¡DE MÉRIDA A CARACAS LOS PRECIOS SUBEN EN CADA KILÓMETRO!

Los campesinos de Mérida producen cerca de 60% de las hortalizas que se consumen en Venezuela pero son los vendedores finales quienes, por mucho menos trabajo, se quedan con parte importante de las ganancias. La falta de agroquímicos, el flete del transporte y la “matraca” en las alcabalas son las principales razones por las que el consumidor final cada semana debe pagar más por el mismo producto.

Los campesinos locales se encargan de la siembra y la cosecha. A cada finca y conuco llegan los camiones que se reúnen luego en el Mercado de Mayoristas de Mérida, ubicado en Las Gonzáles, Municipio Sucre, para vender a los distribuidores que llevan los alimentos hacia los principales mercados del país.

Las grandes cadenas de supermercados los compran en Timotes, otra población merideña, y sus ganancias también son muy elevadas en comparación con lo que reciben los agricultores locales. A diferencia de los otros distribuidores, la flota de vehículos de estos establecimientos son refrigeradas.

Desde Ciudad Bolívar hasta Nueva Esparta llega el fruto del trabajo de los 22 mil productores agrícolas del estado andino.

1, 2, 3 revendedores

Eleazar Rojas, compra la cosecha de “cambur cobrero“ en la Quebrada del Oro Bajo, municipio Sucre de Mérida, en 700 Bs. el kilo y lo vende a los distribuidores en 1000 Bs.

En Caracas, luego de dos o tres revendedores, el cambur remonta los 3300 Bs. En Falcón hasta Bs. 5.000.

Los productores de tomate de Canaguá, municipio Sucre, venden la cesta de 20 kilos en 280 mil bolívares (14 mil Bs. el kilo). Los distribuidores la venden en 320 mil y en el centro del país se ofrece… ¡hasta en 23 mil Bs. el kilo!

El bulto de 60 kilos de apio que se cosecha en la parroquia La Trampa, se vende en la finca a 60 mil bolívares (mil Bs. cada kilo). Los distribuidores lo ofrecen en 100 mil y más allá de Mérida el precio trepa hasta los 4.500 Bs. por kilo.

El saco de papa mucuchicera (de 48 kilos) se vende en el campo a 120 mil –es decir, 2 mil 500 Bs. por kilo–. El primer distribuidor lo revende en 140 mil y en el centro del país el tubérculo ronda los 14 mil Bs. el kilo.

El kilo de yuca es comprado a los campesinos a 1100 Bs. y se vende –en sacos de 60 kilos– a Bs. 90 mil. (1.550 Bs. el kilo). El ñame se compra en 3 mil y se vende en 4 mil. Sin embargo, los compradores consiguen la yuca en 4000 Bs. y el ñame en 5 mil.

Fruta madura

Los precios de las frutas tienen básicamente el mismo comportamiento.

La cesta de mandarinas de 30 kilos se compra a los campesinos en 30 mil Bs y se vende en 38 ó 40. El kilo que el campesino vendió en mil bolívares, por obra y gracia de los revendedores, termina costando unos 2200.

La piña se compra a 1500 Bs. el kilo, el revendedor la ofrece en 2 mil y el consumidor final la paga hasta en 4 mil.

El limón se paga en el campo a 60 mil la cesta de 30 kilos (2 mil Bs. cada kilo). Se termina vendiendo hasta en 3 mil.

La caraota negra que se cosecha en los pueblos del Sur de Mérida se pagó esta semana a 11 mil Bs (la semana pasada costaba 9 mil). El primer revendedor vende el kilo mil bolívares más caro. En cualquier bodega o abasto del país cuesta Bs. 15 mil.

“La paca” de 24 panelas de papelón se paga a puerta de trapiche, en San Juan de Lagunillas, a 300 mil bolívares. El primer revendedor le suma 40 mil. El consumidor final termina pagando en cualquier parte de Venezuela hasta 20 mil –la de tamaño tradicional– por cada unidad (que costó inicialmente solo Bs. 12 mil 500).

“La culpa” es del flete

“En Mérida se producen 80 rubros de hortalizas. Se estima entre 60 y 70 mil, las hectáreas cultivadas actualmente”, explicó Katerina Boscán, directora estadal de la unidad territorial agrícola del MAT.

Recordó que el estado es el primer productor de papa y zanahoria del país.

Explicó además que el incremento de los precios responde a varios factores, principalmente el costo del flete de transporte. El alza permanente de los repuestos para vehículos de carga y su mantenimiento encarece el precio de los productos.

También la falta de insumos (agroquímicos y semillas). “La mayoría usa productos colombianos que entran de contrabando y se pagan a dólar negro”, denunció.

Boscán aseguró que Agropatria no posee inventario. “Una lata de semillas de zanahoria que se conseguía en 20 ó 30 mil bolívares los productores deben pagarla, traída de Colombia, en 4 millones de bolívares. Necesitas 5 para sembrar una hectárea”, apuntó.

Otro detalle que incide en el precio final es “el matraqueo” en las alcabalas. “La autoridades se aprovechan de quienes no poseen la guía de Sunagro que autoriza la movilización del producto”.

Kilómetro a kilómetro, hasta llegar al consumidor final, se incrementa el precio de los productos que laboriosamente cosechan los campesinos andinos descendientes de la cultura indígena Tatuy.

Mientras ellos trabajan sin descanso, otros, que solo siembran dudas, y manejan la cadena de comercialización, se quedan con el mayor porcentaje de ganancia.

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Por Edgar Ramírez Ramírez / Supuesto Negado