Entre oro y ataques de Trump nació alianza Turquía-Venezuela

Turquía

Nadie se lo esperaba, nunca un mandatario turco había visitado Venezuela, cuando Recep Tayyik Erdogan llegó de sorpresa a Caracas luego de la Cumbre del G-20.

En un momento en que se habla cada vez más sobre el aislamiento que Venezuela podría sufrir luego del 10 de enero, Erdogan lanzó un salvavidas tanto económico como diplomático al gobierno de Venezuela demostrando que la situación no será tan sencilla para los enemigos del gobierno venezolano como esperan muchos analistas.

Visita sorpresa

Es sabido lo importante que son para Venezuela las relaciones con las potencias euroasiáticas pero rara vez se ven signos de que este país sea igual de importante para ellos.

Y la llegada del presidente Erdogan a Caracas la noche de este domingo fue un acto de reciprocidad que confirma lo compleja que es la situación venezolana.

En julio de este año, Nicolás Maduro acudió a la toma de posesión del turco, quien en mayo confirmó que desde su país se estaban enviando poco más de 300 contenedores con alimentos y medicinas para Venezuela, parte de un esfuerzo de cooperación “para ayudar al pueblo venezolano”.

“Se está sometiendo a Venezuela y Turquía está al lado de Venezuela en esto”, dijo Erdogan en un foro de negocios: “No se puede castigar a un pueblo entero para resolver desacuerdos políticos” declaró.

Pero incluso en este periodo en que las declaraciones de apoyo al gobierno venezolano son raras, las de Erdogan marcaban claramente un importante giro geoestratégico.

“Cubrir la mayoría de las necesidades de Venezuela”

Erdogan ha sido claro en que coopera con Venezuela en mecanismos para evadir las sanciones impuestas por Estados Unidos el año pasado.

Aunque existe el interés mutuo de Turquía y Venezuela en explotar el oro del sur del Caroní conjuntamente, las relaciones se profundizaron de golpe cuando Maduro abrió las puertas a las empresas turcas para para que vinieran a “explotar directamente” los recursos minerales venezolanos como oro, coltán y diamantes.

Esto ocurrió a media tarde del lunes cuando los mandatarios encabezaron un foro de negocios con unos 200 empresarios de ambos países, en el que se manifestó “interés” de inversiones por unos 4.500 millones de euros (5.100 millones de dólares).

En completa reciprocidad Erdogan aseguró que: “Nosotros vamos a cubrir la mayoría de las necesidades de Venezuela. Tenemos la capacidad, tenemos esa fuerza”.

Pero aludió a un problema espinoso cuando dijo que el intercambio bilateral fluya, se debe “mejorar el ambiente de negocios para los empresarios”.

Erdogan señaló que su intención con la visita a Caracas tenía como objeto el inicio de una colaboración “sostenible” y “diversificada”.

Acuerdos y trueques

En ese sentido, este lunes se firmaron ocho acuerdos en materia económica, que abarcan desde cooperación en materia petrolera, hasta el desarrollo de la industria minera.

Desde octubre del año pasado un primer gran acuerdo que comprometía a enviar petróleo “con el objeto de atender las necesidades de la región mediterránea de Turquía” y apoyar el abastecimiento de combustible para Turkish Airlines.

El documento señalaba el compromiso de Turquía a establecer “un mecanismo de intercambio para el suministro en términos favorables de infraestructura, medicinas, alimentos y otras necesidades”.

Tras ese acuerdo en que se profundizaron los contactos se llegó a la siguiente fase que es la extracción y entrega de oro venezolano a Turquía como garantía de pagos.

Este año Turquía ha recibido en oro venezolano el equivalente a 779 millones de dólares, según cifras oficiales.

La explotación “directa” del oro seria la novedad de estos acuerdos. Venezuela creó este año una empresa mixta con Turquía para la explotación del metal y para el carbón en Zulia.

Un matrimonio hecho en el cielo, al parecer. Pero ¿Quién ha sido el casamentero?

¿Putin, el estratega de la KGB? ¿Xi Jinping el líder que hizo pasar a China de potencia a superpotencia?

No precisamente

Lo que Trump ha unido…

En el chavismo algunos esperaban de Trump un cambio de actitud hacia Venezuela tal vez debido a que, en la campaña, este pretendió alejarse lo más que pudo de la retórica intervencionista y guerrerista de Hillary Clinton que aterrorizó a muchos electores.

