Michel Temer, un corrupto alcahueteado hasta que dejó de ser útil

La realidad de Brasil queda claramente retratada en la detención de su expresidente interino, Michel Temer, acusado de ser un delincuente con un prontuario de varias décadas.

Los hechos por los que se acusa a Temer son tan graves que cualquier delito que hubiesen podido cometer sus antecesores, Luiz Inacio Lula Da Silva y Dilma Rousseff, quedaría como una nimiedad, como una infracción de tránsito frente a una cadena de homicidios. Y, sin embargo, Temer fue el instrumento para sacar del poder abruptamente a Rousseff y para impedir la victoria electoral de Lula. ¡Qué clase de jugada!, diría un narrador deportivo.

Ahora, una vez cumplidos esos dos objetivos estratégicos de la derecha, se emprende la persecución judicial de Temer, y se revela ante la opinión pública que el hombre es un gánster en toda la línea desde que se inició en la política en 1980 y escaló hasta lo más alto apoyándose en la complicidad o en la alcahuetería de los otros.

“Identificamos una organización criminal que viene actuando desde hace 40 años y que opera hasta hoy, liderada por Michel Temer, que desvía recursos púbicos de entidades en las que el expresidente ha tenido influencia por los cargos que ha ejercido”, explicó la fiscal Fabiana Schneider.

El expediente muestra que Temer estableció un método de enriquecimiento ilícito desde que comenzó a ocupar cargos públicos, junto a sus dos compinches de toda la vida, Wellington Moreira Franco y Joan Baptista Lima Filho.

Ante la pregunta de por qué no se procedió contra Temer mientras ocupaba la vicepresidencia (2011-2016) y la presidencia interina (2016-2019), las autoridades alegan que estaba protegido por los fueros propios del cargo. Esta excusa no se aplicó a Rousseff, quien fue destituida bajo acusaciones incomparablemente menos graves.

De acuerdo con las versiones oficiales, la detención preventiva de Temer y sus secuaces es una especie de relanzamiento del proceso llamado Lava Jato (Operación Autolavado), mediante el cual se ha procesado judicialmente también a Lula y a Rousseff. Se trata, en teoría, de un proceso profundo de limpieza de la administración pública para sancionar a exfuncionarios y empresarios involucrados en casos de corrupción. En la práctica ha servido para que la derecha brasileña retome el poder político luego de la era Lula-Rousseff.

Los analistas perspicaces aseguran que este relanzamiento es una especie medida de emergencia de la derecha gobernante para desviar la atención de la pésima arrancada del ultraderechista Jair Bolsonaro en la presidencia brasileña. Según varias encuestas, la aceptación del mandatario cayó en picada unos 17 puntos en apenas dos meses y medio de gestión.

Sitiado por sus propios escándalos (que tocan directamente a la familia de Bolsonaro), el gobierno recién iniciado luce con cortas expectativas, lo que podría potenciar al fantasma al que más le teme la derecha brasileña: Lula, preso por un caso de corrupción sobre cuya justicia existen gigantescas dudas.

Otros observadores vaticinan que Temer saldrá librado dentro de poco de este lío, luego de que “encienda el ventilador” y ensucie a muchos de sus aliados en los negocios oscuros, e inculpe a exfuncionarios del gobierno de Rousseff.

Temer el antiguo aliado

Pero los cuestionamientos que surgen tras esta acción judicial no aporrean únicamente a la derecha que utilizó a Temer para sacar del juego a Lula y a Rousseff, sino también los fustiga a ellos dos y al resto de la dirección del poderoso Partido de los Trabajadores.

La pregunta que lacera a la izquierda es: ¿si Temer es un caso perdido desde que estaba en la escuela primaria, cómo fue que llegó a ser el compañero de fórmula de Rousseff?

Conocedores de la política interna brasileña afirman que en la escogencia primó el pragmatismo político. Se consideró que el partido de Temer haría un aporte considerable para mantener al PT en el poder en un momento en el que Brasil debía consolidarse como una referencia del modelo político instaurado por Lula, que había rescatado de la pobreza extrema a millones de personas y había elevado el nivel de vida de toda la población.

Lula no podía optar a la reelección en el proceso de 2010, por lo que debió delegar en Rousseff. El apoyo del zorro viejo Temer y su Movimiento Democrático Brasileño podía significar la diferencia entre la prosecución del proyecto o su interrupción. Para suscribir el acuerdo fue necesario pasar por encima no solo de las discrepancias políticas entre los dos partidos (el MDB es de centroderecha), sino también pasar por alto los antecedentes de Temer desde que había sido procurador y secretario de seguridad ciudadana del estado de Sao Paulo, en los años 80.

La alcahuetería hizo más o menos el mismo trabajo que la complicidad, y Temer llegó hasta lo más alto de la pirámide del poder público brasileño hasta que ahora, parece haber caído (al menos temporalmente) en desgracia. Es un personaje que retrata, en cierta forma, a toda la sociedad brasileña.

Por Clodovaldo Hernández/ Supuesto Negado