Ya no quedan “avances”: así ha mutado el negocio del transporte público

Tradicionalmente se ha visto al propietario de un autobús que opera en alguna línea de transporte como un regordete cuyo único atributo es poseer la gallina de los huevos de oro, pues solían ser los dueños -conocidos como “el socio”- quienes subcontrataban a los “avances” para que condujeran el vehículo y les generaran ingresos sin ellos trabajar. Con la crisis todo ha cambiado.

Actualmente existen varias modalidades de negociación entre el socio y el avance, pero en todas ellas el enflaquecido poseedor trabaja al menos 40 horas semanales y pasa otras varias buscando repuestos o insumos para el mantenimiento.

Por tarifa o por porcentaje

Fernando Carpio es socio de la Cooperativa Gran Libertador en la Ciudad Jardín de Venezuela. Carpio es el dueño de una de las 65 unidades que conforman la asociación, y la suya se suma a las 59 que están paradas por falta de repuestos, según informó.

Esta línea solo tiene 6 autobuses operativos, lo que, según Carpio, les vale insultos a diario por parte de los transeúntes.

Aún así no le tembló el pulso para escribir su cartelito donde se lee “Pasaje 2000 bs.” y trabajar para uno de sus compañeros bajo la figura de “avance”. Diariamente hace unos 500 mil bolívares, de los cuales le da 150 mil al dueño del vehículo, pues su acuerdo es dividir el ingreso en tres partes: una para él, una para el dueño y otra para el mantenimiento de la unidad. Lo único que invierte Carpio es en combustible. A esta modalidad se le conoce como “trabajar por tarifa” y es similar a un alquiler que debe pagar el avance para trabajar.

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Cuenta el conductor que en su casa tenía una “chiva” lisa [caucho] amarrada a un árbol desde hace años y recientemente la aportó para que la camioneta siguiera rodando, aún estando consciente del peligro que eso representa tanto para él, como para los pasajeros, “pero es que una chiva no baja de los 3 millones de bolívares y regularmente uno tiene que estar cambiando las 6”.

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El otro drama es el del aceite. “El tapa amarilla (aceite a granel) se consigue en 800 mil el litro, y esta bicha se hala 8 litros”, dice Carpio, refiriéndose al cambio de aceite que debería hacérsele una vez al mes y que además implica un cambio de filtros que no baja de los 4 millones.

No muy lejos de ahí, en la ciudad de La Victoria, Efraín Perozo relata más o menos lo mismo. Él empezó siendo colector y ahora es avance de la cooperativa Ruta Bicentenaria, que de 60 unidades, ahora solo tiene 20 operativas. Por esos lados el pasaje también cuesta 2.000 bolívares y diariamente se perciben entre 1 millón y 1 millón 200 mil. Perozo se queda con el 30%, le da 10% al colector y el resto se lo lleva el socio que también trabaja en otro turno. Cuenta que su negociación con el dueño es por porcentaje y no por tarifa fija, así que su renta depende de cómo le vaya en el día.

Prefieren conducir su “unidad” ellos mismos

En Caracas, uno de los socios de la ruta que va desde Palo Verde hasta Plaza Venezuela relata que “aquí casi no hay avances”, pues de 102 camionetas, están trabajando 25. Todos los dueños de las unidades participan en las jornadas al menos seis turnos a la semana. Con un ingreso cercano al millón de bolívares diario y manejando una unidad a la que hay que ponerle aceite todos los días, el socio José Martínez termina gastando más de la mitad en mantenimiento y prefiere trabajar la unidad él solo.

Aunque muchos han señalado que la crisis en el sector transporte responde a un plan para inducir un estallido social como el otrora Caracazo (cuyo detonante fue el alza del pasaje), es innegable que el alto costo de absolutamente todo afecta al gremio del volante, lo cual no justifica los malos tratos hacia los pasajeros pero responde a una decadente realidad de la que no escapa ningún servicio público.

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Mientras tanto, la piratería, un fenómeno que se veía más en las regiones que en la capital y que se ha incrementado a raíz de la falta de unidades regulares, se replica en Caracas al igual que en el interior del país: algún “vivo” consigue una pick up y abarrota pasajeros de pie cobrando mínimo 3 mil bolívares el pasaje, sobre todo en las noches y hacia las zonas más inaccesibles.

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Por Karla Perozo / Supuesto Negado