viendo”, es un buen momento para observar si este nuevo instrumento de educación flexible y auto dirigida (“e-learning”, que llaman) puede impulsar “otra universidad” donde el profesor trascienda la visión de la educación tradicional y busque formar profesionales con mayor sensibilidad social –aprovechando el momento histórico–, alejados de la estructura de poder elitesca y excluyente que siempre ha sido.

¿Usted qué cree?

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Por Edgard Ramírez Ramírez / Supuesto Negado