Pero Trump, anticomunista de corazón y un outsider en el Partido Republicano, necesitaba alianzas para garantizar su gobernabilidad y pactos con “halcones” que no estaban dispuestos a gastar el dinero de las armas en puentes y carreteras.

Una de las más importantes fue la hecha con Marco Rubio quien logró llevar a la Casa Blanca a Lilian Tintori.

Fue así como se pasó de las sanciones, ante todo publicitarias, de Obama a otras muy bien pensadas y dirigidas.

Desde Washington se prohibió a la banca e inversionistas estadounidenses transar bonos venezolanos, servir de mediador o establecer cualquier relación comercial con el gobierno venezolano.

Sin embargo, no es un bloqueo como el de Cuba pues las sanciones permiten todavía la compra de petróleo a Venezuela, esto debido a la intervención de un lobby del sur de Texas cuyos miembros se especializan en procesar petróleo venezolano y ecuatoriano.

Fue exactamente en ese mismo periodo que Fetullah Gülen –clérigo musulmán, que vive en Pensilvania–, fue acusado por Turquía de ser el cerebro detrás del alzamiento militar contra Erdogan en 2016 y el país exigió que fuera deportado.

Ante la negativa de Washington, en una medida bastante poco diplomática, Turquía arrestó al pastor Andrew Brunson, quien vivía en Turquía desde hacía mucho tiempo, al parecer para presionar al gobierno de los EEUU.

La hostilidad de Ankara se explica no solo porque veía en la negativa de entregar a Gülen tolerancia o cooperación con el golpe sino porque, en la frontera con Siria, la alianza táctica de EE. UU. con los Kurdos de las Unidades de Protección Popular (YPG, por sus siglas en kurdo) contra Assad hizo pensar a Erdogan que sus antiguos aliados ahora estaban asociándose con la insurgencia kurda que es el enemigo número 1 del estado Turco.

Y Trump, que es todavía más brusco que Erdogan, respondió castigando a Turquía con aranceles que hicieron desplomar la Lira turca. Y Trump, lo celebró.

Fue el fin de 70 años de alianza estratégica entre Turquía y los EEUU, parte del fin de la OTAN y, tal vez, de la amistad entre Estados Unidos y Europa.

Geometría del poder

Todo esto hizo que, en apenas dos años, dos países que tenían relaciones muy superficiales terminaran viéndose como socios y aliados ante un enemigo común y con vastas posibilidades de hacer negocios.

Allí donde hay semejanza habrá simpatía, pero cuando unos tienen en abundancia lo que a otros les falta, el interés y tal vez el amor están asegurados.

El acercamiento a Erdogan dio frutos muy pronto con un intercambio de más de 800 millones de dólares, solo en el primer semestre de 2018, que equivale al intercambio de los años 2013 a 2017 entre Venezuela y Turquía.

Esto incluye “cajas CLAP” que contienen alimentos de marcas turcas.

El acercamiento a Turquía es un signo de los cambios en la “geometría del poder” de la que tanto hablaba Hugo Chávez.

Durante su periodo ya se había dado el acercamiento con China, que siguieron otros países del continente, y con Rusia, relación gracias a la cual Venezuela aumentó sus capacidades militares y obtuvo respaldo estratégico ante eventuales conflictos con los EEUU.

Pero eso no cambió el hecho de que el principal comprador de petróleo venezolano sea el sur de los EE. UU.: es demasiado sencillo embarcar los tanqueros a través del Caribe y entregar allí el petróleo sin complicaciones.

Pero en los últimos años el divorcio de Venezuela con su bloque geopolítico “natural” se ha profundizado tanto, que incluso sin todos los conflictos políticos en algunos años EE. UU. será autosuficiente en términos petroleros gracias al petróleo de esquistos.

Y con los acuerdos descritos por Maduro y Erdogan se profundiza también otra tendencia surgida en el periodo de Chávez: el uso de commodities como el petróleo y el oro como monedas y la apertura internacional del territorio del sur del estado Bolívar.

Como sea, mientras algunos dudaban de qué tan fuertes eran los lazos de Venezuela con China y Rusia, este “romance” con Turquía vincula más a Venezuela con un naciente bloque euroasiático que incluye a potencias como Irán y superpotencias como China y los EE.UU.

