SE BUSCA MINISTERIO DE LA SUPREMA FELICIDAD

suprema felicidad

¿Alguna vez han dicho la frase “cuando era feliz y no lo sabía”? Es posible que ese sea el mantra del venezolano hoy en día. Si nos transportamos unos 10 años atrás, los venezolanos vivíamos en la Suprema Felicidad y no lo sabíamos. Podemos afirmar osadamente que algunos sí lo sabían y aprovecharon que jode ese momento para invertir y adquirir cuanto se les vino en gana. Y, aunque dicen que el dinero no compra la felicidad, el nivel de vida que logramos alcanzar en esos días fue extraordinario, desde el punto de vista económico, social, cultural y, aunque una parte quiera negarlo, incluso en la política.

Pero claro, ¿quién no va a estar feliz con un barril de petróleo a 120 dólares? Entre los años 2005 y 2009, los ingresos petroleros del país alcanzaron los 479.779 millones de dólares, teniendo su pico entre los años 2006 y 2007 cuando el barril petrolero alcanzó los 120$ gracias a la andanada guerrerista de Estados Unidos en el Medio Oriente.

Era la época de Cadivi con un cupo de 5 mil dólares para viajes al extranjero y 3 mil para compras por Internet. Pululaban las empresas de encomiendas que traían cuanta compra se le ocurrió a la gente hacer vía Internet. Hasta el más pelabola de mis amigos viajó por medio planeta, llevando una vida de ricos y famosos que nada tenía que envidiarle a algunas de las Hilton o la nobleza británica. De Cancún a Roma; de Buenos Aires a Dublín; de Berlín a Beijing. Incluso, más de un pintado metió el paro de que “se había ido demasiado del país”, y al final era un estudiante becado por Cadivi en Dublín o en Canadá.

Eran tiempos también en los que otros decidieron adquirir vivienda propia, con un mercado inmobiliario pujante. Conozco a quienes llegaron a adquirir vivienda principal y hasta una casita de playa, “para invertir, tú sabes”. Y el otro negocio boyante era el de los carros. Aquí uno encontraba cuanto concesionario se le ocurriera: Volkswagen, Toyota, Audi, Mercedes, Chevrolet, Hummer, Honda, Hyundai y pare de contar. El parque automotor nunca estuvo tan actualizado como en esos años. El colmo del consumismo llegó al cambio de carros cada dos o tres años, para algunos afortunados.

Pero para que no digan que solo estoy hablando de la clase media aspirante, hay un indicador de esos años que da mucho para pensar: la alimentación. En esos años el venezolano en general, incluso de los estratos más populares, consolidó el sueño de las 3 comidas diarias y hasta más. Aunque no alegremente, Venezuela ascendió en el ranking de los países más gorditos del mundo y llegó a tener un índice de 30% de sobrepeso en la población.

Pero siempre llega el domingo

Como todo lo bueno, las fiestas siempre tienen un final. Y si la borrachera del derroche y los ingresos estratosféricos ocurrieron un viernes, pues las horas pasan y siempre llega el domingo con su ratón.

Si nuestro viernes de quincena fueron esos 5 años, entonces nuestro domingo de ratón son estos últimos 3 años donde las cosas han cambiado radicalmente: la situación económica nos viene golpeando con fuerza; la situación de los alimentos se ha agravado notoriamente, sobre todo para quienes no reciben Clap y la incertidumbre de no contar con información clara sobre el futuro financiero del país han disminuido la calidad de vida del venezolano.

Llámelo guerra económica, llámelo ineficiencia, llámelo como quiera, pero ¿quién es feliz mientras está enratonado?

Justo cuando empezábamos a sentir de forma incipiente la crisis, en octubre de 2013 el gobierno creó el Viceministerio de la Suprema Felicidad Social. Algunos lo tomaron a chiste y otros lo tomaron con temor, en una especie de remembranza del ministerio del amor de la novela 1984 de George Orwell.

En el interín, 4 años después, Venezuela ha bajado más de 50 puestos en el ranking de los países más felices del mundo. Y aunque la posición del país en ese listado no es el objetivo fundamental de ese viceministerio, ciertamente la felicidad del venezolano está en 3 y 2.

Ahora, como la historia siempre tiene ciclos, en algún momento nos tocará pasar este ratón de domingo y volver a la jornada laboral del lunes siguiente. Así está haciendo el venezolano: resolviendo, buscando alternativas, cambiando rutinas y hábitos, trabajando más, recortando gastos. Y así eventualmente llegará otro viernes de quincena.

El barril petrolero en los últimos meses viene en franco ascenso, ¿vendrá de nuevo el tiempo de las vacas gordas? ¿Volverá el cadivismo? ¿Recuperaremos los kilos perdidos? Mientras tanto, el venezolano sigue en búsqueda del Ministerio de la Suprema Felicidad.

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Por Simón Herrera / Supuesto Negado