“TRABAJAR Y PAGAR, ASÍ ES LA VIDA ALLÁ”

Caridad Santos, venezolana que fue a vivir a Estados Unidos, regresó a los dos años. Entérate por qué decidió volver.


Caridad Santos Fernández era bailarina de danza tradicional y contemporánea, y modelo de pasarela cuando se fue a Estados Unidos, en el año 2014. Ahora ha vuelto a Venezuela decidida a quedarse. “¡Marica, estás loca!”, le sentencian sus amigas, las de allá y las de acá.

De hermoso rostro y corazón, no sorprende cuando relata que encontró empleo rápidamente. Lo que sí despierta cierta atención es el abatimiento que delata su voz pausada, sus ojos empozados cuando habla de su experiencia. Caridad asocia su estadía en aquella gran ciudad con una sensación de soledad que no estuvo dispuesta a admitir ni a digerir, y recuerda que por allá “la vida se te va en trabajar y pagar cosas”.

 

¿Cuáles fueron las razones por las que te fuiste?

–Me fui porque mi hermana tiene muchos años viviendo allá y me propuso que fuera a estudiar inglés para hacer otra cosa, ver otro ambiente. Y bueno, lo consulté con mi familia, decidí intentarlo por unos meses y ver qué pasaba. Me fui en septiembre de 2014, pasaron los seis meses de ‘prueba’ y luego me quedé. Así pasaron dos años; hoy [8 de septiembre] estoy cumpliendo exactamente tres meses desde que regresé a mi país.

 

¿Y cómo fue tu vida durante esos dos años?

–Ahmm… Al principio, pues chévere, mi hermana me consiguió un trabajo muy bueno, vendía maquillaje en un centro comercial. Mi mamá es estilista y me enseñó, hice cursos, total que sabía del tema.

 

Háblame de tu cotidianidad, ¿cómo era un día normal allá?

–Trabajar y pagar, así es la vida allá. Estoy consciente de que para obtener las cosas hay que trabajar bastante, pero allá es al extremo. Si no trabajas, no tienes vida, se te viene el mundo encima, se te vienen las deudas de la casa, el carro, todo. Hay personas a las que les va mejor que a otras, personas que logran un buen trabajo y les va súper bien, pero eso sube y baja, un día estás muy bien, otro día estás mal y así. Pero pega mucho que no está la familia, que estás sola [pausa de silencio, ojos enlagunados]. Extrañaba mucho a mi mamá, y hasta el Ávila, la arepa.

Hay muchísimos venezolanos viviendo allá, y es muy gracioso en lo que se la pasan, buscando un lugar donde venden las cachapas más parecidas, o la arepa, o el queso, o las hamburguesas de Plaza Venezuela, lo que más se parezca a tu país.

“Mucha gente se quiere ir pensando que de verdad va a ser mejor y no sabes con lo que te vas a encontrar.”

Ahora que estás aquí y te encontraste con una situación más difícil de la que había cuando te fuiste, incluso para comer arepa [risas], ¿te arrepientes de haber regresado?

–Pues, mira, no pierdo la fe. Yo digo que esto va a cambiar. Mucha gente se quiere ir pensando que de verdad va a ser mejor y no sabes con lo que te vas a encontrar. A pesar de cómo está la situación aquí, la gente vive tranquila, y no hablo del tema de la seguridad, hablo de la paz que te generan ciertas cosas que te hacen feliz.

“No existen los derechos laborales, y menos si eres extranjero, trabajas 12 horas al día, de lunes a lunes con un día libre a la semana.”

¿Qué es eso de vivir feliz para ti, que no conseguiste allá?

–Bueno, vivir feliz para mí es mi familia. Allá estás muy sola [otra pausa]… yo llegué a la conclusión de que no vale la pena un carro que no es tuyo, una casa que no es tuya, a cambio del tiempo que pasas con tu familia, con tus amigos, poder ejercer lo que estudiaste. Me vi rodeada de tanta gente artificial y banal… no cambio una cosa por la otra.

No existen los derechos laborales, y menos si eres extranjero, trabajas 12 horas al día, de lunes a lunes con un día libre a la semana. La vida se te va en trabajar y pagar cosas.

 

¿Individualismo desbordado?

–Sí, demasiado, tal vez es porque cuesta tanto ganarse las cosas.

 

¿Qué se dice de Venezuela por allá?

–Que está muy mal, que la inseguridad, que no hay futuro… La verdad, allá tienes algunas ventajas, con mucho o poco te puedes comprar un carro, te puedes mudar. Es más sencillo independizarse. Miles de personas viven solas. Pero como sea, me pegó, porque te acostumbras al estilo de vida allá.

 

¿A qué te refieres con el “estilo de vida de allá”?

–Me refiero a que allá te cambia todo. Haberme ido del país me estaba cambiando el corazón, el alma, me dio miedo ser tan dura frente a las cosas tipo: “Ay amiga, ayúdame, préstame 10 dólares”, y que teniéndolos digas que no, no te los puedo prestar. Te vuelves así, vives para pagar tus gastos y los demás que resuelvan.

“A pesar de cómo está la situación aquí, la gente vive tranquila, y no hablo del tema de la seguridad, hablo de la paz…”

¿Llegaste a sentir que te estabas volviendo así?

–Sí, y yo no soy así [pausa, voz quebrada], el venezolano no está acostumbrado a eso, para el venezolano es normal apoyarse mutuamente. Entonces, es muy fuerte [otra pausa de silencio]. Yo no quise acostumbrarme a eso.

 

¿Y cuáles son tus planes, Caridad? ¿Qué piensas hacer?

–Mira, ahorita estoy volviendo a ser yo. Estoy buscando trabajo pero para ejercer lo que estudié: Publicidad y Mercadeo. He pensado volver a la danza también, pero por ahora, estoy recuperando el tiempo que pasé sola: comer con mi mamá, disfrutar tiempo con los míos. Eso, para mí, no tiene precio.


Yesenia Chapeta/Supuesto Negado