MADURO SE VE CÓMODO HACIENDO LO MÍNIMO DE CARA A LAS ELECCIONES

¿Necesita Nicolás Maduro una campaña electoral muy bien estructurada y de asesores de alto nivel para ganar las elecciones o le basta con cumplir con el abecé de realizar actos masivos y tratar de no cometer errores garrafales en los días que faltan para las elecciones?

Todo parece indicar que se trata de la segunda opción. La campaña diseñada tiene los clásicos elementos de este tipo de trabajos de propaganda y publicidad, entre ellos logotipos, jingles, cuñas de radio y TV, varios lemas, afiches, etcétera. Pero, la campaña en sí no se perfila como un factor crucial en el resultado.

Otros componentes predominan. Uno de ellos es la maquinaria electoral del Partido Socialista Unido de Venezuela, que se puso en evidencia con el simulacro de comicios realizado quince días antes de las elecciones. Otro es el eficiente trabajo de big data realizado principalmente a través del carnet de la patria. Un tercero es la percepción que densos sectores de la población tienen acerca de los roles que han desempeñado Nicolás Maduro y los factores que se le oponen en la grave crisis económica que sufre el país.

Dentro y fuera de los partidos revolucionarios se valora a Maduro como un presidente que ha hecho cuanto ha estado a su alcance para atenuar los daños al pueblo causados por la guerra económica. Al mismo tiempo, estos sectores culpan a la oposición por el agravamiento de los problemas económicos.

En ese sentido, la estrategia publicitaria es un factor de refuerzo significativo, pues procura refrescarle al elector los beneficios concretos que ha recibido o recibe de parte del gobierno y –presidencialismo mediante– gracias a Maduro: CLAP, bonos, hogares de la patria, vivienda, electrodomésticos, etcétera. Maduro se erige como el gran protector, no porque lo diga la campaña, sino porque lo evidencian hechos concretos, percibidos directamente por la gente.

Asimismo, son gruesos los sectores que atribuyen las calamidades sufridas por el colectivo nacional en los últimos años a la coalición de fuerzas nacionales y globales de la derecha. Conseguir la demostración de esto no es una tarea demasiado complicada, pues los voceros de la oposición se han mostrado muy diligentes en la solicitud de sanciones, supuestamente dirigidas contra funcionarios específicos, pero que han afectado evidentemente al pueblo en su conjunto.

Estas gestiones se han sumado a otros factores que habían dejado maltrecho el prestigio opositor, como la infausta ola de violencia de 2017, que incluyó varios de los actos más depravados que se hayan visto en Venezuela en mucho tiempo, como la quema de personas, el aprovechamiento de jóvenes y adolescentes en acciones sumamente violentas, empleo de excrementos en manifestaciones y otra serie de barbaridades.

El cuadro patético de los opositores (divididos entre violentos y solicitantes de la intervención extranjera) favorece ampliamente las posibilidades de Maduro, pese a todas las críticas que sufre su gestión y a los inclementes ataques que él, en términos personales, ha recibido durante cinco años.

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Por Clodovaldo Hernández / Supuesto Negado