Los negocios de cocadas se multiplicaron por toda Caracas

Hasta no hace tanto eran una costumbre de paseo dominical a sitios tipo El Hatillo o Sabas Nieves, pero desde hace unos meses las cocadas han tomado por asalto a Caracas y ahora hay un negocito que las vende casi que en cada esquina.

Se trata de la nueva fiebre del emprendimiento local. Con todo y la inestabilidad económica, los quioscos de cocadas y otros postres derivados del coco ahora pululan por la capital con bastante éxito.

En el menú figura la popular merengada en distintas presentaciones, así como agua de coco, conservas, tortas, alfajores, galletas, entre otros dulces que usan a la fruta tropical como ingrediente protagonista.

Los precios van desde aproximadamente Bs. 3.000 el vaso mediano de cocada tradicional (o virgen, como la llaman algunos), y de ahí van subiendo. Le ponen decoraciones de pirulín, flips, frutas, dandys, lluvia de colores, leche condensada, sirope de chocolate, fresa o parchita, brownies o galletas hechas migas y en algunos sitios hasta una dona tamaño miniatura a modo de salvavidas alrededor del pitillo, entre otros.

Entre San Bernardino y Bellas Artes, una zona que hemos tomado como muestra, en lo que va de año han abierto cinco locales de venta de cocadas, unos más bonitos que otros y unos con más oferta de productos que otros. Básicamente ofrecen lo mismo, pero el mayor punto en común es que siempre están recibiendo clientes.

El más reciente del sector es uno que pertenece a la franquicia Coco Factory, que según dice su cuenta en Instagram, es una cadena con 16 tiendas a nivel nacional.

El lugar, que más que una venta de cocadas aspira a ser un cafetín de decente categoría, ofrece incluso Wi-Fi gratis para su clientela, y un espacio donde disfrutarlo, con mesas y sillas de estética hawaiana.

2 mil cocos a la semana

Ricardo Suárez, socio de Cocadas Express, uno de los negocios del mencionado sector, dijo que no sabe si la creciente popularidad de estas merengadas responde solo a una fiebre o si tiene algo que ver con que la gente busca beneficiarse de las múltiples propiedades del coco.

En todo caso confiesa que abrió su emprendimiento luego de darse cuenta de que el asunto era todo un boom en Caracas, así que podía convertirse en una inversión lucrativa.

Y su intuición no le falló. En los tres meses que tiene ya al frente del local no le han faltado los clientes, de hecho, me cuenta que para satisfacer la demanda debe comprar al menos 2 mil cocos a la semana. Y a veces le cuesta conseguirlos porque como es tanta la gente que está trabajando con el producto, los camiones que vienen de la costa ya no se dan abasto.

El negocio, que está ubicado en la planta baja del edificio Normandie, en la Av. La Estrella de San Bernardino, es familiar y solo tiene dos empleados contratados, de resto, lo atiende la misma familia, de lunes a lunes, de 10:30 de la mañana a 8:00 de la noche.

Suárez abre su tienda contra viento y marea, en parte porque la demanda así lo requiere. El día que lo visitamos, miércoles 27 de marzo a eso de las 6:00 pm, acababa de llegar la luz en San Bernardino como parte de la tercera jornada del segundo apagón. Con todo y esa contingencia estaban vendiendo cocadas como pan caliente y la decena de asientos que tiene al frente de su negocio, sobre una alfombra de grama artificial, estaban todos full.

“Yo lo que pienso es que las oportunidades se presentan. La situación económica está difícil pero sí se venden. A lo mejor en otras condiciones se vendieran mucho más, pero para como está la situación el negocio tiene buena aceptación y se va moviendo”, respondió interrogado sobre la osadía de emprender en plena crisis hiperinflacionaria.

Aún no ha recuperado la inversión inicial, pero está seguro de que si la cosa sigue como va, en poco tiempo llegará a esa primera meta.

Los gusticos del proletariado

Llama la atención cómo la gente busca las cocadas y las disfruta, en un momento en el cual la crisis golpea y cuando el vaso más barato de esta bebida cuesta el 16 % de un sueldo mínimo.

“Antes me comía al menos una pizza a la semana pero ya eso es imposible para mí, es demasiado caro. Pero una cocada de vez en cuando es un lujo que sí puedo darme”, señaló Alba Contreras, una diseñadora gráfica, vecina de San Bernardino, que estaba comprándose una con topping de chocolate en la inauguración del local Coco Factory antes mencionado.

Algo parecido dijo Yuliana Rojas, una estudiante de nutrición y dietética también residente de la zona, que se acercó al mismo sarao llamada por la música a todo volumen y la provocación de la bebida.

“Bueno, tampoco es que son baratas y que uno se va a comprar una cocada todos días, pero como un gustico de vez en cuando está bien. Está como dentro de las cosas que todavía uno puede disfrutarse en la calle y es algo distinto”, opinó.

En general la gente que estaba allí opinaba más o menos lo mismo, que dentro de lo caro que está todo, es el mal menor, “y además es sabrosa y te llena”, dijo Yuliana entre risas.

Por Rosa Raydán / Supuesto Negado