Aunque fuera tan brusca su ruptura con los Estados Unidos era inevitable que Turquía gravitara hacia sus vecinos de Asia, enorme continente que bien podría ser un planeta en sí y que además de enormes mercados, grandes reservas de fuerza de trabajo y de materias primas posee ahora enormes capitales y capacidades militares.

Y ahora Venezuela posee tres conexiones directas con ese bloque (China, Rusia y Turquía).

Pero eso no cambia el hecho de que, incluso en nuestros tiempos, Eurasia está muy lejos y Venezuela, llega a los acuerdos en una posición desventajosa –asimétrica para ser honestos– recurriendo al trueque y poniendo en juego sus recursos naturales.

Gobernar y gestionar

Los acuerdos de Venezuela con los países de Eurasia tienen al menos dos aspectos. En primer lugar las cosas ahora no lucen tan mal para Maduro en vista a las presiones renovadas que sufrirá desde el próximo 10 de enero.

Pese a las sanciones, que sin duda se intensificarán, ahora el gobierno Venezolano sabe que puede seguir pagando bienes básicos con ese oro que tiene bajo el colchón.

Y tal vez Maduro saque alguna otra seguridad de su reunión con Putin.

Más, por otro lado, estos intercambios presentan dificultades y consecuencias difíciles.

En las dificultades está la necesidad de Venezuela de hacer cambios que le permitan cooperar con empresarios de otros países.

La manera de gestionar los temas económicos de Venezuela, con su énfasis en regulaciones, controles y supervisión directa por el gobierno, no tiene nada que ver con las de sus socios asiáticos.

Nadie “ocupa mataderos” allá, nadie fija precios, un vicepresidente no se pone a comentar sobre los precios de los huevos y el pan.

El “choque cultural” entre el ministro Castro Soteldo y los asesores chinos y las advertencias de Erdogan sobre la necesidad de “mejorar el ambiente de negocios” hablan de unas diferencias en los modos de gestión y gobierno que tendrían que cambiar dramáticamente para que los acuerdos tengan futuro.

Y la zona sur del país, donde se establecerían las empresas turcas, es hasta ahora una tierra sin ley, como el Lejano Oeste, feudalizada por pranes mineros, saturada de mineros artesanales y expuesta a incursiones de grupos armados extranjeros.

Es imposible pensar en la entrada de grandes operaciones de empresas internacionales si no se puede poner algún tipo de orden en esa parte del país.

¿Restitución de importaciones?

Este es el inconveniente táctico. Luego viene el estratégico: ya fue bastante malo para la economía cuando el flujo de petrodólares hizo más sencillo importar que producir, esto creó una gran contracción de la plataforma industrial y fue una de las causas de la enorme fuga de capitales de los últimos años.

Pero ahora se ha pasado a una fase en que se considera que las riquezas del subsuelo son equivalentes al dinero, lo que es de esperarse cuando un gobierno con graves problemas fiscales posee enormes reservas de oro y diamantes.

Eso está convirtiendo a Venezuela en un país que sobrevive a través de trueques y comprometiendo a futuro sus recursos.

Si en la fase anterior no había mucho interés en políticas coherentes no solo para la producción industrial sino para una investigación y educación que permitan generar innovaciones y valor agregado tal como lo hacen China, Rusia y Turquía.

¿Por qué gastar recursos en capacitar y educar la fuerza de trabajo en ciencias, técnicas y artes si su “vocación productiva” es la minería y si los que van a hacerla son tus socios extranjeros?

Regreso a El Dorado

Luego está la cuestión ecológica en sí misma y luego ligada a la de las infraestructuras.

Todos los planes de Venezuela a futuro se basan en minar intensamente la Amazonia y la Orinoquia, con todas las consecuencias que eso tiene para la biodiversidad en una región amenazada por todos sus costados por la minería, la ganadería y el aceite de palma.

Es un juego suma cero entre la riqueza ecológica y la riqueza monetaria en que están inmersos tanto Maduro y Evo como Bolsonaro y Duque.

Pero más allá de eso, la represa del Gurí no puede funcionar sin el caudal del Caroní, y no hay caudal sin lluvias y no hay lluvias sin árboles.

Así que entre deforestación y sedimentos se está corriendo el riesgo de un colapso eléctrico a gran escala.

En ese sentido la gran alianza turco-venezolana se muestra llena de grandes oportunidades y de riesgos terribles.

Y harán falta cambios profundos y radicales en la manera de gobernar para que el provecho de las primeras exceda a los peligros de los segundos.

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Por Fabio Zuluaga / Supuesto Negado